Padre Héctor HerreraComentario sobre el evangelio que se proclama el vigésimo sexto domingo del Tiempo ordinario, Ciclo C, correspondiente al domingo 29 de septiembre de 2019.  La lectura es tomada del Evangelio según San Lucas 16,19-31.

Escucha al pobre.

"Cuando servimos a los pobres y a los enfermos, servimos a Jesús. No debemos cansarnos de ayudar a nuestro prójimo porque en ellos servimos a Jesús" (Sta. Rosa de Lima).

Lc 16,19-31: La sociedad de Jesús y de Lucas era muy desigual, como la nuestra. La parábola está dirigida a los fariseos muy amigos del dinero que se burlaban de él (Lc 16,14)

El rico sin nombre, centraba su dios, riqueza y banqueteaba cada día. A su puerta, como lo están hoy, estaba un pobre: Lázaro, cuyo nombre significa “Dios ayuda”. Hay un contrastante: El rico derrocha su riqueza en el lujo y la opulencia, como hoy se malgasta el dinero, a costa del bien común, un pobre cubierto de llagas, que quería saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico.

“También hoy debemos nombrar las numerosas formas de nuevas esclavitudes a las que están sometidos millones de hombres, mujeres, jóvenes y niños.

Todos los días nos encontramos con familias que se ven obligadas a abandonar su tierra para buscar formas de subsistencia en otros lugares; huérfanos que han perdido a sus padres o que han sido separados violentamente de ellos a causa de una brutal explotación; jóvenes en busca de una realización profesional a los que se les impide el acceso al trabajo a causa de políticas económicas miopes; víctimas de tantas formas de violencia, desde la prostitución hasta las drogas, y humilladas en lo más profundo de su ser. ¿Cómo olvidar, además, a los millones de inmigrantes víctimas de tantos intereses ocultos, tan a menudo instrumentalizados con fines políticos, a los que se les niega la solidaridad y la igualdad? ¿Y qué decir de las numerosas personas marginadas y sin hogar que deambulan por las calles de nuestras ciudades?

Con frecuencia vemos a los pobres en los vertederos recogiendo el producto del descarte y de lo superfluo, para encontrar algo que comer o con qué vestirse. Convertidos ellos mismos en parte de un vertedero humano son tratados como desperdicios, sin que exista ningún sentimiento de culpa por parte de aquellos que son cómplices en este escándalo. Considerados generalmente como parásitos de la sociedad, a los pobres no se les perdona ni siquiera su pobreza (JMP 17.11.2019)

Al morir su vida se invierte. El rico murió y bajó al hades, significa que su vida ha sido un fracaso. En cambio, Lázaro goza de la presencia de Abraham, que expresa la justicia de Dios. El rico no es condenado por su riqueza, sino por su indiferencia, su falta de solidaridad y miopía hacia el pobre. Un abismo de egoísmo y de insolidaridad lo separa, como hoy nuestra sociedad: la abundancia de la riqueza excluyente frente a la pobreza creciente, la insensibilidad social y política frente a los pobres Lázaro de hoy.

La Iglesia, pueblo de Dios tenemos que promover la dignidad de los pobres, luchando contra todo tipo de muros y abismos entre pobres y ricos, producto de la injusticia. “El amor que da vida a la fe en Jesús no permite que sus discípulos se encierren en un individualismo asfixiante, soterrado en segmentos de intimidad espiritual, sin ninguna influencia en la vida social (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 183). (Fr. Héctor Herrera, o.p.

 

social_buttons

Enviar un comentario nuevo

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.
CAPTCHA de imagen
Introduzca los caracteres mostrados en la imagen.