Padre Giorgio PeroniReflexión del padre Giorgio Peroni al Evangelio que se proclama el quinto Domingo de Pascua, ciclo C, correspondiente al domingo 19 de mayo 2019. Las lecturas son tomadas de los libros de los Hechos de los Apóstoles 14, 21b-27; Apocalipsis 21, 1-5a; y, Evangelio según San Juan 13, 31-35.

Al llegar, reunieron a la comunidad y les contaron lo que había hecho Dios por medio de ellos.

El testimonio es el camino de la misión. Palabra y vida se encuentran y se complementan en la verdad de la revelación. El cristiano, la Iglesia, no son los actores de la salvación, Dios es el actor. Nosotros tan solo somos "signos sacramentales" de la obra divina, instrumentos vivos "voz de la Palabra" que revela el misterio de gracia escondido desde la eternidad en Dios y manifestado en el Hijo eterno encarnado. "Contar" la obra de Dios es el contenido de la misión.

Ya no habrá muerte ni duelo, ni penas ni llanto, porque ya todo lo antiguo terminó.

Punto y a parte. Con la resurrección todo empieza de nuevo. Sepultados en el agua del perdón con el bautismo, resurgimos a la gracia del amor divino que nos conduce a la vida.

Cuando Judas salió del cenáculo.

La salida coincide con la entrega. Judas sale del grupo y, solo, no le queda más que ir de los sumos sacerdotes y negociar la entrega. La pascua no es acontecimiento sencillo de entender y menos todavía de hacer propio, hace falta conversión del corazón y disponibilidad a dejar actuar al Señor.

Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en Él.

La pascua es misterio de muerte, pero, al mismo tiempo es misterio de gloria: allí se manifestará el mismo Dios. La eucaristía que se está por celebrar es anticipo pascual y es actualización cotidiana en el sacramento.

Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes.

"Estar" siempre tiene el contenido de asumir, no es solo presencia física, es alianza y comunión. Lo que se está celebrando es como la cumbre de lo vivido.

Les doy un mandamiento nuevo.

Mandar sabe al fruto maduro de la comunión, del "estar" y del asumir. Si la vida con el Maestro ha llevado a asumir su proyecto, no queda más que "dar fruto", que "hacer lo Él nos mande".

Que se amen los unos a los otros.

No hay una sola dirección en el amor; la dirección horizontal manifiesta la verdad de la dirección vertical. Tal vez, más todavía, la fuente del amor es recibida verdaderamente solo si se transforma en experiencia de amor ofrecido.

Como yo los he amado.

No cualquier amor. Aquí no se trata con las "sombras" del amor o con las traiciones, aquí hay que ser serios; la fuente del amor marca el como y el contenido del amor. El Hijo eterno es la expresión más grande porque revela la relación trinitaria que es relación de amor. El Hijo ofrecido es el sacramento encarnado y revelador del amor a los hermanos, porque hace hermanos a los que eran enemigos por el pecado.

Y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos.

Si el testimonio de los apóstoles es el fundamento de la fe en la resurrección, el testimonio del amor es el fundamento de la verdad de la Palabra anunciada y de la presencia celebrada en los sacramentos.

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