padre Héctor HerreraComentario al Evangelio que se proclama el 15° Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B, correspondiente al domingo 15 de julio de 2018.  La lectura es tomada del Evangelio según San Marcos 6,7-13

La alegría del Evangelio

Mc 6,7-13, Jesús, anuncia la buena nueva de su Padre Dios, está misión la da a sus discípulos: “Es necesario que anuncie a otros pueblos el reino de Dios” (Lc 4,43). Envía a sus discípulos de dos en dos, como signo de comunión y de apoyo para dar testimonio del reino.

Les da poder sobre los espíritus inmundos (v. 7). No es el poder ni el dominio de los poderosos de este mundo, es el mensaje de libertad, amor, vida, compasión. Esto nos exige estar unidos a Cristo. “La primera motivación para evangelizar es el amor a Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más. Nos hace falta clamar cada día, pedir su gracia para que nos abra el corazón frío y sacuda nuestra vida superficial” Esta  vivencia profunda de la oración es la que nos motiva a anunciar con fe y alegría, como nos  recuerda el Papa Francisco: ¡Cuánto bien nos hace dejar que Él vuelva a tocar nuestra existencia y nos lance a comunicar su vida nueva! La mejor motivación para decidirse a comunicar el Evangelio es contemplarlo con amor, es detenerse en sus páginas y leerlo con el corazón” (E.G. 264)

Otra condición para anunciar con alegría la Buena Nueva de Jesús es el desprendimiento (v.9) y la libertad de espíritu. Es dejarnos guiar por el Espíritu de Dios para cumplir la misión de ser una Iglesia profética que expulse los espíritus malos, el pecado de las indolencias, injusticias y falta del respeto por la vida huma que excluye cada vez más a los pobres, como muy bien nos recuerda el pastor Francisco: “Jesús invitó a sus discípulos a vivir hoy lo que tiene sabor a eternidad: el amor a Dios y al prójimo; y lo hace de la única manera que lo puede hacer, a la manera divina: suscitando la ternura y el amor de misericordia, suscitando la compasión y abriendo sus ojos para que aprendan a mirar la realidad a la manera divina”(Homilía 21.1.2018. Lima). La misión de la Iglesia, es anunciar la buena nueva, la liberación integral de todo ser humano. Por eso Jesús les da a sus discípulos el poder de llamar a un cambio de vida, sanar a los enfermos y expulsar a los demonios (v.12-13).

El anuncio del reino es testimonio de vida y una identificación con los más pobres, como lo hizo Jesús; porque la historia humana encuentra su pleno sentido en Cristo (Ef. 1,10).

La Iglesia, sólo será creíble, si es fiel a su misión, abierta a su inserción en el mundo de hoy: "Porque, si evangelizo, no es para mí motivo de gloria, sino que se me impone como necesidad. ¡Ay de mí, si no evangelizara!" (1 Cor. 9,16).

Evangelizar es vocación propia de la Iglesia. “Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa. (E.N. 14)

“Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad: "He aquí que hago nuevas todas las cosas" (2 Cor 5,17)” (E.N.18) (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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