La fe: empieza desde el reconocimiento que nuestra historia tiene su punto de partida en Dios. Las primicias no son fin a si mismo, son el signo que manifiesta que desde Dios se constituyó el pueblo y que Dios ha sido el que “sacó de Egipto con mano poderosa y brazo protector, con un terror muy grande, entre señales y portentos”.

Muy a tu alcance, en tu boca y en tu corazón, se encuentra la salvación: la tierra, vida e historia de los hombres, es la casa de la encarnación del Hijo y el lugar de la obra salvadora. El corazón es la instancia de la intimidad y de la fe, “creer con el corazón para alcanzar la santidad” y la boca el instrumento, “sacramento” de la profesión y de la misión, “declarar con la boca para alcanzar la salvación”.

Envueltos por esta atmósfera, podemos adentrarnos en el desierto con el Maestro recordando que somos discípulos y que es el Espíritu el que conduce, después de la experiencia del Bautismo.

Permaneció durante cuarenta días y fue tentado por el demonio.

El simbolismo propio del texto nos recuerda que es el todo de la persona que entra en el desierto, el todo del tiempo y la totalidad del ser humano, cuerpo, alma y espíritu. Unidos a una historia que se actualiza y se hace propia para quien se pone a la escuela del Señor, la totalidad del discipulado nos recuerda y nos envuelve en todo lo que el Maestro nos quiere comunicar. Nada puede cortar la centralidad de la tentación, prueba que nos conduce al comienzo de la historia y de la vida: todo se juega en la confrontación y Jesús es la última y única esperanza para la humanidad, para cada uno.

Cuando se completaron, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan”.

Es uno de los ejes de la tentación: la historia y la vida tienen la dimensión de las cosas, fruto de un proceso de evolución, somos cosas y materia y tenemos la finitud de las cosas y de la materia. Hoy podríamos decir que somos economía y tenemos la finitud de la economía, del dinero. Es como si se nos preguntara: ¿Qué más quieres, más allá de acumular?

Jesús le contestó: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre”.

Hay cosas, hay valores que no se pueden ocultar, somos más que pan, somos más que economía y hay que decirlo porque “muy a tu alcance, en tu boca y en tu corazón, se encuentra la salvación”.

“A mí me ha sido entregado todo el poder y la gloria de estos reinos, y yo los doy a quien quiero. Todo será tuyo, si te arrodillas y me adoras”.

Es cierto, porque el hombre sí lo entregó todo, pero el hombre no es el dueño, es el representante. Cambiar las cartas del juego para hacer caer la verdad es la tentación, “serán como dioses” y el tentador, que es el mentiroso, prueba a cambiar los papeles, a sustituirse y a sentirse patrón y dueño.

Está escrito: “Adorarás al Señor, tu Dios, y a Él solo servirás”.

Quien ha vivido la experiencia del bautismo, “éste es mi Hijo amado, escúchenlo”, no puede que decir, que reconocer y gritar que hay un solo Dios y “a Él solo servirás”.

“Si eres el Hijo de Dios, arrójate desde aquí”.

Jugar con la religión es jugar con un Dios que ha sido y es tan comprometido con nosotros al punto de entregar a su Hijo. Dios no juega con nosotros.

También está escrito: “No tentarás al Señor tu Dios”.

No hay como cambiar las cosas, Dios es uno y Él es garantía de salvación.

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