Padre Giorgio PeroniComentario sobre el evangelio que se proclama el 15° Domingo del tiempo ordinario, ciclo C, correspondiente al domingo 14 de julio de 2019.  La lectura es tomada del evangelio según San Lucas 10,25-37

Se presentó ante Jesús un doctor de la Ley.

La palabra escrita y aprendida no es la sola guía para el cristiano, es indispensable, pero no sola. El maestro de la ley es el que conoce pero no llega todavía a la meta. La meta es el encuentro con la persona del Maestro, un encuentro cargado de disponibilidad, de acogida, de fe que se hace "caminar juntos".

Para ponerlo a prueba.

Querer jugar con el Maestro no es apropiado para el hombre y, menos, para el cristiano. La propuesta del Maestro no es para competir a quien sabe más, sino que es una propuesta de vida, empapar la vida con la sabiduría de Dios.

Maestro, ¿que debo hacer para conseguir la vida eterna?

La pregunta es bien planteada, el tema no es tanto de conocimiento, cuanto de vida, de decisión, de opción, de orientación. El hombre tiene en si mismo el ideal de la eternidad: somos un desborde de amor trinitario, o sea de amor divino, y nos construimos como "proyecto de amor". La eternidad está sembrada en nosotros justo porque venimos de Dios.

Jesús le dijo: "¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿que lees en ella?"

Jesús acepta el reto; arranquemos desde donde tú planteas. Es la metodología del Maestro que parte desde nosotros para conducirnos hacia Él. La Biblia es el referente de los maestros de la ley, pero no es fin sino instrumento que conduce hacia el Maestro.

El doctor de la ley contestó: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo".

La respuesta es definitiva, pero, si solo se queda en aprendizaje, la palabra es vacía, no conduce, no mueve y el amor se queda en el vacío de la letra. La Biblia es comunicación de un caminar juntos de parte de Dios con su pueblo y, cuando se pierde la mano tendida hacia el Otro, lo único que queda es el susto de no saber por donde andar.

Jesús le dijo: "Has contestado bien; si haces eso vivirás".

Aquí está la clave: "Haz esto y vivirás". La fe es "hacer esto" y el "hacer esto" lleva a la vida, una vida en abundancia, una vida de eternidad.

El doctor de la ley, para justificarse, le preguntó a Jesús: "¿Y quién es mi prójimo?".

Esta nueva pregunta es también radical. La tentación de la primera parte es dejar a Dios a-fuera de la historia humana, mientras que la tentación de la segunda parte es hacer del prójimo una instancia ligada a lo que me interesa.

Jesús le dijo: "Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó".

Ya se marca el espacio, el ambiente: el encuentro con Dios envía hacia la historia. Jerusalén es el lugar del templo, es el corazón de la fe y Jericó es la ciudad, toda ciudad, allí donde los hombres construyen su vida, a veces hasta sin Dios.

Es un hombre el que baja, el que camina en la historia. Son todos los hombres en la diversidad de sus vidas y de sus culturas, los que son enviados por Dios a la historia de las Jericó humanas.

Cayó en manos de unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto.

La historia humana es de lucha permanente: constantemente hay bandidos en el camino. La historia misma, en sus realizaciones, ha despojado y molido a golpes al hombre. Es la historia de cada uno, de cada familia, de cada comunidad, de cada pueblo. Oportunidades, exclusión, pobreza, falta de servicios,... son todos golpes que dejan molidos.

Sucedió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo. De igual modo, un levita que pasó por ahí, lo vio y pasó de largo.

Sacerdote, levita, catequista... nadie es "vacunado" frente a la responsabilidad de la fe hecha vida. No es solo el sacerdote del antiguo testamente, es el sacerdote de siempre y de todas las religiones: la fe es respuesta cotidiana, de ahora y de aquí; se construye en decisiones y respuestas a los acontecimientos de la historia. Es allí donde Dios nos espera, donde Dios nos encuentra, donde Dios nos salva: la respuesta, antes que ser don nuestro es un don para nosotros, porque Dios es Amor. El grito de dolor, las lágrimas, el sudor, la sangre de la historia humana no son indiferentes a Dios, llegan donde Él, son "sacramentos del encuentro con Dios".

Pero un samaritano que iba de viaje, al verlo, se compadeció de él.

Un samaritano: un desconocido, más todavía uno que no es "de los nuestros", más todavía, uno que es enemigo. Es el tema más radical del mandamiento porque el prójimo ya tiene la dimensión de todo hombre, porque Dios es Padre de todos. Los enemigos son hijos de Dios y son hermanos, son prójimo para amar.

"Iba de viaje", o sea estaba metido en sus asuntos: Dios interviene por medio de la historia en lo de todos los días, es allí donde te espera y te encuentra, es allí donde se hace presente, te llama y te salva amándote.

"Lo vio y se compadeció": esto marca la actitud interior. Es un ver con los ojos del corazón, lo que manifiesta la totalidad de la persona en su capacidad de amar y que emprende el camino de la compasión, o sea del "padecer juntos", del hacer de la pasión del otro mi propia pasión porque el otro es parte de mi, es "yo". Apasionado del prójimo, como Dios es apasionado de mí.

Se le acercó, ungió sus heridas con aceite y vino y se las vendó.

Esto es lo concreto del amor, son los signos sacramentales del amor, es lo material de la obra: somos cuerpo y alma profundamente entre-lazados "Lo que hiciste al más pequeño, a mi lo hiciste": esta es gracia.

Luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él.

El amor es un proceso, hasta solucionar el problema. No se trata tan solo de un gesto aislado, sino de caminar juntos.

Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al dueño del mesón y le dijo: "Cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi regreso".

El proceso llega hasta el final, compromete a otro porque tiene que hacerse "cultura" (como diríamos hoy), o sea estilo de vida personal y comunitaria, social y política. Cuando llega a comprometer "el bolsillo", llegamos a involucrar todo, porque la plata es la tentación más contraria al amor.

¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?"

El mandamiento no es una enseñanza, ni una obligación externa, es revelación de lo interior de cada uno: somos hechos así y si no actuamos así nos destruimos a nosotros mismos. Encontrar al Maestro es caminar con él para realizarnos.

El doctor de la ley le respondió: "El que tuvo compasión de él." Entonces Jesús le dijo: "Anda y haz tu lo mismo."

Esta es la fe, caminar con Cristo, para ser como Cristo, para ser Cristo. Esta es la pascua que salva, esta es la eucaristía que alimenta, esta es la Iglesia que testimonia.

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