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SIGNIS ALC

10 agosto 2021

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“La vida merece vivirse”

“La vida merece vivirse”

“La vida, que a veces parece el más grande de todos los dones, y en otras, el más pesado y triste de todos; La vida, que se introduce con un grito y se despide con un gemido; La vida, aquello que más conocemos y que menos conocemos”. Mons. Fulton Sheen, «La vida merece vivirse», 1954.

 

Un concepto cristiano fundamental es que la vida solo está en manos de Dios y no en las manos de cualquier persona. Reflexión oportuna ante la crisis de valores que experimenta el mundo, en medio de los cuales la vida pierde cada día importancia. Da la impresión de que «la vida no vale nada». Inclusive se olvida el mandato constitucional que garantiza el “derecho a la inviolabilidad de la vida. No habrá pena de muerte”, en el artículo 66, numeral 1, que se complementa con el artículo 45, que expresa que “Las niñas, niños y adolescentes gozarán de los derechos comunes del ser humano, además de los específicos de su edad. El Estado reconocerá y garantizará la vida, incluido el cuidado y protección desde la concepción”.

 

En realidad, la vida de las personas está permanentemente amenazada, ya sea por violencias físicas, sicológicas, económicas, laborales, culturales, religiosas…, que les someten a vivir con miedo y zozobra de sufrir cualquier agresión, asalto o inclusive ser asesinados. Esta inseguridad integral que vive la población contradice los dictámenes constitucionales y legales. Las diversas situaciones dolorosas y cargadas de pavor que, hoy por hoy, suceden en el país y son noticia de primera plana, van más allá de todo entendimiento. Lamentablemente, la pena de muerte parece haberse instalado en nuestra sociedad.

 

Los asesinatos en las cárceles, producto del enfrentamiento entre bandas, arrojan lamentables estadísticas: en lo que va del año son casi un centenar de personas privadas de libertad que han muerto en manos de otros reclusos. ¿Quién manda en las cárceles?, ¿Cómo consiguen armas letales e instrumentos de comunicación, teóricamente prohibidos?, ¿Por qué se les recluye entre enemigos?

 

Lo que sucede en las cárceles no es aislado, vemos con horror el incremento del sicariato, el ajuste de cuentas, el enfrentamiento por zonas para dominar el negocio mortal de la droga. Los noticiarios presentan los asesinatos en diferentes ciudades del país y casi siempre quienes cumplen con estos hechos de sangre dictados por los líderes de pandillas o capos del narcotráfico –desde la cárcel o fuera de ella– son jóvenes. Esto golpea más nuestra consciencia.

 

Debe también preocuparnos los casos de reos que se «han suicidado» al interior de las prisiones en Cuenca, Quito, Latacunga. ¿Coincidencia, suicidios, ajusticiamiento de cuentas?… es necesario encontrar una respuesta.

 

Estos y otros hechos de violencia tienen un origen multicausal: estructural como la pobreza, represión, falta de educación, crisis económica, deterioro político, alineación, drogas, alcoholismo…; directa que es verbal, psicológica, intrafamiliar, física…; cultural desde las ideas, la comunicación, los antivalores, la tradición…; y simbólica en los actos o rituales que reconocen a la violencia estructural y directa.

 

Ante la cultura de la muerte, es necesario recordar que «el primer derecho de una persona es su vida» expresó el Papa Francisco en el 2013 y precisó que “la atención a la vida humana en su totalidad se ha convertido en los últimos tiempos en verdadera prioridad del magisterio de la Iglesia”, y así es como debe ser para todos. Es prioritario pasar del «conocer para comprender», al «conocer para transformar» y llegar al «conocer para neutralizar» la violencia, y construir Justicia y Paz.

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Carta semanal de la Comisión Ecuatoriana Justicia y Paz, No. 92 – 8 de agosto 2021

Con los ojos fijos en Él, en la realidad y la fe