padre Giorgio PeroniComentario sobre el Evangelio que se proclama en la Solemnidad de la Epifanía del Señor, ciclo B, correspondiente al domingo 7 de enero de 2018.  La lectura es tomada del Evangelio según San Mateo 2, 1-12.

Jesús nació en Judá, en tiempos del rey Herodes.

Herodes también es parte de la historia de salvación, nadie, por pecador o indiferente que sea, puede sentirse excluido de la propuesta divina. Jesús es parte de la historia concreta, hecha de relaciones internacionales (el imperio del César) y de realidades locales como la de Herodes.

Unos magos de Oriente llegaron entonces a Jerusalén.

Si el término "mago" hace referencia a quien busca más allá de lo que ven los ojos, se vuelve interesante la propuesta de no conformarse con lo material ("no solo de pan vive el hombre") y de buscar siempre las razones de la vida más allá de lo que ven los ojos. Una mirada al cielo o, como dice Benedicto XVI, abrir la puerta del corazón al cielo y buscar a Dios como razón de la vida humana. Es un caminar permanente hasta llegar a Jerusalén y, desde allí, encontrar que no hay en la historia el último ideal que siempre está más allá: la tierra de promisión enlaza con el cielo.

"¿Donde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo".

El Dios hecho hombre es la "luz del mundo". Adorarle es dejarse iluminar.

Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él.

Como es extraña la historia: tantos siglos de espera y, cuando llega el esperado, crea sobresaltos. Allí donde se mete Dios, hay revoluciones profundas, desde el corazón.

Convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas.

Dios revela también a través de las personas que no son tan interesadas al asunto, la historia es camino de revelación, porque la historia es casa de Dios.

"Vayan a averiguar cuidadosamente que hay de ese niño..."

El caminar es parte de la espiritualidad del cristiano: andar es mirar hacia delante, es no conformarse con lo que hay, es buscar siempre algo mejor, es liberarse de las ataduras, es...

Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron.

Es la actitud propia del cristiano: ver, re-conocer, acoger, contemplar, adorar.

Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

El encuentro es siempre un intercambio y el regalo es siempre "signo" de quien se da, a más del reconocimiento de quien es al que se da.

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