Padre Héctor HerreraComentario sobre el evangelio que se proclama el 32° domingo del Tiempo ordinario, ciclo B, correspondiente al domingo 11 de noviembre de 2018.  La lectura es tomada del Evangelio según San Marcos12,38-44

Dio todo con generosidad

Mc 12,38-44: Jesús fija su mirada en una pobre viuda, que dio con generosidad, mientras los ricos daban de lo que les sobraba.

Los letrados y maestros de la ley les gustaba recibir honores. Hoy también, a algunos les gusta figurar, ser reverenciados. Jesús critica la hipocresía de quienes les gusta recibir honores, ocupar los primeros puestos, porque detrás de esa búsqueda de sí mismos “devoran los bienes de las viudas” (Mc 12, 40). Jesús observa a quienes se acercan a las alcancías del templo. “Muchos ricos daban en abundancia”. Es de lo que acumulaban y no compartían los bienes en justicia con los necesitados. Hoy nos llama la atención. Una pobre viuda, echa dos monedas de muy poco valor (v. 49). Llama a sus discípulos y nos dice: “Les aseguro que esa pobre viuda ha dado más que todos los otros” (v. 50).

La viuda, representa al pobre cercano y generoso que da por amor y sirve con amor. Jesús nos enseña a redescubrir en el rostro del pobre y desvalido la generosidad profunda con que tenemos que actuar no para ser vistos, sino servir con amor, desde la sencillez del corazón. Cambia el sentido de la limosna por el de la solidaridad. Es lo que descubrimos en la primera lectura 1 Re 17,10-16, el profeta Elías se dirige a Sarepta y le pide a una viuda un poco de pan y agua, lo único que tenía para ella y su hijo. Ella, que temía morir, se solidariza con el profeta, quien le dice: “El cántaro de harina no se vaciará, la aceitera, no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra” (1 Re. 17,16)

“Los pobres son los primeros capacitados para reconocer la presencia de Dios y dar testimonio de su proximidad en sus vidas. Dios permanece fiel a su promesa, e incluso en la oscuridad de la noche no deja que falte el calor de su amor y de su consolación. Sin embargo, para superar la opresiva condición de pobreza es necesario que ellos perciban la presencia de los hermanos y hermanas que se preocupan por ellos y que, abriendo la puerta de su corazón y de su vida, los hacen sentir familiares y amigos. Solo de esta manera podremos «reconocer la fuerza salvífica de sus vidas» y «ponerlos en el centro del camino de la Iglesia» (Exhort. apost. Evangelii gaudium, 198). (Papa Francisco JMP 18.11.18)

Los pobres siempre ponen su confianza en Dios, porque saben que él no nos abandona. El verdadero amor a Dios y al prójimo está en la generosidad con bondad, generosidad con sencillez y humildad que nos lleva a descubrir el valor de la solidaridad. ¡Cuánto ejemplo nos dan algunos pobres que con generosidad toman la iniciativa de compartir con los más necesitados, porque en el fondo de su corazón los mueve el verdadero culto al Dios de la vida y de la verdad! Porque “quien siembra con generosidad, cosecha generosa tendrá” (2 Cor. 9,6)

Si confiamos en Dios y somos generosos, como nos recuerda el apóstol Pablo: “Dios que provee la semilla al sembrador y el pan para comer, proveerá y multiplicará la semilla de ustedes y les hará crecer la cosecha de su limosna” (2 Cor 9,10). (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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