padre Héctor HerreraComentario dialogado sobre el Evangelio que se proclama el sexto Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B, correspondiente al domingo 11 febrero 2018.  La lectura es tomada del Evangelio según San Marcos 1, 40-45)

¡Queda limpio!

Mc. 1,40-45, nos presenta a un leproso, que se acerca a Jesús, se arrodilla y le pide: “Si quieres puedes sanarme” (v.40). La lepra excluía al leproso de la comunidad, como hoy los sidosos y enfermos son excluidos.

“El que ha sido declarado enfermo de lepra andará harapiento y despeinado. Mientras le dure la afección seguirá impuro. Vivirá apartado y tendrá su morada fuera del campamento” (Lev. 13,44-46). Era un muerto en vida. El leproso rompe la ley. Este despreciado y condenado a estar lejos de los demás y de Dios; se acerca a Jesús y él lo permite: Ambos violan la Ley (Lev 5,3; Nm 5,2). Hay dos actitudes: la fe del leproso que creía que Jesús puede sanarlo: “Si quieres puedes sanarme” (v. 40). El amor, la compasión, la cercanía de Jesús hacia los enfermos: “Él se compadeció, extendió la mano y lo tocó. Y le dijo: Lo quiero, queda sano” (v. 41).

Como discípulos de Jesús estamos llamados a sentir compasión, tocar las lepras morales: corrupción, trata de personas, sicariato, inseguridad ciudadana, indolencia y discriminación, en nuestra sociedad y sanarlas, contribuyendo todos a sembrar los valores éticos. Nos recordaba el Papa Francisco: “La degradación del medio ambiente, lamentablemente, no se puede separar de la degradación moral de nuestras comunidades” (19.1.2018)

La lepra es una enfermedad curable. También la corrupción, lepra moral es curable, lo dijo claramente el Papa Francisco en su discurso: “Trabajar unidos para defender la esperanza exige estar muy atentos a esa otra forma -muchas veces sutil- de degradación ambiental que contamina progresivamente todo el entramado vital: la corrupción. Cuánto mal le hace a nuestros pueblos latinoamericanos y a las democracias de este bendito continente ese «virus» social, un fenómeno que lo infecta todo, siendo los pobres y la madre tierra los más perjudicados. Lo que se haga para luchar contra este flagelo social merece la mayor de las ponderaciones y ayudas... y esta lucha nos compete a todos. «Unidos para defender la esperanza», implica mayor cultura de la transparencia entre entidades públicas, sector privado y sociedad civil. Nadie puede resultar ajeno a este proceso; la corrupción es evitable y exige el compromiso de todos”.(Discurso del Papa al Gobierno Peruano y cuerpo diplomático 19.1.2018)

El leproso sanado, se convierte en un evangelizador, pese a que Jesús le había ordenado callar, lo que se conoce como el secreto mesiánico, que será comprendido después de su muerte y resurrección.

El Papa Francisco, en esta 26 JME: “La pastoral de la salud sigue siendo, y siempre será, una misión necesaria y esencial que hay que vivir con renovado ímpetu tanto en las comunidades parroquiales como en los centros de atención más excelentes. No podemos olvidar la ternura y la perseverancia con las que muchas familias acompañan a sus hijos, padres y familiares, enfermos crónicos o discapacitados graves. La atención brindada en la familia es un testimonio extraordinario de amor por la persona humana que hay que respaldar con un reconocimiento adecuado y con unas políticas apropiadas. Por lo tanto, médicos y enfermeros, sacerdotes, consagrados y voluntarios, familiares y todos aquellos que se comprometen en el cuidado de los enfermos, participan en esta misión eclesial. Se trata de una responsabilidad compartida que enriquece el valor del servicio diario de cada uno. (Fr. Héctor Herrera, o.p)

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