Miércoles de CenizaComentario al Evangelio que se proclama el Miércoles de Ceniza.  El texto es tomado del Evangelio según San Mateo 6,1-6.16-18
Camino hacia la Pascua

Con el miércoles de ceniza, iniciamos el tiempo de cuaresma, tiempo de gracia, de conversión, camino para celebrar el triunfo de la vida sobre la muerte: la Resurrección de Jesús.

Dios nos llama a convertirnos: “Conviértanse a mí, de todo corazón”. Todos nosotros, personal y comunitariamente, la sociedad en que vivimos necesita un cambio radical en su corazón y su mente. Volver nuestra mirada a la fuente del Evangelio de la vida, para encontrarnos con nuestro Maestro Jesús. Es escucharlo, amarlo, volver a descubrir el sentido profundo de la libertad. Las lecturas bíblicas nos hacen un llamado, dentro de un mundo de demasiado ruido, Dios nos invita por medio del profeta Joel: “Rasguen sus corazones y no sus vestiduras, y conviértanse al Señor, su Dios, porque él es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad”(Jl 2,12- 13).

Jesús en el evangelio de hoy Mt 6,1-6.16-18, nos propone a los discípulos un nuevo estilo de vida en tres direcciones 1) La limosna como obra de justicia, no para ser vistos o aplaudidos, sino es la generosidad, de quien no espera reconocimiento, sino de quien comparte con su prójimo; 2) Orar como una búsqueda sincera de comunicación y cercanía con Dios; 3) El ayuno, como privación de lo no necesario para saber compartir con el más necesitado.

La Palabra de Dios nos ilumina en todo este itinerario del encuentro con Cristo. Es despojarnos de la idolatría de los bienes para abrirnos al prójimo. Es encontrarnos con Jesús en su Palabra de vida, para hacer realidad la cercanía y el acompañamiento de Dios. El ayuno es abrirnos a Dios y obrar con nuestro prójimo, pensando en los niños desnutridos, en los ancianos abandonados, en los indigentes que se esfuerzan por obtener el pan de cada día.

En este tiempo de cuaresma reavivemos nuestro bautismo para renacer con Cristo a una vida nueva, dejando la condición vieja del pecado que rompe la comunión con Dios y con el hermano, cambiar las estructuras injustas de la sociedad para sembrar los valores del evangelio de vida: la honestidad, sinceridad, justicia, libertad, amor por la verdad, reconciliación entre hermanos y hacer la voluntad de Dios. Con razón el Papa Benedicto XVI nos invita “ a contemplar el Misterio de la cruz, es “hacerme semejante a él en su muerte”(Flp 3,10), para llevar a cabo una conversión profunda de nuestra vida, dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo”(Mensaje Cuaresma 2011).

Cambio de vida personal, cambio comunitario, cambio en la sociedad y en el corazón de quienes gobiernan y de quienes aspiran a gobernar. Seamos todos conscientes, que sin abrirnos a Dios y al prójimo no entenderemos en profundidad el sentido y el camino de la vida como un encuentro con Dios y un encuentro real y efectivo con los que nos rodean. Que Dios ilumine y fortalezca nuestras vidas para dejarnos invadir por la luz de su gracia. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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