Padre Giorgio PeroniComentario dialogado sobre el evangelio que se proclama en la solemnidad del Domingo de Ramos, ciclo C, correspondiente al domingo 14 abril 2019. La lectura es tomada del evangelio según San Lucas . 22,14-23,56

Llegada la hora de cenar.

Es momento decisivo porque, por fin, "llegó la hora", el tiempo esperado, la meta de la encarnación y de todo el tiempo de espera. Lucas une José con Adán, o sea es toda la historia que llega a "su hora". Es como la jornada que, al atardecer, se hace comida en la cena. Esta es una cena importante, es decisiva ya que sintetiza la historia.

"Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer".

Hay una conciencia clara de lo que está por ocurrir; la pasión no es ocasional, es asumida. El mismo término de Pascua hace unidad con la historia religiosa del Antiguo Testamento allí donde la intervención divina ha marcado la liberación.

"Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes".

"Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes".

Es la Pascua anticipada. Pan y vino, historia asumida en la encarnación, se transforman, por el misterio pascual, en cuerpo y sangre. Vale poner la atención a las palabras "entrega ... se derrama" porque marcan la "obra de gracia" de la pascua: todo es amor, gratuidad, totalidad, es semilla que transforma la historia.

Después los discípulos se pusieron a discutir sobre cuál de ellos debería ser considerado como el más importante.

Metida en este contexto, la conversación tiene el sabor a ironía; mientras el Maestro habla de entrega, los discípulos hablan de intereses.

"Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido permiso para zarandearlos como trigo; pero yo he orado por ti, para que tu fe no desfallezca".

Es parte del "cuerpo que se entrega" y de "la sangre que se derrama": el que ama, siempre piensa y es atento al que trata como a hermano, para el cual se hizo "prójimo".

"Señor, estoy dispuesto a ir contigo incluso a la cárcel y a la muerte".

Son esas decisiones tan emotivas que tienen también el tiempo de la emoción, o sea que duran tan poco como las emociones que se carga el viento. Valdría mirar adentro, en el corazón, para darse cuenta de cuan profunda es la fe con la que afrontamos la Pascua.

"Oren, para no caer en la tentación".

La oración es fruto de la comunión, Jesús sabe que no está solo, que el Padre está con Él. La oración es certeza de la presencia amorosa y salvadora; la batalla es siempre radical y profunda, tiene la dimensión de bien y mal, de luz y tiniebla, de vida y muerte. Es necesario "estar con".

"Padre, si quieres, aparta de mi esta amarga prueba; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya".

No hay que confundir la oración con el pedir a Dios lo que se quiere, orar tiene el contenido de ponerse en el plan divino, el único que conduce a la vida. Obediencia se vuelve así el camino verdadero de la libertad.

Los Apóstoles.

"¿Por qué están dormidos? Levántense y oren para no caer en la tentación".

En el momento de la batalla, no hay espacio para el descanso; esto es para otras situaciones, es para el "retorno de la misión", cuando se cuenta la caída de Satanás.

...Judas, uno de los Doce, quien se acercó a Jesús para besarlo.

El beso, expresión de amor y de comunión, aquí se vuelve signo de traición. El amigo se vuelve enemigo. Satanás busca y encuentra aliados para llevar a Jesús a la muerte.

"Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?".

El amor no depende de la respuesta del otro, encuentra su razón de ser en la fidelidad de Dios. "Amen a sus enemigos". "El Padre hace surgir el sol sobre buenos y malos".

Pedro los seguía de lejos.

Vuelve el tema de la entrega absoluta y de los miedos a llegar hasta el final. Cuando el Maestro plantea la entrega, y ahora más porque la realiza, el discípulo tiene miedo y se esconde y miente. Este es el momento de la verdad de la respuesta a la llamada.

El Señor, volviéndose, miró a Pedro.

"Los enfermos son los que necesitan del médico". "He venido para que tengan vida y vida en abundancia".

El juicio religioso.

Al amanecer se reunió el consejo de los ancianos con los sumos sacerdotes y los escribas. Hicieron comparecer a Jesús ante el sanedrín.

Se reúnen todos, más allá de las diversidades y las rivalidades. Jesús no se ha identificado con un grupo, su propuesta estaba por otra línea, la del Reino, y esto ha creado un rechazo por parte de las autoridades religiosas. Lo que si logró es que se unieran para deshacerse del "enemigo común". El "problema Jesús" no es político, es más, es religioso, cuestiona la relación con Dios, con un Dios que deja el cielo para hacerse hombre, para estar con los hombres y para hacer propia la vida de los hombres.

"Entonces, ¿tu eres el Hijo de Dios?".

Este es el meollo de la situación: más allá y por encima del Templo está el Hijo de Dios.

Ante Pilato.

"¿Eres tu el rey de los judíos?".

El que juzga es el que se considera más arriba del juzgado; Pilato se siente dueño de la situación y juez de la vida y de la muerte. Mientras el tribunal judío le preguntaba si era Hijo de Dios, Pilato le pregunta si es rey de los judíos. Es un juego perverso que cuestiona la realidad de quien es autoridad y de cómo se ubica frente a la gente y, por otro lado, del anonadamiento del Hijo de Dios.

"Me han traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; pero yo lo he interrogado delante de ustedes y no he encontrado en Él ninguna de las culpas de que lo acusan".

No hay razón jurídica que justifique la muerte. Pero no importa, aquí se juegan la contratación y los favores, el cerrar los ojos y el aceptar la insistencia. No importa ni que sea "rey de los judíos", o sea el insulto más grave considerando que se pide la muerte en cruz de uno del propio pueblo.

La ira ciega el corazón y se pide y acepta el cambio del justo con un delincuente.

La muerte entre los delincuentes.

Conducían, además, a dos malhechores, para ajusticiarlos con Él.

Aquí se consume la totalidad de la entrega: se hizo hombre, se lo condenó como malhechor, con una muerte que era de los esclavos. Lo más duro de todos es una muerte sin dignidad.

"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen".

¿Será casual, la muerte de Cristo? No puede ser. Es el fruto de todo un proceso que contrapone la voluntad salvadora del Padre a la decisión humana de querer vivir sin Él. Pero el amor, aunque donde hay maldad, pone su mirada en la fidelidad del Padre y de su proyecto. El odio impide darse cuenta de lo que está pasando, mientras que el amor es más que el odio.

"Si tu eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros".

Estamos todavía con mirada humana, incapaces de encontrar el rostro de Dios y de entrar en el proyecto de Dios. Una mirada que termina en la muerte y que no sabe ir más allá.

Pero el otro le reclamaba, indignado.

En la misma situación, pero con mirada distinta. No es lo exterior que hace capaces de cambio, es la dimensión del corazón, corazón de carne y no de piedra, que permite ver y leer en el vecino condenado al samaritano.

Y le decía a Jesús: "Señor, cuando llegues a tu reino, acuérdate de mi".

Juntos en la condena y en el rechazo humano, pero en comunión de visión y de esperanza: Dios es más grande que nuestro pecado.

"Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso".

Dios siempre es "hoy", Él es eternidad, Él es vida, Él es acogida, Él es resurrección.

El oficial romano, al ver lo que pasaba, dio gloria a Dios, diciendo: "Verdaderamente este hombre era justo".

La profesión de fe no se encierra en los confines del pueblo hebreo va más allá para llegar a Roma, la capital del imperio.

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