Padre Giorgio PeroniComentario sobre el evangelio que se proclama en la fiesta de la Epifanía del Señor. Mt. 2, 1-12Epifanía del Señor. La lectura es tomada del evangelio 2, 1-12.

Unos magos de Oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron.

Caminar, buscar, son las actitudes propias de quien no encuentra en si mismo la razón de ser, sino que se deja conducir. Jerusalén es el punto de llegada, allí donde se piensa encontrar respuesta a las inquietudes propias.

¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?

Es la pregunta que todo hombre hace a la Iglesia y a todo cristiano. El mundo necesita ver al "rey de los judíos", y lo busca. Evangelizar no es un asunto de palabras o de lectura, es el testimonio de vida en el cual se "hace ver" el "rey de los judíos". La dimensión de cuerpo es parte de la revelación: "lo que hemos oído, lo que hemos visto, esto os anunciamos".

Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo.

En la historia, en la cultura, en la vida, hay signos de la presencia y de la acción de Dios, signos que hacen entre-ver la presencia, pero que necesitan ser confirmados por el testimonio, por la palabra y la obra de quienes han sido llamados a ser discípulos del Maestro. Es testimonio de escucha de la Palabra, de celebración de la presencia y de caridad en la convivencia.

Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él.

El proyecto de Dios desestabiliza las seguridades personales y las estructuras creadas por los hombres. Dios vino para cambiar lo que no era humano y, menos divino, vino para revelar a un Dios Padre y a anunciar que esa relación con Dios Padre se hacía historia en la construcción de la fraternidad. Herodes y Jerusalén ya no entendían dicha propuesta.

Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó.

El problema no está en el libro de la Palabra, está en el corazón.

Ellos le contestaron: "En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta".

La Palabra siempre es clara, indica el camino, orienta la vida. Es la ciudad pequeña que marca la opción de Dios de empezar desde lo pequeño.

Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos.

Dios no abandona. Cuando sus discípulos no saben ser testigos, siempre habrá una estrella que guía a los que buscan hasta llegar a "donde estaba el niño".

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