Padre Giorgio PeroniComentario al Evangelio que se proclama el 7° Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A, correspondiente al domingo 19 de febrero de 2017. Las lecturas son tomadas de Lv. 19, 1-2.17-18; 1Cor. 3, 16-23; Mt. 5, 38-48.

Ser perfectos como el Padre.

Es la meta planteada por el Maestro. Si el Antiguo Testamento planteaba como meta de la vida de fe el cumplimiento de la ley, ahora somos invitados a mirar más allá, más arriba. Ya antes se planteaba la razón de la santidad, meta de todo cristiano, en la santidad de Dios, pero no se había logrado llegar al planteamiento de Jesús. ¿Cómo es posible ser como el Padre? No se trata ciertamente de sustituirse a Dios (eso es la tentación fundamental del pecado) sino de dejar que el Señor, el que nos ha hecho a imagen y semejanza suya, desde dentro de nosotros pueda ser el que ilumina, guía y orienta la vida del cristiano. Y, ahora que podemos contar con la presencia del Señor en nosotros por los sacramentos, el camino está abierto. Es un camino posible por Él mismo aunque siempre está la tentación del pecado que no nos permite ser atentos a la propuesta divina. Lo veremos siempre más allá de nosotros, siempre más arriba, siempre más exigente; la ley nos da indicaciones que hay que cumplir pero hay que ir siempre más allá porque Dios no es ley sino padre que ama. De allí nos damos cuenta que están los padres, que está el sábado, que está el "sacramento del hermano".

La santidad.

Es una palabra que nos recuerda que la vida humana va más allá de lo que desarrollamos diariamente, que no termina en lo que pisamos. La santidad nos habla de Dios, el que es Otro, el que es distinto y, al mismo tiempo, es el referente de nuestra realización. Es por eso que la santidad tiene que ser siempre en lo diario de la vida ya que sin esa meta no es posible entenderse. Ser otro, ser distinto pero sin perder la verdad del cuerpo. Dios es el santo, el Otro en su totalidad, pero envió a su Hijo en la historia humana para revelarnos el camino de realización humana en su verdad y en su totalidad. Jesús es el santo en el cual nos reconocemos y el que hace posible la santidad en todos. Viene lógico entender que para la humanidad no es posible construirse sin mirar a Jesús, al que es el Maestro que enseña con la palabra y con la vida lo novedoso de una vida distinta a la guiada por el egoísmo, por el pecado. Ya el punto de partida de la persona es en comunión con Dios: "son templo del Espíritu Santo" y esto te revela que sin Dios no eres y no te entiendes. Si somos templo, somos consagrados, somos por y para. Esto nos pide que toda dimensión humana tiene que contar con el Señor y es incapaz de cualquier solución que no sea con Él. No somos solo profanos, somos profanos y divinos.

Unos ejemplos de cómo la santidad orienta la vida.

Hay una forma nueva de entender la justicia. Si el "ojo por ojo" era una ley que pretendía no el castigo sino excluir de la vida la represalia, garantizaba la equidad de las sentencias, el Maestro, Dios y hombre, santo y humano, nos plantea una justicia que va más allá, no puedes dejarte guiar por la violencia porque solo lo contrario de la violencia la puede vencer. Así es Dios, así es Cristo, así tiene que ser el cristiano.

La violencia física. Cuando te encuentras en eso, ¿qué hacer? La propuesta de la justicia humana es que haya un resarcimiento semejante al daño. Dios (la santidad) propone algo radicalmente nuevo: "dale la otra cara". No se trata de más violencia sino de una actitud interior de humillación antes que un aumento de violencia que hace daño al hermano: el que te ofende no deja de ser hermano y no pierde la verdad de la fraternidad. De aquí la verdad y el valor del perdón.

La injusticia en lo económico. La ley planteaba límites frente al tema, pero el Señor va más allá porque no acepta que la vida humana se construya entre litigios. El Maestro, en la cruz, quedó sin nada.

El abuso de poder. Es parte de la historia en la que los poderosos, con frecuencia, se imponen y obligan a hacer cosas que no son propias; el mismo Cirineo fue obligado a cargar la cruz del Maestro. ¿Qué es lo que da sentido a eso? Es solo el amor que puede contra el abuso de poder.

Con los inoportunos. No siempre es posible hacer entender la discrecionalidad. Es importante que no inventes cosas para justificarte, solo haz lo que puedas hacer.

Con los enemigos. El punto de partida es interior, está en el hecho que haya enemigos porque Dios creó hermanos. El planteamiento de Jesús no se reduce a gestos sino pretende cambiar la realidad de enemigo y solo el amor lo puede. Analizando el contenido de la palabra "amor" encontramos que hay gratuidad e incondicionalidad y el referente es el mismo Dios que así actúa con los hombres, con todos los hombres, con los que lo aceptan como también con los que lo rechazan.

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