Nov 23 2008

¿Por qué, Señor, nos has permitido alejarnos de tus mandamientos y dejas endurecer nuestro corazón hasta el punto de no temerte? Vuélvete…

El que viene y el que está; no hay una diversidad de persona, sino una conciencia de presencia y de encuentro, no percibir su presencia es vivir sin Él, es tener un corazón de piedra incapaz de comunión, es ser esclavos de una cultura de individualismo, es pensar de no necesitar de Dios. “Vuélvete” Señor, te necesitamos para entendernos, te necesitamos para sentirnos hijos, te necesitamos para sentirnos y hacernos hermanos.

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Esto dice el Señor Dios: “Yo mismo iré a buscar a mis ovejas y velaré por ellas… yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carneros y machos cabríos”.

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Son engañosos los encantos y vana la hermosura; merece alabanza la mujer que teme al Señor.

¿En que ponemos nuestra mirada, en las apariencias o en lo interior? El temor de Dios es certeza de relación, de mirada hacia la fuente de la vida, en el referente de nuestras decisiones. La mujer, en comunión con su marido hace uno, manifiesta la socialidad del ser humano y la complementariedad propia de quien descubre así que no puede ser sin la comunión con el otro. Hacer uno es hacer propio, es asumir el proyecto de vida y realizarlo en conjunto.

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Esta agua van hacia la región oriental… entrarán en el mar de aguas saladas y lo sanearán.

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Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; alegrémonos y gocemos con la salvación que nos trae.

Todos los espacios de la tierra son espacios de Dios, para Él no hay espacio ajeno o lejano de su mirada y de su presencia, porque todo es suyo. Es presencia permanente que expresa su ser de creador y de quien mantiene permanentemente el don de la vida; desde Él, con Él y hacia Él, este es el camino de realización humana.

A los que murieron en Jesús, Dios los llevará con Él.

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El Señor del universo preparará sobre este monte un festín con platillos suculentos para todos los pueblos.

La disposición del Señor es para todos, en Él no hay acepción de personas porque todos son sus hijos. La paternidad revelada, entendida y acogida es razón de fiesta. No hay nada más que responder a la invitación para ser parte del banquete, un banquete que es don del Padre y que produce comunión. ¿Será que seguimos abiertos a la invitación y felices de responder?

Todo lo puedo unido a aquel que me da fuerza.

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La viña del Señor es la casa de Israel.

El tema fundante de nuestro creer es el amor que Dios nos tiene. El profeta canta al “amado”, una relación que marca la conciencia y el estilo propio del discípulo ya que la viña era el pueblo de Israel y ahora es la Iglesia. El amor se manifiesta a través de obras que expresan y dicen la verdad de las palabras y son canales de comunicación entre Dios y el pueblo. La historia de la relación entre Dios y su viña es una historia de un amor desatendido y traicionado.

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Cuando el pecador se arrepiente del mal que hizo y practica la rectitud y la justicia, él mismo salva su vida.

Si el mal es camino de muerte, el arrepentimiento es fruto de necesidad de cambio y de disponibilidad a dejar actuar al Señor en nosotros. Reconocerse pecador es el primer paso para llegar a la conversión. Dios no se conforma con la muerte del pecador, por eso está siempre atento con su gracia para ayudar a la conversión que abre al perdón y a la vida.

Tengan los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús.

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Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar, invóquenlo mientras está cerca.

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Perdona la ofensa a tu prójimo, y así, cuando pidas perdón se te perdonarán tus pecados.

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