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La nueva beata nació en Ixtlán del Río, Nayarit, el 7 de julio de 1904 y murió el 22 de julio de 1981 en Roma, Italia, pocos meses después de haber sido recibida por el entonces papa Juan Pablo II, el 9 de diciembre de 1980.

Fue la quinta de ocho hermanos nacidos en el seno de una familia cristiana. A los siete años recibió la primera comunión. Su vocación surgió en 1924, y cinco años después ingresó en el Monasterio del Ave María. En México eran los años de la persecución religiosa derivada de la Guerra Cristera (1926-1929) y el monasterio se había trasladado hasta Los Ángeles, Estados Unidos.

Conocida afectuosamente como “Manuelita”, la monja profesó en el Monasterio del Ave María el 12 de diciembre de 1930, y a partir de entonces pasó varias etapas de vida religiosa hasta emitir su profesión perpetua el 14 de diciembre de 1933.

Su vida enclaustrada duraría hasta 1949. Cuatro años antes sor María Inés Teresa había recibido la noticia de que en Roma se había firmado la autorización para fundar las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, una nueva congregación católica con un ideal contemplativo y apostólico que oficialmente nacería el 23 de agosto de 1945 en la ciudad de Cuernavaca. El 22 de junio de 1951, la Santa Sede avaló la nueva orden religiosa de manera definitiva.

Posteriormente las religiosas extenderían su acción evangélica por diversos países de Asia y África, Estados Unidos y varias naciones de Latinoamérica y Europa. 

La congregación de las Misioneras Clarisas se afianzó aún más el 5 de enero de 1953, cuando la Santa Sede autorizó la formación de las Vanguardias Clarisas, un movimiento laico que se desarrollaría en paralelo a la orden religiosa.

Las misioneras se caracterizan por ser una congregación eucarística, mariana y misionera, que lleva una vida contemplativa-activa, y que tienen como base la adhesión a la voluntad divina, fuente de alegría, y como centro, a Jesucristo.

Profesan los votos de castidad, pobreza y obediencia, y testimonian el amor fraterno “siempre en un espíritu de comprensión y servicio, vividos en amor y paz, siendo la caridad lo que la impulsa a vivir ya no para sí, sino para toda alma necesitada”.

No dejó textos a sus compañeras de congregación, pero sí una labor que permitió dejar creadas 36 casas de misioneras por 14 países del mundo, así como trabajos de misión por sacerdotes en Sierra Leona y México.

Fuente: Zenit

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