Padre Héctor HerreraComentario sobre el evangelio que se proclama el séptimo domnigo del Tiempo Ordinario, ciclo A,  correspondiente al domingo 23 de febrero.  La lectura es tomada del evangelio según San Mateo 5,38-48

Ama al enemigo

Mt. 5,38-48: Jesús nos enseña una nueva manera de vivir y de relacionarnos con las personas. La Ley del talión, vigente en tiempo de Jesús, no era de venganza, sino para frenar la violencia. El castigo, no debía sobrepasar la ofensa.

Han oído que se dijo: ojo por ojo y diente por diente (v. 38), es la dinámica común de los violentos. Jesús nos propone no a la violencia: el amor. En nuestra historia ha habido distintas formas de resistencia pacífica, como la de Mahatma Gandhi frente a la opresión inglesa, hasta conseguir la liberación de su pueblo.

Jesús, nos habla de tres cosas bien concretas: al que te abofetea, te despoja de tu vestido y te requisa u obliga a caminar con él(vv.39-42), era la costumbre de los romanos requisar personas y cosas, como hoy lo haría un ejército de ocupación, nos enseña a no responder con la venganza, sino con el amor. El amor es más fuerte que el odio.

El seguidor de Jesús, lleva grabado en su corazón el AMOR, que supera todo tipo de violencia, comprendiendo y viviendo su mensaje, quien, con su testimonio de vida, nos enseñó aún en los momentos del juicio, ante Caifás, cuando el soldado lo abofeteó le dijo: “Si he hablado mal, demuéstrame la maldad, pero si he hablado bien, ¿Por qué me golpeas?” (Jn 18,23). A la violencia responde con el amor, fruto de la verdad y de la justicia. El amor transforma la convivencia humana basada en el respeto en la dignidad de hijos de Dios. El poder usa la violencia y el odio ante el indefenso. Él responde con la verdad que nos libera de todo miedo y opresión.

Jesús nos enseña a dar un salto profundo en las relaciones humanas: no se queda en la legislación antigua de amar a los conciudadanos (Lev 19,17 ss), amplía nuestra visión: “Amen a sus enemigos, oren por sus perseguidores. Así serán hijos de su Padre del cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos y pecadores” (vv.44-45).

El pueblo de Jesús sentía odio y rechazo por los romanos, sus opresores, los consideraban enemigos. ¡Qué enseñanza novedosa de Jesús! No podemos comportarnos como los que no conocen a Dios. Los creyentes testimoniemos: la misericordia de Dios, comprensión, escucha, disculpa.

El amor recrea y transforma, la familia, la comunidad. La madurez humana y cristiana de la fe, busca la santidad de Dios, porque Él es Santo (Lev. 17-26). “Por tanto sean perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el cielo” (v. 48). Todos estamos llamados a sanar las heridas, a vencer los miedos para descubrir el amor a Dios y al prójimo. Porque somos santuarios de Dios. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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