La puerta del amor se nos ha abierto y estamos para dejarnos conducir adentro, allí donde está la casa, allí donde está la inmensidad del amor que nos hace instrumentos de amor, de reconciliación, de cercanía y de
liberación.

Voy a abrir caminos en el desierto, y haré que corran los ríos en la tierra árida:

“De su costado salió sangre y agua”. La promesa se hizo y se hace realidad en la pascua, don del Hijo entregado. El agua que fecunda el desierto, que hace brotar vida, es el agua del costado traspasado. Levantado y colgado parece ser un muerto más, pero es más bien la postura de quien, desde lo alto, nos mira y nos abraza. s vida que da vida, es agua que apaga la sed del llamado, del amado.

Todo lo que era valioso para mí, lo consideré sin valor a causa de Cristo: si el Maestro se ha vuelto enamorado, copa el espacio de toda la vida; ya no hay más para las cosas, porque la libertad interior y la opción de quien se ha dejado amar y se ha encaminado a una respuesta de amor es absoluto. Todo es basura frente al enamorado.

Es una semana en la que la dimensión afectiva tiene que llegar a hacerse efectiva en la relación de discípulo, para que el proyecto del Padre, revelado en Cristo, se haga ideal y proyecto del discípulo.

Se retiró al monte de los Olivos.

Siempre que hay un encuentro importante, hay una noche de oración del Maestro, de diálogo con el Padre para fortalecer la misión, para sentirle cercano, para vivir en comunión la iniciativa. Esta vez es en monte de los Olivos, allí donde empezará también la entrega o, quizás, para entender que todo lleva hacia la pascua.

Él, sentado entre ellos, les enseñaba.

Es el Maestro, el que revela y el que comunica. Su enseñanza es fruto de palabras y de obras. El testimonio es una palabra más fuerte que las mismas palabras pronunciadas y aquí se está ofreciendo una palabra de vida, una palabra de amor que da la vida.

Entonces los escribas y fariseos le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio.

Escribas y fariseos son los guardianes de la pureza de la fe y de las costumbres. Su función les ha hecho maestros para detectar el mal, el pecado, pero no han conocido el camino del amor, no llegaron a conocer el Dios que es “rico en misericordia” que propone como solución al pecado el perdón, signo del amor.

Le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.

Moisés nos manda en la ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú que dices?”.
Aquí está su lógica, su conocimiento de Dios, su cumplimiento de la ley. ¿Te ajustas a nosotros y a nuestra ley o vas por otro lado? ¿Dónde está Dios?

“Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra”.

¿Adonde están ustedes? ¿Con qué Dios? Confróntate con Dios antes de querer asumir el papel que solo le corresponde a Dios. Él es el juez, porque Él es el que da la vida. ¿Puedes sentirte libre de pecado frente a Dios? Entonces y solo entonces podrás condenar.

Los acusadores encomendaron a escabullirse uno tras otro, empezando por los más viejos.

Cuando piensas juzgar y condenar, entra en tu corazón, allí donde está Dios y descubrirás que necesitas otra mirada para que tú cambies y así el mundo cambie.

“Tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar”.

La persona no está hecha para el pecado; el perdón vuelve a una vida nueva y renovada. Así es Dios.

social_buttons