Padre Giorgio PeroniComentario sobre el Evangelio que se proclama el domingo de la Solemnidad de la Ascensión del Señor, ciclo B, correspondiente al domingo 13 de mayo de 2018.  Las lecturas para la liturgia de este domingo son tomadas de los libros de los Hechos de los Apóstoles 1, 1-11; Carta de San Pablo a los Efesios 4, 1-3; y, Evangelio según San Marcos 16, 15-20.

La Ascensión del Señor

Estamos celebrando una segunda etapa de la resurrección, Cristo es el Señor de la historia. Entronizado por el Padre, sigue presente lanzando una luz nueva en el vivir diario, una forma nueva de entender los acontecimientos sin el miedo de la tristeza ni de la muerte, vista como encuentro definitivo con Cristo, el Buen Pastor que nos tiene en sus hombros.

"Señor, ¿ahora sí vas a restablecer la soberanía de Israel?" Jesús les contestó: "A ustedes no les toca conocer el tiempo y la hora que el Padre ha determinado con su autoridad...".

Recordemos y tengamos claro que no es el cuento de un relato, sino la respuesta a las dudas de las comunidades cristianas: es preciso iluminar el tema de la pascua de resurrección. ¿Será que ya está por llegar el encuentro definitivo con el Señor? Si la muerte había desilusionado, la resurrección había vuelto a animar la expectativa del Reino. El Reino empezó, pero eso no implica la conclusión de la historia, más bien es hora de entender el tema de la misión confiada por el Maestro y que tiene que alcanzar el mundo entero.

Dicho esto se fue elevando a la vista de ellos, hasta que una nube lo ocultó... "Galileos, ¿qué hacen allí parados mirando al cielo?..."

Es una descripción parecida a la de Elías, o sea una realidad que no puede ser expresada en términos humanos. Lo que ocurre es el paso de consignas a los apóstoles en la misión. Allí está la nube, signo de la presencia de Dios, están los dos hombres vestidos de blanco, como en la tumba vacía y signo del mundo divino, y está la voz de los dos testigos que explican una vez más la realidad de la pascua: Jesús, el Hijo enviado y fiel al Padre, matado por los hombres, ha sido glorificado y está con el Padre. Esta mirada que manifiesta la esperanza de un retorno inmediato del Maestro para retomar la obra interrumpida con la muerte, viene iluminada con la voz: a ustedes les toca llevar a conclusión la obra emprendida por el Señor, obra transmitida a lo largo de los cuarenta días (el siempre del tiempo) de su instancia después de la resurrección. Es allí, en la tierra, donde tienen que dar testimonio de la verdad de la fe.

Los exhorto para que lleven una vida digna del llamamiento que han recibido.

La misión no es fruto de la decisión personal, sino que viene desde la misma revelación del Maestro: vivir en comunión con los hermanos y con la mirada puesta en el Maestro. Es la dimensión del ser discípulo para entender la misión encargada y para poderla llevar a cumplimiento.

Se apareció Jesús a los Once y les dijo: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura".

Si antes de la pascua, Jesús estaba físicamente con ellos, ahora su presencia es distinta y necesita fe para ser entendida; los discípulos se sienten solos, no claros en la misión que descubren superior a sus fuerzas, es necesaria la luz que solo el señor puede comunicar. La misión tiene que llegar a "toda creatura", palabra que alcanza a todo ser humano y que engloba también a la realidad creada. Vale recordar el tema para no hacerse déspotas y depredadores de la casa que Dios creó y regaló a los hombres.

El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer, será condenado.

La salvación depende de la acogida o del rechazo de la palabra y del encuentro con el Señor en el bautismo. La Iglesia, con sus signos sacramentales de salvación, no puede ser ignorada ya que sería una opción sin sentido, excluyéndose del proyecto de Dios.

Éstos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído...

La palabra camina con signos, hasta extraordinarios que, de todos modos, no pueden ser pruebas, sino testimonio y anuncio de la presencia del Salvador. Es así como se entiende a la Iglesia como casa de la presencia del Maestro que está vivo y está con los hombres. Son signos que retoman la palabra de revelación:

Los demonios son las fuerzas de la muerte vencidas por el anuncio del Evangelio y por los sacramentos.

Las lenguas revelan la novedad del lenguaje del amor que perdona y que se da gratuitamente.

Las serpientes y el veneno revelan a los enemigos del hombre y de la vida. No hay que tener miedo.

Las curaciones son la continuidad de la presencia salvadora del Señor Jesús.

El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios...

Jesús ha sido proclamado "siervo fiel" por Dios y sigue con los apóstoles actuando los signos y confirmando su palabra.

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