Padre Giorgio PeroniComentario al Evangelio que se proclama el Primer Domingo de Cuaresma, ciclo A, correspondiente al domingo 5 de marzo de 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Mateo 4, 1-11.

Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto.

El mismo Espíritu recibido en el bautismo, lo conduce al desierto, en el lugar príncipe para hacer de la liberación no solo un hecho político (=liberación de Egipto), sino un hecho total, una liberación del faraón y del Egipto que está en nosotros. Allí no hay como echar la culpa del mal y del pecado al otro, a Eva, a la serpiente, sino que la encontramos en nosotros. Allí nos sentimos llamados, amados, y volvemos a la vida.

Para ser tentado.

Después de la experiencia bautismal ("este es mi hijo amado") viene la dificultad de concretizar la opción: es allí donde se experimenta la prueba, la tentación. El ideal choca con la fragilidad, con la debilidad. Más apuntamos al ideal y más intensa es la tentación. Mientras vivimos en el pecado no hay tentación, cuando queremos salir de él, sentimos su fuerza y nuestra debilidad. Es también prueba y educación: probándonos nos construye y nos educa a mirar alto.

Por el demonio.

Es el que miente y, mintiendo, divide dejándonos solos, sin hermanos y sin padre. Es el que tienta, el que pone trampas para hacernos caer y, caídos, nos acusa.

Pasó 40 días y 40 noches sin comer.

Cuarenta: el referente a Moisés en el Sinaí y a Elías en camino hacia el monte de Dios, nos pone en la actitud propia del ayuno. Para el cristiano no hay ayuno verdadero que no vaya unido a la relación con Dios y a su palabra. ¿Liberarse o ser liberados? Solo quien se siente hijo sabe que la vida es don y puede emprender el camino para construir la fraternidad, un camino que dura toda la vida, los cuarenta años del desierto.

Al final tuvo hambre.

La necesidad es el punto de partida de la tentación.

Si tu eres el Hijo de Dios.

Después de la opción buena viene la tentación, que utiliza dos caminos: el uno es haciéndote ver débil, quitándote la esperanza, y el otro haciéndote buscarlo en modo equivocado. Siempre la tentación se presenta con un atractivo: "Si tu eres el Hijo de Dios": ¡el mal es hecho por finalidades buenas! Aquí encontramos la razón del abandono del Maestro, no hizo lo que nosotros hubiéramos hecho.

Manda que estas piedras se conviertan en panes.

Es no tener una mirada más larga que la de los adoquines que pisamos; el todo de la vida se vuelve la riqueza y esta se vuelve dios. Cuando la riqueza se vuelve dios, la persona se transforma en esclava, en servidora y las guerras, las injusticias y la opresión son sus consecuencias.

"Está escrito: no solo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios".

A la propuesta humana, Jesús responde con la propuesta de Dios. Dios y el hombre no son antagónicos, la lámpara ilumina cuando está unida a la central que produce la energía eléctrica. La necesidad humana del hambre encuentra el camino de solución cuando, sintiéndonos hijos, nos hacemos hermanos compartiendo.

Lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: "... échate para abajo, porque está escrito..."

La tentación es servirnos de Dios, hacer de Dios un ídolo para nuestros intereses. Es la perversión de la fe que busca regalos más que el que da, que busca cosas más que el que se da a si mismo, que quiere que Dios haga lo que queremos antes que nosotros hacer lo que Él quiere.

Te daré todo esto, si te postras y me adoras.

El poder es alternativo a Dios, el poder que domina, que oprime y que esclaviza. La tentación es entrar en esta lógica. Jesús será rey y lo proclamará ante Pilato, pero será rey en la cruz, cuando entregará su vida en libertad absoluta, para servir y liberar. Dios no puede ser el garante del poder humano.

social_buttons

Enviar un comentario nuevo

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.