Abr 20 2009

Dios no es dios de Jerusalén, de Palestina o de Roma, no; es Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob… o sea se define por su relación con las personas a las que ha dado la vida, a las que ha llamado a un diálogo constante y profundo, a las que ama y protege frente a los dramas del dolor y de las enemistades.

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¿Cómo definir a un cristiano? ¿Cuál es el referente para saberse y sentirse cristiano?

Es importante tener claro el tema ya que la Iglesia es camino de salvación. Es preciso saber que el pertenecer a la Iglesia no se mide solo por la recepción del bautismo y de los demás sacramentos; éstos son momentos de gracia que construyen la comunión de amor con el Señor, son instancias sin las cuales resulta muy difícil conocer y entender al Señor, son oportunidades que no hay que perder, pero lo que define el ser es el estilo global de la vida.

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Abr 18 2009

Podemos confrontar nuestra idea de Dios con el Dios que se ha revelado en Jesús. ¿Será el mismo Dios?

El dios nuestro, digo nuestro porque es el mío, el tuyo y el de los cristianos en general, está construido sobre nuestros criterios y valores:

. la justicia como la entendemos nosotros es la de Dios.

. es un Dios que ama a los buenos y castiga a los malos.

. los criterios de su juicio son el cumplimiento cultual y la oración.

. bendice a los buenos y apoya el crecimiento de la riqueza y su libre gestión.

Abr 12 2009

El testimonio pasa por un estilo de vida que recoja la enseñanza y el modo mismo de vivir del Maestro. No podemos olvidar que lo que más inquieta al ser humano es la muerte, es allí donde Jesús da la respuesta más honda y verdadera. La muerte inquieta la misma vida, la resurrección da una razón al compromiso cotidiano: vale vivir porque somos amados y somos capaces de amar, vale vivir porque el amor es más que la muerte. La tumba vacía deja de ser la conclusión de la vida sino el vientre materno donde se va construyendo una nueva vida de eternidad.

Abr 11 2009

La resurrección de Jesús es la razón fundamental de la fe, una fe que no puede ser desencarnada sino que pone su atención en el Cristo, el Dios encarnado, muerto y resucitado, pero, al mismo tiempo, una fe que supera los signos de la naturaleza.

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El centro de la fe es dado por la resurrección del Señor, hecho sustentado por el testimonio de los discípulos y, al mismo tiempo, misión de la Iglesia. Ser testigos no se reduce a unas palabras ni tampoco a un buen ejemplo, es algo más hondo y comprometedor: si no has encontrado a Cristo vivo que te ha conducido de la muerte del pecado a una vida nueva en Él, tus palabras solo quedan en el aire y tu ejemplo no tiene fundamento. Pasar de la muerte a la vida, hacer que no puedas ya nada más sin Él, eso es testimonio de resurrección.

Abr 5 2009

Estamos ya en la Pascua, el momento cumbre del Evangelio y de la historia, del Evangelio porque aquí encontramos la revelación más honda y definitiva del Hijo de Dios, Palabra hecha carne, y de la historia porque desde aquí se abre la posibilidad de una nueva Alianza y de un futuro de vida. Aquí encontramos el gran signo del amor porque “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos” y, mirando al que es condenado a una muerte de cruz, descubrimos el don más grande. Con Juan hacemos una lectura de la muerte partiendo de la resurrección.

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Estamos entrando en el misterio pascual. No se trata de un recuerdo sino de una actualización; hoy es la pascua ya que el tiempo es todo y siempre un “hoy” de la acción del Hijo de Dios. La eucaristía es el Sacramento de la pascua, signo y realidad de la entrega que “diviniza” quien abre la puerta de la vida a la presencia del Señor.

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Si hacemos una lectura histórico-sociológica del tema de la cruz, solo llegamos a entenderla como el suplicio más cruel, reservado a los esclavos, a los bandidos, a los delincuentes más violentos, sería la destrucción de la misma dignidad de la persona.

Los cristianos nos decimos seguidores de un Crucificado. ¿Es algo racional?

Estamos cerca del momento decisivo y solo el Hijo único se encamina con claridad, más todavía tiene claro el panorama que “levantado, atraerá a todos”. Pero la muerte es siempre tentación y drama: “¿Qué le voy a decir a mi Padre?”. ¿Será que el Padre conduce hacia este momento, el momento de la muerte? Las noches pasadas en oración han conducido a la comunión y a la certeza que el Padre es la fuente de la vida, Él no puede conducir a la muerte como conclusión del proyecto, Él conduce a la resurrección y no puede haber resurrección si no hay muerte, muerte como don de amor.

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