Padre Giorgio PeroniComentario sobre el Evangelio que se proclama en el 4to. Domingo de Pascua, ciclo C, correspondiente al domingo 12 de mayo de 2019. Las lecturas son tomadas del libro de los Hechos de los Apóstoles 13, 14.43-52; Apocalipsis 7,7. 14-17; y, Evangelio según San Juan 10, 27-30.

La Palabra de Dios debía ser predicada primero a ustedes; pero como la rechazan y no se juzgan dignos de la vida eterna, nos dirigimos a los paganos.

La Palabra se constituye como uno de los ejes de la comunidad cristiana. Sin Palabra no hay anuncio, sin anuncio no hay conocimiento, sin conocimiento no hay encuentro. Palabra anunciada es experiencia vivida y ofrecida para construir comunión. El "primero a ustedes" no es exclusión, sino propuesta a encontrar la razón profunda de la fe de los judíos y a no quedarse excluidos del "don divino" que es salvación para todos. La fe es exigente y cada día hay que responder a la Palabra que invita.

El Cordero será su pastor y los conducirá a las fuentes del agua de la vida.

Es el Cordero degollado, el que, con su sangre, ha limpiado y purificado la vida de los discípulos. Es tema litúrgico que actualiza la Pascua y la hace instancia de salvación. La persecución ya no es desgaste y muerte, es signo de participación pascual y camino de liberación.

Jesús dijo a los judíos.

"La Palabra de Dios debía ser predicada primero a ustedes", pero no es cierta la respuesta y, sin respuesta, no hay camino de comunión. El pasado no es garantía de conocimiento y de acogida de la Palabra: es preciso poner atención continua, disponibilidad a reconocer y a escuchar.

Mis ovejas escuchan mi voz.

Escuchar tiene el contenido de quien necesita de la Palabra, es de quien se siente pobre y necesitado del otro, de quien sabe que, más allá de lo que sabe y de lo que es, hay otro más, que Dios quiere encontrarlo y enriquecerlo. Hay algo más todavía, porque la voz es portadora de un mensaje y de un don grande como el corazón de quien habla.

Yo las conozco y ellas me siguen.

La voz es el conductor de la palabra y la palabra revela el corazón, el corazón que se revela abre la puerta al encuentro, y el encuentro hace comunión, hace conocer. Es un conocer en profundidad, algo que va más allá de la superficie y penetra la conciencia, abre la puerta y hace que el Señor "entre y se sienta a la mesa" para hacer familia. Por eso la Palabra se hace invitación a "estar" con el Maestro, a asumir su proyecto: lo que Él hace en ti, eso tienes que hacer.

Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás.

El Señor es baluarte, el Pastor bueno es garantía y guía. Tú solo, Señor, eres mi esperanza y mi confianza está puesta en ti. "Hoy estarás conmigo en el paraíso": este hoy es de siempre y es para los que escuchan.

Nadie las arrebatará de mi mano.

Si tu estás con nosotros, "¿Quién puede estar contra nosotros?" La resurrección es victoria definitiva.

El Padre y yo somos uno.

La comunión llega a eso, a hacer uno. Si así es Dios, así es la misión de los cristianos.

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