Reflexiones sobre la lectura del evangelio correspondiente a cada domingo.

Mar 15 2007

Sangre: Elemento decisivo en la celebración: asegura la fecundidad de la grey y aleja las fuerzas malignas. Es signo de la vida.

Pan ázimo: es el comienzo de la cosecha de la cebada.

Cordero - sangre – jambas – pan ázimo = liturgia y fiesta. Memorial. Es ofrecido a, por y para la salvación.

Representación de la cena original.

Fidelidad en la transmisión – celebración.

Pan y vino, cuerpo y sangre: comunión y sacrificio. presencia y entrega. vida y persona.

Mar 15 2007

Llegada la hora de cenar.

Es momento decisivo porque, por fin, “llegó la hora”, el tiempo esperado, la meta de la encarnación y de todo el tiempo de espera. Lucas une José con Adán, o sea es toda la historia que llega a “su hora”. Es como la jornada que, al atardecer, se hace comida en la cena. Esta es una cena importante, es decisiva ya que sintetiza la historia.

“Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer”.

Un camino que nos lleva a la Pascua; desde la llamada del Maestro y con Él, actualizamos el camino del desierto, experiencia fundante de la fe de los hebreos y punto de partida de la vida pública de Jesús.

Parece ser un rechazo a la dimensión humana e histórica de nuestro ser, pero no es así, cielo y tierra se han encontrado. Sí, eres polvo, pero no solo polvo, el aliento de vida ha entrado en ti y te ha hecho vivir. Más todavía, “a los que lo recibieron, les dio el poder ser hijos de Dios”. Somos ciudadanos del cielo por don y por una misión en la tierra.

El mirar de Dios, más que un hecho físico, sale del corazón, como el mirar de una madre para con su hijo. Si la historia humana se quedara solo en nuestras manos, no tendría esperanza, no tendría caminos viables, no tendría soluciones. Solo el amor es puerta que se abre a la esperanza, al futuro, a la liberación, y la fuente del amor está en Dio, es Dios. Aceptar su amor y dejarnos atraer por Él. Atraer tiene el contenido de respuesta, corresponder a ese amor amando.

Hoy he quitado de encima de ustedes el oprobio de Egipto: Dios toma parte del esclavo y es su libertador. Si entendiéramos que la presencia y la acción de Dios en la historia humana es la garantía de nuestra liberación, no tendríamos tanto miedo a que Él se metiera con más decisión en nuestra vida.

Nos faltan pocos días para entrar con Cristo en la Semana Santa, en la pascua. Si
la cuaresma ha sido un caminar con el Maestro y en comunión con los hermanos en la fe, hemos seguramente vivido una experiencia de liberación, de cercanía amorosa, de reconciliación, siempre con una mirada puesta en la grandeza de la dignidad nuestra de hijos de Dios.

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