Padre Héctor HerreraComentario sobre el evangelio que se proclama el vigésimo octavo domingo del tiempo ordinario, ciclo B, correspondiente al domingo 14 de octubre de 2018.  La lectura es tomada del Evangelio según San Marcos 10,17-30. Comentario del padre Héctor Herrera O.P., de radio San Martín, Perú.

Comparte tus bienes

 No basta ser buenos, hay que tener la mirada de Jesús para analizar las causas de la pobreza y miseria de nuestros hermanos. Pasar del acumular, al compartir y seguir a Jesús es nuestro desafío.

Mc 10,17-30, un joven rico sale al encuentro de Jesús, cree que la vida eterna, se hereda “Maestro bueno, ¿qué debo de hacer para heredar la vida eterna? (v.17) Él lo escucha, dialoga, conoces los mandamientos: respeta la vida y no hagas daño a tu prójimo. “Maestro todo eso lo he cumplido desde la adolescencia” (V.20).

Jesús lo miró con cariño, porque era un bueno. ¡No basta ser buenos! Jesús nos invita pasar del verbo acumular al desprenderse, compartir y seguirlo: “Una cosa te falta: ve, vende cuánto tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después sígueme” (v. 21).

Jesús nos hace un llamado profundo. Miremos nuestras ciudades, vemos situaciones de dolor e injusticia. Hay un distanciamiento y abismo profundo por la acumulación de riquezas, extracción de materias primas que ponen en riesgo el medio ambiente y el calentamiento global. A nivel personal un individualismo y egoísmo, miramos a otro lado para no ver a los “sobrantes humanos”. Unos viven en condiciones adecuadas para su vida familiar y social, que es bueno, pero millones no tienen una condición de vida digna, a causa de las profundas injusticias.

Es un reto para todos creyentes y no creyentes, pensar en una mejor distribución de la riqueza, planificar, crear una conciencia ética y solidaria, para compartir una mejor calidad de vida para todos, con acceso a una mejor educación, trabajo, techo, salud. Esto nos exige cultivar un desprendimiento interior solidario que nos hace libres.

Jesús siguiendo la línea profética (Is 3,14 s; 5,8; Am 2,6-7; Miq 3,1-4) sabe que los pobres y los ricos no son fruto de la voluntad de Dios, sino de la acumulación de unos pocos que empobrecen a la mayoría. La riqueza es un obstáculo para amar a Dios, cuando ponemos en ella la seguridad, se convierte en dios. El joven, se fue muy triste (v. 22). Jesús mirando alrededor nos dice: “Difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas” (v. 23). Los discípulos se asombran porque aún están apegados a lo material. Pedro se preocupa: “Nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido” (v.28).

Jesús le responde a Pedro y a nosotros: la salvación es un don de Dios, se vive compartiendo en solidaridad. La opción por los pobres no excluye a los ricos. Son los ricos que se autoexcluyen, como el joven que no opta por crear condiciones de vida más equitativas.

Mons. Oscar Romero, el Santo de América, refiriéndose al joven rico, recuerda a Pablo VI. "La liberación interior producida por el espíritu de pobreza evangélica nos hace más sensibles y más idóneos ya para comprender los fenómenos humanos vinculados a los factores económicos". El que no tiene espíritu de pobreza no tiene ojos limpios para mirar que el desprendimiento concede una gran libertad y una gran sensibilidad para los grandes problemas económicos y sociales de El Salvador. Si el gran origen de nuestros males es la injusticia social, sólo el espíritu de pobreza y de desprendimiento nos puede volver a hacer felices. Por eso Cristo inculca hoy tanto ese espíritu de desprendimiento y de pobreza. (Homilía 14.10.1979) (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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