Padre Giorgio PeroniComentario al Evangelio que se proclama en el tercer domingo del Teimpo Ordinario, ciclo B, correspondiente al domingo 21 de enero de 2018. La lectura es tomada del Evangelio según San Marcos 1,14-20.

Después de que arrestaron a Juan el Bautista.

Estamos en un momento crítico; termina la promesa y empieza la gracia. El profeta que anunció la llegada del Mesías, entra en el grupo de los mártires, de los que rubrican la palabra con la sangre.

Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios.

Galilea, el lugar lejano del centro religioso, el templo, y del poder político, es el escenario del anuncio del Reino: allí empieza, después de unos 30 años de vida escondida, el primer anuncio.

Y decía: "Se ha cumplido el tiempo y el reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio".

La cercanía manifiesta la mirada que, desde la eternidad, Dios tiene para con el hombre. El Dios cercano, amado, buscado y rechazado, es el que está y que provoca una respuesta: ya no es posible quedar indiferentes, o se abre la puerta y se lo deja entrar o se le cierra la puerta y se lo deja en el frío de la calle. Es decisivo porque el pedido es de conversión, o sea de cambio del corazón para un cambio de estructuras sociales. Lo que se ha construido hasta ahora no conduce a la meta, hay que emprender otro camino.

Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés, echando las redes en el lago.

Jesús mira a la historia del cotidiano, la de los hermanos, la del trabajo. Su mirada es profunda, no se queda tan solo en superficie, sino que penetra: él camina, él ve a dos hermanos, él mira el trabajo: nuestra vida, toda, es importante para él.

Jesús les dijo: "Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres".

Aquí radica el sentido de la llamada: seguir es dejar y es elegir; ser elegido para elegir. El proyecto de vida anterior deja el paso a un nuevo proyecto, el del Reino. Ya no solo pescadores, sino pescadores de hombre porque el Padre busca a los hombres para hacerles hijos y eso es posible en un proceso de fraternidad.

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

La respuesta tiene que ser rápida y radical, con el Señor no se puede jugar a medias. Seguir es asumir el nuevo proyecto donde el Maestro estará a la cabeza y donde cambian las reglas del juego, porque quien las dicta es él.

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