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La hostilidad que provoca en Mons. Juan Luis Cipriani cualquier situación que escapa de su control o que desafía su limitada comprensión de la realidad peruana y eclesial, es suficientemente conocida como para recurrir a ella y argumentar en favor de mi profesor, amigo y colega Eduardo Arens. Además de sus conocidas rabietas, rociadas de lenguaje grosero que ponen en situación embarazosa a la Iglesia peruana y a sus propios cofrades del Opus Dei, son también ampliamente reconocidas las ambiciones de poder que conducen a Cipriani a actuar de modo arbitrario, arrogante y caprichoso, como lo prueban multitud de sacerdotes y religiosos que se han visto obligados a emigrar de la Arquidiócesis de Lima, porque los ha despojado de casas de retiro y parroquias. Está de más recordar que la ambición máxima del purpurado es asumir el control absoluto de la Universidad Católica, deseo que se ha visto frustrado por la acción eficaz de nuestra primera casa de estudios. Pero todo esto no sería más que fruto de un dudoso exceso de celo, comprensible en un arzobispo de escasos recursos teológicos y torpeza pastoral si es que además Cipriani no hubiera sido un permanente obstáculo de las investigaciones al régimen dictatorial y corrupto de Fujimori, un decidido enemigo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación y un obcecado enemigo de la defensa de los derechos humanos .

Destruye lo que no comprendes, parece ser el lema pastoral del cardenal Juan Luis. Sus berrinches acompañados de improperios, que son bastante conocidos y divulgados sotto voce por los temerosos clérigos que lo rodean, se han dirigido de modo sistemático contra cualquier teología que exija un mínimo de esfuerzo intelectual. Un razonamiento complejo que requiera comprender dos proposiciones antes de arribar a una conclusión parece que desafía la simple fe del pastor y pone en figurillas a sus asesores teológicos. Cipriani se ha convertido en la Iglesia peruana en un alma gemela del general Artola de los años de la dictadura militar; prueba de esto es que en los corredores del palacio arzobispal y la Facultad de Teología circulan varios chistes sobre el escaso cacumen del mitrado. Por otro lado esto no tuviera nada de objetable si sólo se tratara de desinformación teológica o una simple deficiencia de formación, después de todo el razonamiento teológico es deseable pero no es causa eficiente para lograr la santidad ni para el ejercicio de pastor. Sin embargo, incapacidad teológica y ausencia de humildad, sí son una combinación fatal, deplorable en los llamados príncipes de la Iglesia.

Ya que la situación actual de la exégesis católica exige comprensión de la complejidad de la Sagrada Escritura, espíritu orante para estar en sintonía con la Palabra y una vasta información respecto de los documentos que emanan de la Pontificia Comisión Bíblica, requisitos que no están al alcance de monseñor Cipriani, no es de extrañar que sus temores y ansiedades se hayan dirigido desde hace más de una década al primer biblista del Perú, el padre Eduardo Arens, sacerdote religioso marianista, doctor en teología bíblica en la Universidad de Friburgo y destacado miembro de diversas asociaciones internacionales de biblistas. El recorrido intelectual y la integridad moral del padre Eduardo son tan reconocidas en el mundo eclesial peruano y más allá de nuestras fronteras, entre los religiosos y laicos estudiosos de la Biblia como la dureza de mente y corazón del cardenal de Lima. Eduardo Arens ha influido positivamente en la formación teológica de numerosas generaciones de religiosos y sacerdotes que hoy día ejercemos la docencia y diversidad de ministerios en la Iglesia peruana, que ha encendido los celos cardenalicios al punto de despojar a Eduardo de la missio canonica, es decir del permiso para enseñar. Una comunicación de agosto del presente año al Instituto Teológico Juan XXIII de Lima, donde Eduardo Arens es profesor principal de Biblia, ha sido el manotazo que Cipriani ha lanzado al religioso marianista, afirmando que no le concederá el permiso de enseñar de forma tajante y definitiva. Esta orden cuidadosamente protegida por las discretas autoridades de esa institución, no podía mantenerse más tiempo en secreto porque el Instituto Teológico Juan XXIII es una institución dependiente de los superiores religiosos que envían a estudiar a sus jóvenes a tal centro teológico y por medio de estos provinciales conozco no sólo la inminente prohibición de enseñar a Eduardo sino además a otros dos expertos profesores.

La campaña de Cipriani contra Eduardo no tiene sólo carácter doctrinal. ¡Qué saludable sería para el mundo teológico limeño un diálogo de un arzobispo preocupado por la ortodoxia y de un biblista que desgrana las riquezas de la Palabra de Dios, esto llenaría los balcones de la Plaza Mayor de Lima! Pero es imposible de esperar esta actitud dialogal en Cipriani cuya única herramienta pastoral es la amenaza y que jamás se atrevería ni siquiera a poner por escrito las razones teológicas por las que se opone con tanta saña a un teólogo. En el fondo la enemistad del cardenal con Eduardo hunde sus raíces en la ambición. Se debe a que, como sacerdote marianista, Arens predica en la parroquia de Santa María Reina, cuya audiencia incluye a un poderoso sector económico y político de la ciudad y a muchas otras personas que, aunque ya no viven entre San Isidro y Miraflores, acuden a la misa de Eduardo desde otros barrios igualmente ricos, porque prefieren el estilo directo, franco y agudo de Eduardo que dista mucho de los aburridos sermones de corte moralista y reprochador, que cada vez son más frecuentes en Lima, incluidos los del señor cardenal. La predicación de Eduardo es sobre todo humana y recurre al Evangelio para iluminar la vida común de los fieles y animarlos a practicar la fe más allá de los reclinatorios de la iglesia ¿Qué podría incomodar más a Juan Luis que el padre Arens tenga como auditorio a la clase social que más apetecen controlar el Opus Dei y otros grupos afines por medio de su jerarca? ¿Enrojecerán las mejillas del cardenal, como su vistoso traje, cuando escucha los sermones que hace grabar por sus espías en Santa María Reina, al comprobar la integridad de Eduardo quien se dirige a los poderosos de la ciudad después de ejercer una labor ministerial en los pueblos jóvenes de Lima? Algunos allegados me han comentado que el retiro de la missio canonica a Eduardo Arens fue un viejo anhelo del cardenal quien ha afirmado que no le permitirá enseñar “mientras sea arzobispo de Lima”. Es obvio que Juan Luis no conoce lo que es la conversión, porque si actuara pastoralmente dejaría por lo menos la oportunidad de una futura corrección y reconciliación. Pero es obvio que aquí se trata de iras no santas.

He comentado con muchos amigos y amigas que tienen autoridad en la Iglesia peruana de la triste situación que los jóvenes religiosos y seminaristas van a experimentar el próximo año si se le cierran las puertas de las aulas a nuestro más ilustre biblista. Eduardo ama la enseñanza pero sobre todo detesta la mediocridad y nunca va a dejar de ser una presencia incómoda para todos los que se contentan con verdades de conveniencia y prefieren no enojar a los jerarcas de turno. Mis amigos y colegas han demostrado simpatía por Eduardo y vergüenza por las herramientas a las que recurre la máxima autoridad de la arquidiócesis de Lima. Pero también ellos me han explicado que si se oponen públicamente a las medidas autoritarias del cardenal, se exponen a sufrir las mismas consecuencias y poner en peligro su permanencia en el territorio de la arquidiócesis de Lima lo que pondría también en vilo las numerosas obras sociales, en particular la educación, salud y alimentación de los más pobres. ¡Qué lástima que el temor sea el único sentimiento que provoca un pastor sobre su grey!

Si Cipriani estuviese convencido que Eduardo está equivocado teológicamente se preocuparía por ayudarlo a corregir sus errores, pero esta jamás ha sido su actitud, a pesar de que Eduardo solicitó por diversos canales la posibilidad del diálogo. Más bien ha planificado destruir a la persona y no combatir con razones la incómoda predicación en el templo o en las aulas. Así se ha hecho merecedor del reproche del profeta Ezequiel a los pastores perversos: “No fortalecen a las ovejas débiles, no curan a las que están enfermas, no vendan a las que están heridas, no traen a las descarriadas, ni buscan a las perdidas, sino que las dominan con dureza y crueldad” (Ez 34,4). Ya no vivo en Lima, si no pegaría con cinta adhesiva esta carta en la puerta de la catedral. Para mí, como religioso peruano, una prohibición a otro religioso sin mediaciones dialogales no es sólo un insulto a la inteligencia, también es un acto contrario a la dignidad de la vida religiosa.

Convoco a la multitud de exalumnos de Eduardo, muchos de ellos en posición de importancia en la Iglesia peruana, que expresemos de todos los modos posibles nuestro rechazo a las actitudes intransigentes e infantiles de quien anhela con tantas ganas llegar a ser el Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, cargo que sus hermanos obispos han visto imprudente dejar en manos de tan irascible prelado. Cipriani suele esgrimir el argumento que si se le critica a él, se critica a la Iglesia. No. Esta carta no es de crítica a la Iglesia, es de crítica a un pastor con nombre propio y sólo está en esa posición por un fatal error.

Hugo Cáceres Guinet, cfc

Fuente: ecleSALia 19 de noviembre, de 2009

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3 comments

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Anónimo
Jue, 12/03/2009 - 06:25

La famosa vida en comunidad, es un viejo ideal que se forjó en los primeros años del cristianismo siguiendo el mensaje de Cristo que nos habla de amor, perdón y humildad entre todos los hermanos y eso sí que es un milagro portentoso, debido a que la naturaleza humana hace muchas veces de la vida en comunidad una verdadera olla de grillos y nuestro clero siempre ha sido muy enfático en señalarnos a los laicos la importancia de esta unidad entre los fieles, sea en la familia o en el centro de labores, lugares que no son menos complicados que una comunidad religiosa o un seminario. Pero ¿acaso no pueden ponerse de acuerdo sin llegar a hacer notorias sus disputas?, es obvio que siempre la convivencia humana trae sus roces y fricciones, pero lo que sí está mal es querer fraccionar la ya rajada situación, tratando de poner a unos contra otros con tal de hacer más sonado mi punto de vista por desavenencias con el contrincante y peor aún convertirnos en periodistas chichas ventilando aquí y allá lo sucedido.
Por ello declaro abiertamente que no está bien:
1.- Escribir una serie de adjetivos y epítetos ofensivos en contra del cardenal Juan Luis Cipriani, no porque se trate de él, total, monseñor a veces se fue de boca con fuertes declaraciones y nadie con más de dos dedos de frente avala eso, sino porque no es propio de un príncipe de la Iglesia y porque no podemos hacer lo mismo de lo que a él se le critica -seríamos unos tremendos fariseos si lo hacemos-, lo digo sobre todo porque él representa en su investidura a la cabeza visible de la Iglesia Católica peruana como representante de Cristo en esta tierra, nos guste o no.
2.- Nadie tiene el derecho a calificar a otras personas etiquetándolas con un afán separatista, ¿sino por qué poner etiquetas?, por ello no es cristiano decir que Juan Luis Cipriani es “un alma gemela del general Artola”, como también no es cristiano decir que el padre Eduardo Arens, es “rojo” (en alusión a su compromiso con la Teología de la Liberación) de modo segregacionista y condenatorio, ¿acaso el hecho de opinar algo, sea a favor o en contra de la CVR o los militares, te hace malo o perverso?, tus opiniones pueden ser debatibles, pero ¿acaso eso te convierte en santo o demonio?
Buscar la verdad de las cosas es apasionante y si hay cosas positivas y razonables en tirios y troyanos, no dudaré en resaltarlas en esta web, pero nadie me puede calificar de paria o mal cristiano por el hecho de conocer y compartir vivencias con Juan Luis Cipriani o con Gustavo Gutiérrez, a los cuales conocí en persona y de los cuales tengo buenos recuerdos y la mejor de las impresiones.
3.- Realizar generalizaciones es odioso y tendencioso y aquí creo que yerra Cáceres Guinet por exceso al decir: “Qué podría incomodar más a Juan Luis que el padre Arens tenga como auditorio a la clase social que más apetecen controlar el Opus Dei y otros grupos afines por medio de su jerarca”. He leído con atención otros escritos de Cáceres y pareciera que algo le han hecho o algo le debe el Opus Dei a él, y es que para empezar Juan Luis Cipriani no es el Opus Dei, es sólo un miembro y si él comete algún error yo no puedo andar por ahí diciendo que tooooodos en el Opus Dei cojean de lo mismo, así como sería muy torpe decir que tooooodos en la congregación marianista piensan igual que Arens y deberían ser sancionados.
Creo que se equivoca en este tipo de visión de las nuevas realidades eclesiales, porque en vez de fomentar la unidad de la iglesia católica peruana sólo genera una separación basada en un tópico clasista, es decir la cantaleta esa de ricos y pobres o de izquierda y derecha, en todo caso hay que tener bastante sentido común para saber convivir con todas las posturas y tener la valentía de defender las convicciones propias sin necesidad de códigos separatistas, vengan de donde vengan.
4.- La labor teológica es encomiable y de ésta se desprende la acción pastoral, por eso el papa Benedicto XVI desde sus primeros escritos, remarcó la importancia de la independencia intelectual del teólogo que esté sujeta a la búsqueda incansable de la verdad y a desarrollar su aplicación práctica en la realidad de los casos concretos -principio universal de toda ciencia-, pero quieras o no, hay límites de conformidad por ser materia resuelta en las que se debe obediencia, temporal o perenne. Tal vez se podría tener una apreciación personal y particular sobre alguna cuestión pero de allí a hacer extensiva esta idea a los demás por encima de la obediencia correspondiente constituye sin duda en una falta grave de humildad.
Las misas del padre Eduardo Arens en la iglesia María Reina (Ovalo Gutiérrez – Miraflores) siempre fueron intensas y en ellas se reflejaba su profundo conocimiento de la Biblia y sus habilidades retóricas. Todos recuerdan sus homilías muy aterrizadas en la realidad nacional que siempre concluían con tareas o propósitos de acción para la semana que empezaba, pero otra cosa es predicar homilías en las que se ponga en duda la virginidad posterior de la Virgen María (y eso que es marianista) o en las que se justifique la ordenación sacerdotal femenina.
El tema de fondo de la suspensión sería esta forma de propalar sus convicciones particulares a los fieles que no cuentan con formación religiosa además de enseñar eso en el Instituto Teológico Juan XXIII y en otras casas de estudios en las que se forman a los futuros sacerdotes y religiosos(as) del Perú, sin embargo el distractor sería decir que lo suspenden porque “se enfrenta a los poderosos y está con los pobres”. Esto puede ser cierto, el padre Arens puede tener un marcado compromiso social con los sectores más deprimidos de la sociedad peruana y un discurso de denuncia social siempre hace falta en un país como el nuestro, pero creo que sus problemas empiezan con sus opiniones teológicas que son sólo eso: opiniones o sea “opinables” y no necesariamente “enseñables” si es que no cuentan con el permiso correspondiente, ¿tanto cuesta aceptar eso?, total el obispo de Lima tiene todo el derecho de otorgar o negar el permiso de enseñar teología en conformidad con el magisterio de la Iglesia Católica y el padre Arens lo sabía muy bien.
5.- Si los motivos reales del retiro de la missio canonica del padre Arens radican en el supuesto celo y envidias del cardenal Juan Luis Cipriani, al final de sus días el Señor lo juzgará por ello, al igual que al padre Arens, a Cáceres Guinet y a mí. Mientras tanto sólo nos queda reafirmarnos en nuestros compromisos cristianos -desde el carisma que nos corresponde- y orar mucho en este año sacerdotal por nuestro cardenal Juan Luis Cipriani, para que sea cada vez mejor pastor y también por el padre Arens y su labor religiosa porque se trata sin dudas de uno de los mejores biblistas del país.
¡¡¡¡No más divisiones en el seno de la Iglesia Católica!!!!
Así sea.

www.tomasalvira.com

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Anónimo
Jue, 12/31/2009 - 03:30

Fieles a la Iglesia, fieles a sus pastores... Viva Cipriani.

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maximo
Lun, 09/17/2018 - 12:48

Mi apoyo incondicional al padre Eduardo Arens,desde que conoci uno de sus libros : El humor de Jesus y la alegria de los discipulos me causo mucha alegria porque me hace comprender muy intimamente a ese Jesus humano; hay tanto que compartir con el padre Eduardo que quisiera invitarlo a mi parroquia Nstra Sra. de la Asunta en el distrito de cerro colorado Arequipa pero no en la misma parroquia sino en un anexo en la periferia del aeropuerto Rodriguez Ballon el templo lleva el nombre del santo chileno San Alberto Hurtado y necesitamos a gritos tener ese tipo de encuentros que muy bien tambien lo necesita todo el Peru. A ver espero su respuesta. Paz y Bien...!

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