padre Héctor HerreraComentario sobre el evangelio que se proclama en el segundo domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A, correspondiente al domingo 19 de enero.  La lectura es tomada del evangelio según San Juan 1,35-42.

El Cordero de Dios

Jn 1,35-42: Juan Bautista, estaba con dos de sus discípulos, Andrés y Juan. Al ver pasar a Jesús, les dice: “Ahí está el Cordero de Dios” (v.35). Lo siguen y le preguntan ¿Dónde vives? Vengan y vean (v.39). Experimentaron dónde y cómo vivía y se quedaron con él. Siguieron a Jesús porque encontraron en Él un nuevo sentido a su vida. Para ser discípulos hay que encontrarse con Jesús y experimentar la fe. Es la iniciación de todo discípulo, dejarse conducir por Jesús para creer y vivir un estilo de vida, y comunicar a los demás esta experiencia de fe, como lo hizo Andrés con su hermano Simón Pedro: “Hemos encontrado al Mesías, a Cristo” (v.41)

El encuentro con Jesús, de estos discípulos transforma sus vidas y sienten la necesidad de comunicarlo y anunciarlo a los demás. Es su experiencia personal, la que los hace alegres y capaces de comprometerse con Jesús. Porque Él es la Palabra de vida: ejemplo y testimonio de su entrega total. “Él es el primer y más grande evangelizador enviado por Dios (Lc 4,44) y, al mismo tiempo el Evangelio de Dios (Rom. 1,3). Como hijos obedientes a la voz del Padre, queremos escuchar a Jesús (Lc 9,35) porque Él es el único Maestro (Mt 23,8). Sus palabras son espíritu y vida (Jn 6,63.68) (D.A. 103).

Jesús es el Cordero victorioso que nos libera de toda esclavitud y opresión, de toda fuerza del mal. Jesús quita el pecado del mundo, porque su camino es servicio humilde desde la pobreza y entrega hasta su muerte. Él nos consigue la salvación total. Con Él podemos emprender una nuevo camino-, para ser personas auténticas. Él suprime de nuestra vida toda opresión.

Estamos llamados por vocación a ser testigos de palabra y de obra, de modo que la gente vea coherencia de vida y compromiso, y nos realicemos como personas.

Vivir nuestra vocación cristiana es un llamado constante de Jesús: “Vengan y vean” (v.39). Él nos indica la experiencia del amor, la justicia, la libertad, trabajando como Iglesia por la dignidad y mejores condiciones de vida más humana para todos.

Nuestra vocación cristiana vivida en comunidad, nos lleva a ser conscientes que “existe una miseria, que con frecuencia es el resultado de injusticias y provocada por el egoísmo, que comporta indigencia y hambre y favorece los conflictos. Cuando la Iglesia anuncia la Palabra de Dios, sabe que se ha de favorecer un “círculo virtuoso” entre la pobreza “que conviene elegir” y la pobreza “que es preciso combatir”, redescubriendo “la sobriedad y la solidaridad, como valores evangélicos y al mismo tiempo universales…Esto implica opciones de justicia y de sobriedad” (V.D. 107. La Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia).

Busca a Dios en el silencio y te encontrarás con Él, descubrirás un nuevo sentido a tu vida y la alegría de servirlo humilde en tus hermanos. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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