Padre Giorgio PeroniComentario sobre el Evangelio que se proclama el 27° domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B, correspondiente al domingo 7 de octubre de 2018. La lectura es tomada del Evangelio según San Marcos 10,2-16. Reflexión del padre Giorgio Peroni, de Radio Latacunga, Ecuador.

Se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba.

Preguntar para poner a prueba sabe a maldad, sabe a demonio. Es la lucha constante entre los fariseos y el Maestro, lucha que lo llevará a la pascua. Preguntar para conocer lo que está en el corazón del Maestro sabe a discípulo.

"¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?".

Hablar de divorcio es entrar en una visión de "ruptura de mercado", como si la esposa, de alguna forma, fuera propiedad de la cual deshacerse cuando ya algo no funciona. Hoy todavía el matrimonio es percibido como una mutua entrega de "prestaciones" y, por lo mismo, el tema del divorcio se vuelve como un "terminar prestaciones".

Él les respondió: "¿Qué les prescribió Moisés?"

Moisés es el hombre de la ley, importante para el hebreo.

Moisés nos permitió el divorcio.

Es frente a la realidad de un matrimonio fundado sobre el dominio del uno sobre el otro o fruto de una "prestación de servicios" donde es posible dar cabida al divorcio, es allí donde todo se reduce a un intercambio que se puede pensar en eso. Solo queda una reglamentación que hay que establecer.

Pero, desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer... De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre.

Estamos "al principio" y, quien lo dice, es el que es la "fuente del principio", para el cual y en el cual todo existe. Encontramos aquí la cumbre del proceso creativo, todo lleva a este momento, al momento en el cual el uno es para el otro, como en Dios. Aquí si la visión no puede dar espacio a otra realidad que pueda "romper la imagen de Dios". Varón y mujer, no es para la confrontación, sino para la complementariedad que permite a cada uno ser lo que es; no confrontación o dominación, sino camino de una relación que es don, que es amor, que es Dios. Por eso no hay como separar, porque eso es "hacer morir": Dios es vida porque es amor, quien separa hace morir al amor, a la vida.

Ya en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre el asunto.

Aquí ya no es "para poner a prueba", sino para entender. El discípulo va a la escuela del Maestro.

Jesús les dijo: "Si uno se divorcia... de su esposa y se casa con otra, comete adulterio"

La indisolubilidad del matrimonio no está en una ley externa a la persona, está en el mismo espacio del ser de la persona. Allí radica la verdad del amor como camino de realización, como don total de quien renuncia a ser "dueño" hasta de si mismo para reconocerse y encontrarse en el "otro". Esto es el misterio de Dios que, en el sacramento, se hace "buena nueva", presencia reveladora de una creación que supera la dinámica de "dar para recibir" y se vuelve gratuidad y victoria sobre el "egoísmo".

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