Padre José MartínezEl P. José Martínez de Toda nos comparte su comentario dialogado sobre el Evangelio Dominical para el 5º Domingo de Cuaresma (6 abril 2014).  La lectura es tomada del Evangelio de San Juan 11, 1-45.

"Lázaro, ven fuera"

¿Qué hacer cuando llega una tragedia?

Jesús y sus discípulos eran amigos de Lázaro y de sus dos hermanas Marta y María.

Un día le mandan avisar que Lázaro estaba enfermo. Tenían una relación especial con ellos: siempre que pasaban por Betania, su pueblo, se hospedaban en su casa, y el grupo era bastante grande: Jesús, los 12 apóstoles y sus acompañantes.

El primer comentario de Jesús es: "Esta enfermedad no acabará en muerte definitiva, sino que servirá para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella".

De todos los milagros que hizo Jesús, la resurrección de Lázaro era de los más llamativos para la gente de su tiempo, porque los judíos pensaban que el alma del muerto permanecía de alguna forma en el cuerpo por tres días. Al cuarto día el alma se iba del cuerpo para no volver ya más a él, y era entonces cuando comenzaba la corrupción. Por eso, cuando Jesús manda quitar la losa, Marta se resiste a que se abra la tumba y dice:

-"Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días"

Ella expresa el sentir popular de que ya no había solución después de tres días de muerto. ¿Por esto fue que Jesús llegó a los cuatro días? ¿Para que la resurrección de Lázaro fuera un milagro más claro de su divinidad?

Pero lo interesante del milagro es que se hizo con la cooperación de los presentes.

¿Cómo se puede cooperar con Dios en un milagro?

Ni Marta ni María pensaban que Jesús podría resucitar a Lázaro después de cuatro días de muerto. Así que el énfasis en esta historia no es la fe.

Más bien, el énfasis está en cómo cooperar con un Dios dispuesto a hacer milagros. El énfasis está en la obediencia práctica, en hacer la voluntad de Dios.

Para resucitar a Lázaro, Jesús lanza tres mandatos:

Primero, Jesús dijo: "Quiten la losa". Y ellos la quitaron. Parece que Dios no quiere hacer nada sólo por sí mismo, sino que delega lo que puede en sus creaturas.

En las Tentaciones del desierto el diablo le propone que convierta directamente las piedras en pan. En cambio, en la multiplicación de los panes Jesús cuenta con cinco panes y dos peces. En la pesca milagrosa, Jesús les tiene preparados unos peces asados; pero quiere que los Apóstoles traigan de sus peces recién pescados por ellos.

El segundo mandato de Jesús va dirigido al mismo muerto: "Lázaro, sal fuera".

Lázaro sale todo aún vendado. Pero Jesús pide la cooperación de los presentes para quitarle los vendajes: "Desátenlo y déjenlo andar".

Muchos de nosotros estamos atados a hábitos y actitudes pecaminosos. ¿Estamos listos para cooperar con él para el milagro? ¿Estamos listos para perdonarnos mutuamente y dejarnos libres? Estas son las diversas maneras para cooperar con Dios en el milagro de volver a la vida y revivirnos como individuos, iglesia y nación.

¿Qué otras enseñanzas nos da Jesús aquí?

Hay varias.

1.En primer lugar, nos muestra su poder. Cuando Jesús llega a Betania, intenta consolar a Marta diciéndole: "Tu hermano resucitará" (v. 23).

Pero la desconsolada Marta le responde que, por supuesto, eso ocurrirá en la resurrección final, pero no resuelve el problema de hoy. Entonces, Jesús le afirma:

"Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?" (v. 25).

Ésta es la frase más importante de este milagro. En la víspera de su muerte, Jesús proclama el evangelio de la vida y se define como Señor de la vida.

Marta sabía que estas dos palabras "Yo soy" son el nombre de Dios revelado a Moisés en el arbusto ardiente (Éxodo 3:14), y que así Jesús se llamaba a sí mismo 'Dios'.

Y Marta responde sin dudar: "Sí, Señor; yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo" (v. 27).

Ésta es la quinta y más completa confesión de fe en este Evangelio de Juan (véase 1:49; 4:42; 6:69; 9:35-38).

2.En segundo lugar, cuando estamos ya casi en Semana Santa y Pascua, el relato de la resurrección de Lázaro es como un anticipo de la resurrección de Jesús. Resucitando a Lázaro, Jesús se revela a sí mismo como nuestra Resurrección y nuestra Vida, y nos revela que la última palabra sobre la realidad no la tienen ni la muerte ni el mal, sino el Padre que, por amor y fidelidad a nosotros, nos resucitará como resucitó a su Hijo Jesús.

Jesús también nos dice: "Sal fuera"

Así es. A nosotros nos dice también: Sal fuera del sepulcro de la rutina, de la desesperación, de la tristeza, del miedo, de la violencia, de la soledad, del SIDA, de la tumba del vicio y colócate en el país de la vida.

Él mismo dijo: "Vine para que tengan vida, y la tengan abundante".

Si todos nosotros saliéramos de nuestras tumbas, de nuestro aislamiento, de nuestra indiferencia y camináramos juntos en el Señor, seríamos una gran luz y una fuente de vida para todos. Sal fuera. Vive una vida de resucitado.

Pero algunos no le hicieron acaso.

Efectivamente. Se da la diferencia entre los que tienen y los que no tienen fe: unos creen, y otros se obstinan más contra Jesús:

Muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Pero a las autoridades judías les estorbaba Lázaro resucitado. Y rabiosamente conspirarán para matar a Lázaro (12:10). No sabemos si lo lograron. Pero ciertamente, la resurrección de Lázaro precipita la conspiración de matar a Jesús (vv. 45-53).

Sólo nos queda pedir humildemente la fe verdadera.

<De joven yo era un radical, y mi oración a Dios era siempre la misma:

-Dame fuerza, Señor, para cambiar el mundo.

De mayor, viendo que no había cambiado nada, cambié mi oración y decía:

-Señor, dame fuerza para cambiar a los míos, mi familia, mis amigos, y me sentiré satisfecho.

Ahora, que soy anciano y mis días están contados mi única oración es:

-Señor, dame la gracia de cambiar yo.> (Félix Jiménez, escolapio)

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