Padre Giorgio PeroniComentario sobre el Evangelio que se proclama el cuarto Domingo de Cuaresma, ciclo B, correspondiente al domingo 11 de marzo de 2018.  La lectura es tomada del Evangelio según San Juan 3, 14-21.

Jesús dijo a Nicodemo.

Veamos en este cuadro la dimensión fraternal del Maestro que busca el encuentro con el discípulo. La Palabra está vuelta toda hacia cada uno.

 Así como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el hijo del Hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna.

 El referente es fuerte. La serpiente, signo del tentador, se ha vuelto signo y camino de fe. Allá, en el desierto, en la dificultad de encontrar a Dios, el signo del madero, el signo de la serpiente, se vuelven camino de salvación. La imagen es fuerte e invita a mirar al crucificado como presencia de amor entrañable, amor que conduce hacia la fe: Dios está, la muerte no es barrera impenetrable, sino ventana desde donde entra la luz de la vida. Es la palabra de contradicción, no la realización de sueños humanos, sino la entrega de la vida es presencia y acción de Dios.

 Porque Dios amó tanto al mundo que le entregó a su Hijo único...para que tenga vida eterna.

 Esa es la pascua, ese es el amor. ¡Qué difícil para el hombre ir más allá de la muerte para descubrir la entrega, el don y la vida!

 Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo.

 El Dios que castiga se ha vuelto Dios que salva en Jesús y en Jesús crucificado.

 El que cree en Él no será condenado.

 La cuaresma es el momento de la decisión: si la fe es ponerse confiadamente en sus manos, es aceptar que el camino de la entrega es el único camino que salva, ahora el cristiano, el Nicodemo que está a los pies del Maestro, tiene que tomar la decisión, porque creer es ciertamente saber que así es, pero también que así hay que hacer, porque el mundo necesita de estos cristianos.

 La causa de la condenación es esta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas.

 La alternativa es radical: no se trata de caminos más o meno parecidos, sino alternativos, como luz y tinieblas, como vida y muerte. Las obras malas destruyen. Es imprescindible tomar conciencia del pecado, del pecado que está en nosotros, si queremos salir de él.

 El que obra el bien conforme a la verdad.

 Bondad y verdad caminan a la par; bondad y verdad se encuentran en Dios y el Maestro nos las revela.

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