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Ciudad del Vaticano, (EVARED) - Benedicto XVI explicó personalmente el miércoles a un grupo de importantes cardenales y obispos los motivos de su decisión de liberalizar la misa tridentina en latín y de espaldas al pueblo, sin necesidad del permiso explícito que la mayoría de los obispos concedían de modo muy restrictivo. La autorización general pretende conservar un rito antiguo que forma parte del patrimonio espiritual de la Iglesia y facilitar la «vuelta a casa» a los seguidores de la Fraternidad de San Pío X, fundada por el fallecido obispo cismático francés Marcel Lefebvre.

El Vaticano informó ayer que durante una reunión del secretario de Estado con «representantes de varias conferencias episcopales» el miércoles para ilustrar los planes, «el Santo Padre se acercó a saludarles y conversó con ellos en profundidad durante una hora». Según el comunicado, «la publicación del documento, que será acompañado de una amplia carta personal del Papa a cada uno de los obispos, está prevista para dentro de unos días, cuando el documento haya sido enviado a todos los obispos del mundo con la indicación de la fecha de entrada en vigor».

Tanto el comunicado oficial como las declaraciones realizadas ayer por el secretario de Estado, Tarcisio Bertone, se refieren al rito tridentino -también llamado de San Pío V o preconciliar- como «el misal promulgado por Juan XXIII en 1962». Según el cardenal Bertone, la carta del Papa a los obispos «explica los motivos para revalorizar y volver a usar la forma litúrgica anterior al Concilio, que es una gran riqueza».

Diálogo con los «lefebvrianos»

A los cuatro meses de su elección, Benedicto XVI abrió personalmente el diálogo con los «lefebvrianos» recibiendo en agosto del 2005 en Castelgandolfo al obispo Bernard Fellay, jefe de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Ese gesto y los sucesivos proyectos para liberalizar el uso del antiguo rito de la misa provocaron inquietud entre algunos obispos franceses, por lo que el Papa convocó en su día una reunión de todos los jefes de dicasterio de la Curia vaticana para afinar el procedimiento.

Aunque es previsible que al principio surjan conflictos entre las preferencias de fieles y sacerdotes sobre el rito en algunos lugares, en medios vaticanos se da por seguro que serán pocos y que podrán ser resueltos con facilidad por los obispos locales. En todo caso, la abrumadora mayoría de los fieles continuará asistiendo a la misa en su propia lengua y según el rito aprobado por Pablo VI, aunque poco a poco se extenderá el uso del rito anterior en determinadas fiestas para los grupos minoritarios que lo deseen.

Fuente: Diario ABC, España

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