Padre Héctor HerreraComentario sobre el evangelio que se proclama el 33° Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B, correspondiente al domingo 18 de noviembre de 2018.  La lectura es tomada del Evangelio según San Marcos 13,24-32

Anuncio de esperanza

Esperamos un cambio que transforme nuestra vida, nuestra relación con los demás y la naturaleza para el bien de todos. En ninguna parte del evangelio nos habla sobre el fin del mundo.

Mc 13,24-32, se centra en la venida de Cristo. Cuando se refiere, el sol se oscurecerá, la luna no irradiará su resplandor, las estrellas caerán del cielo (v. 24-25), usa el lenguaje de la profecía y de la apocalíptica, para hacernos ver las grandes intervenciones de Dios dándole un giro a la historia, para el bien de sus elegidos (cf. Is. 13,10; 34,4; Dan 7,13 ss.). Son imágenes del A.T. para describir la caída de algún rey o de una nación opresora. Porque para los antiguos, el sol, la luna representaban divinidades paganas (cf. Dt 4,19-20; Jr 8,2; Ez 8,16). Y las “potencias del cielo” representaban a los jefes que se sentían hijos de esas divinidades y que en su nombre oprimían a los pueblos (cf. Is 14,12-14; dan 8,10).

Jesús nos anuncia tiempos de esperanza. Nos habla de la higuera, cuando brotan las hojas se acerca la primavera (v.28). El evangelio anuncia vida, esperanza, libertad. Es saber leer los signos de los tiempos, que quiebra todo sistema injusto. Dios quiere el bien de sus elegidos, su proyecto es vida, no muerte ni destrucción.

La humanidad está en peligro de autodestruirse, porque no cuidamos nuestra tierra, agua, bosques: “La educación en la responsabilidad ambiental puede alentar diversos comportamientos que tienen una incidencia directa en el cuidado del ambiente, como evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los residuos, cocinar solo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, plantar árboles, apagar las luces. Todo esto es parte de una generosa y digna creatividad que muestra lo mejor del ser humano” (L.S. 211) Los discípulos, hacemos la voluntad de Dios cuidando de la creación, viviendo el futuro como presente, con esperanza y con fe con obras.

Jesús, no se ha ido, está con nosotros, si vivimos y practicamos su Palabra: “mis palabras no pasarán” (Mc 13,31). La tentación nuestra, es quedarnos paralizados sin hacer nada por construir un futuro diferente. Tenemos la esperanza y la certeza que Dios está con nosotros. Él guía nuestra historia personal y comunitaria. Respondamos a esta iniciativa de Dios que quiere todas las cosas nuevas, trabajando, cuidando, protegiendo todos los bienes de la creación y pensando en las futuras generaciones.

Hoy celebramos la II Jornada Mundial de los pobres, pensemos en los que sufren las consecuencias del cambio climático: “Con frecuencia, son precisamente los pobres los que ponen en crisis nuestra indiferencia, fruto de una visión de la vida excesivamente inmanente y atada al presente. El grito del pobre es también un grito de esperanza con el que manifiesta la certeza de que será liberado. La esperanza fundada en el amor de Dios, que no abandona a quien confía en él (cf. Rm 8,31-39) (JMP 18.11.2018 Papa Francisco).

Cercanos al fin del año litúrgico, pensemos y asumamos nuestro encuentro con Cristo en la vida cotidiana con alegría y entusiasmo, en la familia, el cuidado de la creación, como don de Dios. “Quien beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, porque el agua que le daré se convertirá dentro de él en manantial que brota para la vida eterna” (Jn 4,14) (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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