Padre Giorgio PeroniComentario sobre el Evangelio que se proclama el Primer Domingo de Adviento, ciclo B, correspondiente al domingo 3 de diciembre de 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Marcos 13,33-37 

Jesús dijo a sus discípulos: “Velen y estén preparados”.

Los dones que Dios da son de una delicadeza extraordinaria, hace falta una constante y perenne atención y presencia. La semilla crece entre mala hierba y espinas: un cuidado permanente garantiza la posibilidad del crecimiento y de la cosecha.

Emprendemos un nuevo año con el Señor: mirar hacia donde caminamos y darse cuenta que la meta es fruto del don de la llamada y de la disponibilidad constante.

 

Porque no saben cuando llegará el momento.

El momento es el fruto de “tantos momentos” como el que estamos empezando. Los momentos diarios de encuentro, fruto del velar, son los que hacen conocer, los que permiten hacer comunión; solo así, el último, será la cumbre de todos los otros y será esperado como don también.

 

Así como un hombre que se va de viaje.

La historia es siempre social, es siempre de encuentros y de relaciones confiadas, quien camina, necesita de amigos en quien poner la confianza de sus bienes.

 

Encomienda a cada quien lo que debe hacer y encarga al portero que esté velando.

El encargo es “hacer partícipe” del mismo proyecto de vida. Hace falta una mirada permanente a quien encarga para estar constantemente al día en la fidelidad, y otra mirada a la obra para que crezca y produzca fruto. Ser parte activa es hacer propio el proyecto de vida. El Hijo vino, está y vendrá; adviento es encaminarse para encontrarlo, para acogerlo, para seguirlo, y, así, ser constructores del Reino.

 

Así también velen ustedes, pues no saben a que hora va a regresar el dueño de la casa.

El dueño de la casa: somos siervos, esta palabra que, en el texto griego, dice también hijos, marca la realidad de un dueño que, al mismo tiempo es padre. No es importante el cuando, sino el como nos encuentre.

 

No vaya a suceder que llegue de repente y los halle durmiendo.

El que duerme es el que no encuentra y, si no encuentra, no hace comunión, no asume el proyecto y la vida, queda sin sentido y sin valor. ¿Por qué estamos? ¿Por qué amamos? ¿Por qué vivimos?

 

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