joseComentario dialogado al Evangelio que se proclama el 27° Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A, correspondiente al domingo 8 de octubre de 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Mateo 21,33-43.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular

¿Tenemos algún virus que nos va comiendo internamente?

            Espero que no. Pero escucha esta historia:

<En la bahía de Nápoles hay medusas y caracoles. Cuando los caracoles son pequeñitos, la medusa se los traga con avidez, pero no los puede digerir porque están protegidos por la concha. Los caracoles se adhieren con fuerza al interior de la medusa, y poco a poco comienzan a comérsela. Cuando ya son grandes, se han comido por completo a la medusa.> (Félix Jiménez, escolapio).

Nosotros somos también como la medusa: con avidez nos comemos los caracolitos, aparentemente inofensivos. Los caracolitos son el alcohol, la ira, avaricia, depresión, preocupación, ansiedad… Van creciendo y nos van comiendo y acabando con nosotros.

Uno de esos caracolitos es el robo y la codicia, que lleva a los mayores asesinatos. Aparece en la parábola de los empleados malvados.

¿Qué cuenta esta parábola?

Es una parábola importante, pues sólo ella está en los tres Sinópticos junto con la parábola del Sembrador (13:-23) y la dela Semillade Mostaza  (13:31-32). 

La parábola habla de una viña recién plantada, que el dueño encargó a un grupo de trabajadores. Al principio no da mucha uva, pero el dueño debe estar pendiente de colectar su cosecha puntualmente y de hacerse presente en la viña por sí o por sus representantes, porque la ley judía permite a la gente apoderarse y “establecer la propiedad de una viña, si pueden demostrar que han tenido posesión de ella durante tres años sin que nadie más la reclame” (Mishnah, B. Bat. 3:1)

Por eso el dueño de la viña manda a sus criados a nombre suyo a hacer acto de presencia y a recolectar el fruto; pero los labradores los apalean y matan, pues quieren quedarse con la viña.

Por fin, el dueño manda a su propio hijo, pensando que los labradores lo respetarán. Pero ellos ven la muerte del hijo como su gran oportunidad para quedarse con la viña. Echan fuera al hijo antes de matarlo. Si lo hubieran matado dentro de la viña, la tierra se habría hecho impura, y peligraría la venta del producto.

¿Qué hará el dueño con estos trabajadores?, pregunta Jesús a los sumos sacerdotes.

Estos responden: -“Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos  a sus tiempos.”

¿Qué simboliza esta parábola?

El dueño de la viña es Dios.

 -- los empleados son el pueblo de Israel y sus líderes religiosos

 -- los siervos son los profetas

 -- el hijo es Jesús

 -- los otros empleados podrían representar la iglesia.

Dios envió a su pueblo a profetas y a su mismo Hijo Jesús para recoger los frutos de la viña: una vida recta, buenas obras, justicia y fidelidad, amor y compasión, generosidad y perdón. Dios envió a los profetas y a Jesús, como Mesías e Hijo de Dios, Jesús tiene un papel único y decisivo.

Pero los israelitas los maltrataron y mataron.

 El asesinato del Hijo fuera de la viña corresponde a la muerte de Jesús sobre el Gólgota, fuera de Jerusalén (27:33). “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (Hebreos 13:12).

En la historia de Jesús, el resultado no es la destrucción de la viña, sino su transferencia a “otros labradores, que le paguen el fruto a sus tiempos” (v. 41). La misión del cuidado del pueblo de Dios se pasa a los Apóstoles y discípulos del Señor.

            Y  de Jesús se dice: “La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo”. La piedra rechazada – el Cristo crucificado — se convierte en la piedra principal del nuevo edificio de Dios. Yla Iglesia es su instrumento visible.

¿Qué enseñanzas sacamos de esta parábola?

La parábola nos enseña muchas cosas sobre Dios y cómo se relaciona Él con nosotros.

1-En primer lugar vemos la previsión, providencia y generosidad de Dios: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda”. Antes de que Dios te confíe una misión, te hace provisión de todo lo que necesites para llevar adelante tal responsabilidad. Nos lo pone a nuestro alcance sin merecerlo. Esto es lo que significa que lo tenemos ‘por la gracia de Dios’. La misma vida es un privilegio. Debemos hacer que ella produzca buenos frutos, que presentaremos a Dios en el día de la cosecha.

2-“La arrendó a unos labradores y se marchó de viaje”. Esto muestra la confianza que Dios tiene en nosotros. Él confía en que hagamos lo correcto. Pero, por desgracia, muchos de nosotros no lo hacemos.

3- También nos da Dios la libertad para usar o abusar de nuestros privilegios. Esta parábola de los empleados malvados trata de los abusos de la libertad.

4-Pero todo esto supone por parte nuestra un sentido de responsabilidad. Nos hacemos responsables del uso que hagamos de estos privilegios.

5-La parábola ilustra la paciencia que Dios tiene con nosotros. Dios nos envía mensajero tras mensajero para que le rindamos cuenta de lo que le debemos, para que acabemos con nuestra rebeldía y hagamos lo correcto. Pero no hacemos caso. Y Él nos envía a su propio Hijo, pero nosotros acabamos con él. El robo y la codicia lleva a los mayores crímenes. 

¿Qué hacer para dominar nuestras preocupaciones?

Todos tenemos dentro un caracol que nos quita el sueño, que nos roba la paz, que nos produce úlceras, que nos impide saludar a los hijos, que nos pone tristes, que nos devora y ahoga: falta de buen empleo, enfermedad…

San Pablo nos dice hoy en la 1ª Lectura de hoy (Fil 4, 6-9):

-“No se inquieten por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión presenten a Dios sus peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias”.

La oración es el antiveneno para destruir la concha no digestible del caracol, que lleva dentro. Nos permite vivir en la presencia del Dios de la paz.

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