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15 agosto 2021

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Evangelio Dominical: Pan de vida eterna

Evangelio Dominical: Pan de vida eterna

Comentario dialogado sobre el Evangelio que se proclama el vigésimo domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B, correspondiente al domingo 15 de agosto de 2021.  La lectura es tomada del Evangelio según San Juan 6, 51-58.

 

“Yo soy el pan vivo bajado del cielo”

 

Jesús dice cosas muy asombrosas a los judíos en este evangelio. ¿Cómo los preparó antes de que las escucharan?

 

Esto les dijo después de dos milagros muy llamativos: la multiplicación de los panes, en que alimentó a cinco mil hombres, y después de que Jesús caminó sobre el agua.

 

Y Él aprovecha este momento glorioso para decir:

 

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”.

 

¿Cómo reaccionan los judíos ante un mensaje tan fuerte?

 

Murmuraban contra Él: “¿Cómo puede Él decir: “Yo soy el pan vivo”? Si su padre es José (v. 42) – un carpintero normal y corriente – no un panadero de pan celestial. Y ¿cómo puede Él darnos a comer su carne?”. Y le piden una señal, que demuestre que Él es ese pan vivo. Así como Moisés hizo que todas las mañanas apareciera el maná durante 40 años en el desierto, exigen que Jesús haga algo similar. Jesús responde:

 

-“Los que comieron el maná murieron. El que come este pan vivirá para siempre”.

 

 ¿Por qué quiso Jesús compararse con el pan?

 

1- El pan es algo sagrado. Los pobres lo saben. En muchas partes de América Latina es también el maíz, el casabe. <Cuando yo era pequeño, en mi casa no había mucho que comer, y se apreciaba mucho cada trozo de pan. Cuando se caía un pedazo de pan al suelo, mi mamá me lo hacía recoger con mucho cuidado, me decía que lo besara, pues el pan es un regalo de Dios, que no podemos despreciar. >

 

2-Además Jesús se comparó con el pan, porque los dos mueren para dar vida.

 

El pan empezó con un grano de trigo metido en la tierra, en la oscuridad.

 

Jesús recuerda: “Si el grano de trino no muere, no da fruto”.

 

Allí germinó, y de él brotaron espigas de trigo. Pero estas espigas tuvieron que ser segadas. En ellas se hallaban nuevos granos de trigo, que tuvieron que ser triturados, amasados y cocidos para llegar a ser un pan compartido, que da la vida a los demás.

 

Así es Jesús: Fue perseguido por los judíos, que no creyeron en su Palabra, en su Sabiduría, que no querían comer del PAN que Él les ofrecía. Pero, a pesar de todo, Jesús siguió su misión de ser pan, compartido por los demás, entregado por la vida del mundo, dado para dar vida a todos.

 

Él murió y fue sepultado bajo tierra. Pero Él resucitó y nos da nueva vida divina.

 

¿Por qué se llama Jesús pan ‘vivo’?

 

Primero, porque Jesús da la vida. Jesús es el pan de la vida. Él me alimenta con su Palabra, con su Sabiduría, con su ejemplo de amor. Más aún, Jesús me invita a ser un “pan” como él, para los demás, sobre todo para los que están a mi alrededor.

 

Pero, sobre todo, Jesús es el pan de la entrega. Jesús se entrega a la muerte por nosotros. De esa forma nos comunica la misma vida de Dios. Y Él ha querido que podamos comulgar y recibir su cuerpo en la eucaristía de pan y vino para alimentarnos también con su carne y con su sangre.

 

De esa forma nos unimos a Él en esta entrega, que Él hace para la vida del mundo.

 

A veces se dice de alguien: “Es tan bueno como el pan”. ¿Es así Jesús?

 

El pan es comida familiar. En casa no habrá comidas exóticas, pero estará el pan o el maíz preparado con amor, es el maíz de la familia, de la mamá, del papá, de la igualdad, del servicio mutuo, de la comunidad, de la alegría, de la sinceridad.

 

Nosotros, reunidos, formamos el pueblo de Dios y compartimos los dones que Dios nos da para el viaje de la vida. Nosotros necesitamos amor verdadero y hermanos verdaderos con los que reír, llorar, rezar…Podemos tener lo mejor de todo lo que existe, pero si no nos sabemos amados por Dios y los hermanos, nos secamos y morimos.

 

Cuando comemos el cuerpo y bebemos la sangre de Cristo junto con otros, nos hacemos un poco más cristianos, es decir, más hermanos.

 

¿Hay ejemplos en la Biblia de alimentos de sabiduría?

 

  • Primero, el profeta Ezequiel ‘comió el rollo’ de papel de entonces, donde estaba escrita la Palabra de Dios, que él debía anunciar a la casa de Israel. Y, al comerlo, él experimentó un sabor dulce como la miel (Ez 3, 1-3). El salmo 19 (18) (v. 11) dice también: “Los mandatos del Señor son más dulces que la miel

 

  • Segundo, en Isaías 55 la Palabra desciende de la boca de Dios como lluvia y nieve, regando la tierra y posibilitando su producción de pan (v. 10).

 

  •   Tercero, a menudo las Escrituras se refieren a la salvación de Dios como comida y bebida.

 

Así que, ¿hay relación entre Palabra y Carne?

 

En el Prólogo del evangelio de S. Juan se dice: “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”. La Palabra es Jesús, que se hizo carne en Belén, en Egipto y en Nazaret. Y Él se hizo alimento de todos por la fe en la Última Cena.

 

Eso ocurre también en la Misa o Eucaristía: comenzamos con la Palabra, que está en las primeras Lecturas y en el Evangelio, y seguimos con la Consagración del pan y del vino, que se convierten en el Cuerpo y Sangre de Cristo, que recibimos en la Comunión.

 

Los primeros cristianos decían: «no podemos vivir sin celebrar el día del Señor».

 

¿Por qué era tan importante para ellos el día del Señor, es decir, el domingo?

 

Cuando celebramos el día del Señor y compartimos su mesa, nos comprometemos a mejorar nuestras vidas, crear unidad, compartir nuestro pan, amar a los hermanos, especialmente a los más necesitados, luchar por la justicia y la paz, abrir nuestros corazones a todo lo que es bueno, discernir la sabiduría de la propaganda…

 

José Martínez de Toda, S.J. (martodaj@gmail.com)