padre Héctor HerreraComentario sobre el evangelio que se proclama en el décimo noveno domingo del Tiempo Ordinario, ciclo C, correspondiente al domingo 11 de agosto de 2019.  La lectura es tomada del evangelio según San Lucas  12,32-48

Donde está tu tesoro está tu corazón

Lc 12,32-48: "No temas pequeño rebaño, que el Padre de ustedes ha decidido darles el reino. "Vendan sus bienes y den limosna. Consigan bolsas que no se rompan, un tesoro inagotable en el cielo, donde las no llegan ni los roe la polilla. Porque donde está el tesoro de ustedes, allí también está su corazón(vv.32-34)".

Jesús nos propone un nuevo estilo de vida. La codicia es la raíz de todos los males. "Normalmente el rico se siente seguro con sus riquezas, y cree que cuando están en riesgo, todo el sentido de su vida en la tierra se desmorona. Jesús mismo nos lo dijo en la parábola del rico insensato, de ese hombre seguro que, como necio, no pensaba que podría morir ese mismo día (cf. Lc 12,16-21). (G.E. 68). Las riquezas no te aseguran nada. Cuando descubres tu tesoro en Dios, nuestra vida cambia. "Busquen más bien su reino y tendrán también todo aquello (Lc. 12,22.30-31).

En nuestra historia discípulas y discípulos: Santo Domingo de Guzmán, Francisco de Asís, Mons. Pierre Claverie, Rosa de Lima, Martín de Porres, descubrieron el tesoro que es Dios, como hoy equipos de misioneros, voluntarios laicos, equipos de matrimonios, comunidades de apoyo a migrantes descubren la riqueza de Dios y su tesoro en los excluidos. Creyeron y confiaron en Dios.

Seguimos a Jesús, cuando nos desprendernos de los bienes materiales y miramos la realidad de los quienes sufren. Cuando nuestra predicación recoge el sentir de los sencillos y estamos dispuestos a vivir el evangelio desde el corazón del mundo.
En un mundo de codicia, donde los ídolos modernos son el acaparamiento de bienes, el extractivismo, la destrucción de la Amazonía, el consumismo y la insensibilidad a los pobres. El evangelio nos invita a no temer, desprenderse de todo lo material que nos ata. Descubrir el tesoro que es Dios. Vigilancia, estar despiertos para ser invitados a compartir la mesa (cf. 37).

Este desprendimiento y vigilancia, es construir una Iglesia con rostro amazónico. Escuchar el grito de los pueblos aborígenes: "en el corazón de Dios, siempre nos hemos sentido como los más pequeños que requieren y merecen su amor preferencial de Madre-Padre y, en consecuencia, también nos hacemos responsables de ser sus "embajadores dignos de toda confianza" a fin de restaurar en la tierra su plan de vida y salvación. (Pueblos amazónicos)

Prevención y preparación como Iglesia para el Sínodo Pan Amazónico: El IL afirma que, "La Iglesia tiene nuevamente hoy la oportunidad de ser oyente en esta zona donde tanto está en juego. La escucha implica reconocer la irrupción de la Amazonía como un nuevo sujeto. Este nuevo sujeto, que no ha sido considerado suficientemente en el contexto nacional o mundial ni en la vida de la Iglesia, ahora es un interlocutor privilegiado".
Todos como pueblo de Dios asumir la defensa y el derecho de los más excluidos: La idolatría del dinero y su seducción siguen causando ceguera y muerte. Todos los ídolos exigen sacrificios, y en la Amazonía es claro que las víctimas han sido los pueblos indígenas, con su diversidad cultural y espiritual, y los variados biomas que se topan con este infame ídolo.
Estén preparados, con las luces encendidas, para hacer la voluntad de Dios, dando amor y alegría a los más débiles y desprotegidos. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

 

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