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Solidaridad y pandemiaQuito, Ecuador.- Con el título "Crisis y Esperanza", el Consejo de Presidencia de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana hizo público un comunicado en el que anunció que la iglesia católica ecuatoriana, de acuerdo con los protocolos avalados por el COE nacional, se apresta a pasar a una nueva etapa de reencuentro después del aislamiento social que impuso el Covid-19. Según los obispos católicos, la pandemia deja en el país una "huella de dolor e incertidumbre y, al mismo tiempo, una experiencia muy rica de solidaridad y esperanza".

 En el pronunciamiento se señala que la "crisis sanitaria, económica, política, social y ética que vivimos es grande y ha puesto al descubierto falencias endémicas que nunca fueron afrontadas, con claridad y decisión, tanto en el ámbito de la salud como en el laboral y económico".

Así también expresa que en medio de la incertidumbre y dolor que deja la pandemia por el covid 19, causa  "profunda indignación la pandemia de la corrupción que afecta a nuestra sociedad, incluidas las propias instituciones de salud, en lo que se refiere a irregularidades en las compras de fármacos e insumos (sobreprecios de mascarillas, medicinas, fundas para difuntos y kits alimenticios). Moralmente es un gravísimo crimen aprovecharse de esta dolorosa situación para enriquecerse de un modo fraudulento, lo cual no debe de quedar impune".

A continuación el mensaje íntegro del episcopado ecuatoriano

Crisis y esperanza
De acuerdo con los protocolos avalados por el COE nacional, nos aprestamos a iniciar una nueva etapa de reencuentro después del aislamiento social al que nos condujo el Covid-19. Una realidad que deja una huella de dolor e incertidumbre y, al mismo tiempo, una experiencia muy rica de solidaridad y esperanza.

Crisis
La crisis sanitaria, económica, política, social y ética que vivimos es grande y ha puesto al descubierto falencias endémicas que nunca fueron afrontadas, con claridad y decisión, tanto en el ámbito de la salud como en el laboral y económico.

Hoy, nuestro país afronta un Estado sobre-endeudado, incapaz de cumplir con sus obligaciones en salud, educación, trabajo y seguridad. Dadas las dificultades empresariales y laborales, aumenta el nivel de desempleo, causa de sufrimiento en muchas familias. La crisis alimenticia afecta a muchos de nuestros ciudadanos más empobrecidos.

El sistema de salud, público y privado, sin los recursos suficientes, no estaba suficientemente preparado para encarar este tipo de emergencia (ausencia de camas, UCIS, respiradores, insumos), por lo que el número de contagios y fallecimientos ha sido, lamentablemente, muy elevado.

En medio de tanta incertidumbre y dolor, es causa de profunda indignación la pandemia de la corrupción que afecta a nuestra sociedad, incluidas las propias instituciones de salud, en lo que se refiere a irregularidades en las compras de fármacos e insumos (sobreprecios de mascarillas, medicinas, fundas para difuntos y kits alimenticios). Moralmente es un gravísimo crimen aprovecharse de esta dolorosa situación para enriquecerse de un modo fraudulento, lo cual no debe de quedar impune. Este hecho revela no sólo la codicia humana, sino también hasta qué punto la corrupción está presente en nuestra sociedad y en nuestras instituciones.
 
En el campo educativo, muchas escuelas y colegios particulares y fiscomisionales, especialmente los dedicados a los más pobres, han sido cerrados, incapaces de autofinanciarse; y, como consecuencia, muchas familias se ven privadas de educar a sus hijos según sus convicciones, a la vez que se deja sin trabajo a numerosos docentes y administrativos.

En estos momentos todos nos sentimos frágiles e indefensos ante al avance del virus y de sus dolorosas consecuencias; en muchos ciudadanos crece la desconfianza y el descontento por las realidades indicadas. Necesitamos, sin embargo, enfrentar el momento presente, con decisión y transparencia, en la búsqueda del bien común.  
 
Esperanza
 
La actual crisis no debe de sumirnos en la indiferencia o en la resignación fatalista. Más bien, nos anima a soñar y a trabajar por un Ecuador diferente, democrático y equitativo, que reconozca y respete los derechos fundamentales de los ciudadanos. Una sociedad construida sobre los valores del respeto a la vida y la dignidad humana, la libertad y la equidad, la justicia y la solidaridad, la honestidad y la transparencia.
 
Para que este sueño no sea una utopía inalcanzable es necesario que todos los actores sociales, políticos y económicos, asuman su responsabilidad de forma clara, consensuada y ética, por encima de intereses personales o de partido.
 
Por nuestra parte, como pastores, a la luz del evangelio, seguiremos compartiendo con cada uno de ustedes, sobre todo con los más vulnerables, los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias del momento presente (cfr. GS, 1). Siempre estaremos dispuestos a colaborar en la construcción de una sociedad más fraterna, justa y solidaria, para bien de nuestro pueblo.
 
Expresamos nuestro profundo agradecimiento a todos los profesionales de la salud, funcionarios públicos, policías y militares, trabajadores de la limpieza, empresarios y trabajadores del campo y la ciudad, instituciones civiles y familias, por su entrega sacrificada y solidaria. ¡Juntos podemos salir adelante!  
 
Invitamos a todos los ciudadanos a emprender esta nueva etapa con seriedad, prudencia y responsabilidad. La experiencia de otros países puede ser para nosotros un motivo de esperanza y un ejemplo de respeto a las normas dadas por las autoridades de salud. El cumplimiento de las medidas preventivas (distanciamiento social, uso de mascarillas e higiene) ha sido fundamental para doblegar la curva de contagios. ¡La vida es el don más grande que hay que cuidar!
 
Qué María, la madre de Jesús, que vivió la adversidad con valentía y esperanza, nos acompañe en este singular momento histórico.  
 
CONSEJO DE PRESIDENCIA CONFERENCIA EPISCOPAL ECUATORIANA

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