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Padre Alfonso Francia

Seguro que no es celoso
el carpintero José
con un Niño tan hermoso
y una tan linda mujer.

Ni tampoco es rencoroso
contra el bueno de Yahvé
que le pidió hacer de padre
del hombre más fabuloso
de los hijos de Israel.

Si no fuera tan humilde,
tan humilde como es,
debiera estar muy quejoso
con los cronistas, porque a él,
por olvido -¿sospechoso?-,
no lo quisieron poner
en pedestal más glorioso
que él bien supo merecer.

Para mí, hombre piadoso,
mi muy admirado José,
eres el mejor esposo,
laborioso y servicial,
el padre más cariñoso,
más responsable y más fiel
al compromiso con Dios,
con María, tu mujer
y con tu hijo de adopción,
el esperado Emmanuel,
al que enseñaste a servir
para ser el mejor rey.

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