Padre Héctor HerreraComentario sobre el Evangelio que se proclama el sexto Domingo de Pascua, C, correspondiente al domingo 26 de mayo de 2019. La lectura es tomada del Evangelio según San Juan 14,23-29

Ama practicando mi palabra

Juan 14,23-29 nos habla de la despedida de Jesús, su amor por nosotros y como guardamos su Palabra para estar en comunión con Él y su Padre: “si alguien me ama cumplirá mi Palabra, mi Padre lo amará, vendremos a él y habitaremos en él” (v. 23). Este amor es comunión, nos invita a salir de nuestro egocentrismo, para experimentar el amor de comunión entre nosotros para crecer en la fe como personas. Su Palabra nos transforma y compromete a vivir en serio el amor a Dios en común unión con los demás.

Nos promete al Espíritu Santo, el Defensor que el Padre enviará en su nombre, nos enseñará y recordará todo lo que Él nos enseñó: amarnos como Él nos amó (v.26), a profundizar su presencia en la memoria de la Iglesia. Es el Espíritu de la verdad, el abogado, el consejero que nos abre los ojos a la presencia de Dios y a descubrirlo en los signos visibles de su amor. Es el Espíritu Santo que nos ayuda a descubrir el amor del Padre como fuente de amor. El que nos mueve a trabajar por la paz hoy más que nunca en el mundo.

“La paz les dejo, les doy mi paz, y no como la da el mundo” (v.27). La paz de Jesús, no se construye en la mentira o injusticias. Se construye en la Verdad, inspirados por el Espíritu. La paz de Jesús no es ausencia de conflictos. Es ser signos de contradicción en un mundo que le falta amor, misericordia y visión de futuro.

“No se inquieten, ni se acobarden”. Jesús nos da por el espíritu la valentía del amor. Él está en quien ama y vive esa comunión con Dios y con los demás. “Si uno confiesa que Jesús es Hijo de Dios, Dios permanece con él y él con Dios (1 Jn 4,15).  Cuando tú amas, echas fuera todo temor. “En el amor no cabe el temor, antes bien, el amor desaloja el temor” (1 Jn 4,18).

Escuchar la Palabra de Dios, es hacerla experiencia práctica en nuestra vida. Es proponer un estilo de vida distinto frente a situaciones inhumanas, contrarias a la dignidad de la persona. Es vivir la fe, amando a Dios, a sí mismos y en solidaridad con los demás, trabajando por una conciencia ciudadana y participativa frente a tanta violencia e inseguridad. Sembrando los valores del amor y del respeto por todo ser humano en la familia, escuela, trabajo, sociedad en general.

“Nuestra fe proclama que Jesucristo es el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre. Nuestra fe en Cristo nos lleva a guardar su Palabra y a contemplarlo en los rostros sufrientes de nuestros hermanos migrantes, niños y niñas víctimas de la explotación sexual, mujeres marginadas, jóvenes sin futuro. Todo lo que tenga que ver con los pobres, tiene que ver con el rostro de Jesús (D.A. 393)

Jesús ha venido precisamente para enseñarnos un nuevo modo de vivir, recrear esta historia: hacer del mundo un espacio de libertad y de comprensión, donde cada uno reconozca el amor de Dios amándose y valorándose a sí mismo. Sólo si amamos como Jesús nos amó, aprenderemos a mirar con una mirada nueva y distinta a las personas. Entonces el amor habrá tocado la puerta de tu corazón y te abrirá una visión distinta de la realidad en que vivimos y nos movemos. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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