Padre Héctor HerreraComentario sobre el evangelio que se proclama en el décimo octavo domingo del Tiempo ordinario, ciclo C, correspondiente al domingo 4 de agosto de 2019. La lectura es tomada del Evangelio según San Lucas 12,13-21.

¡Cuidado con la codicia!

Lc. 12,13-21, Dos hermanos se pelean por la herencia, como sucede hoy. Jesús con sabiduría rehúsa ser juez en una disputa tan vana. Nos explica esta parábola: Un hombre rico se jacta de sus graneros, sus riquezas. Está atrapado, su vida son sus riquezas. La soledad y la necedad lo acompañan. No se comunica con nadie. Esto lo hace insensible, encerrado en sí mismo, sin comunicarse con los demás.

Es triste, la codicia y ambición entre hermanos, en la familia, al interior de un país, entre naciones ricas y pobres: insensibles al hambre y a las necesidades básicas. Hombres sin Dios endurecen su corazón al amor a Dios y al hermano. No importa explotar los recursos contaminando el medioambiente sin preocuparse de la vida y de la salud de los pueblos. Se contaminan ríos, se tala la Amazonía en nombre del desarrollo, sin un desarrollo sustentable que mire el futuro de la vida humana.

El evangelio de Lucas, no se condena a nadie por ser rico, se cuestiona la insensatez: servirse de las riquezas, hacerlas su dios, sin comprender que éstas las ha conseguido con el trabajo de los obreros. Se preocupa de ensanchar los graneros, en obtener más dinero, sin pensar en los que sufren hambre, en mejorar la calidad de vida. Este hombre es un triste prisionero de sus bienes. Se engaña, pensando que su vida, está asegurada. Dios le habla: "Necio, esta misma noche vas a morir. Lo que has acumulado ¿para quién será? (v.20). Se afana en poseer, acumular, en vez de crecer como ser humano. Cree, como algunos hoy, que el dinero lo puede todo.

Está solo, se comunica con su dinero. A veces nos impiden ser libres el acaparar propiedades, campos, dejando a los campesinos sin tierra y sin contemplar la naturaleza. Podemos tener muchas riquezas y ser vacíos por dentro. El egoísmo de acumular riquezas, nos deja sin Dios. Lo sustituimos por el ídolo de la codicia.
Jesús nos enseña a vivir nuestra vida con sentido, quien pone su confianza y diversión en la acumulación de riquezas, está perdiendo su propia vida. Dios no tiene cabida en su corazón. No les interesa apostar por el cambio climático, que pone en riesgo la supervivencia humana.

La felicidad está en Dios que entra en nuestra historia. Cuando la riqueza es mal adquirida es una ofensa a Dios y a los pobres. Hay más felicidad en dar y en compartir. Esta felicidad es tener libertad de espíritu, disponibilidad, apertura y confianza ante Dios de quien esperamos la salvación, y el sentido de responsabilidad social, compartir con los que no tienen, respeto a los derechos de los demás sobre todo de los más pobres.
Un corazón nuevo nos libera de los ídolos del poder, dinero y codicia. Viviremos en serio nuestro ser cristiano como dice Pablo: "ya que han resucitado con Cristo, aspiren a los bienes de arriba, no a los de la tierra.

Revístanse del hombre nuevo(Col.3,1.10) La codicia nos lleva a la muerte. El compartir da sentido a tu vida: "Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les hacemos liberalidades personales, sino que les devolvemos lo que es suyo. Más que realizar un acto de caridad, lo que hacemos es cumplir un deber de justicia"(San Gregorio Magno). Que cada uno pensemos en el tesoro que es Dios, poniendo nuestra confianza en El, comprometiéndonos con los más excluidos, no aferrándonos a lo material. (Fr. Héctor Herrera, O.P.

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