Tercer domingo del tiempo ordinario-BComentario dialogado sobre el Evangelio que se proclama el tercer Domingo del Teimpo Ordinario, Ciclo B, correspondiente al domingo 21 enero 2018.  La lectura es tomada del Evangelio según San Marcos 1, 14-20

 “Les haré pescadores de hombres”

Pusieron preso a Juan el Bautista. ¿Y Jesús no tiene miedo al predicar lo mismo?

Parece que no, pues él decidió comenzar entonces su misión en Galilea, lejos de Jerusalén. Había pasado 40 días en el desierto pensando en su misión y orando al Padre.

Ahora comienza a predicar la Buena Noticia del Reino de Dios. Y repite un mensaje parecido en parte al de Juan: «Se ha cumplido el plazo. Está cerca el reino de Dios»: hay que construir un mundo más humano. «Conviértanse». «Crean en esta Buena Noticia». Este proyecto de Dios es la mejor noticia que pueden escuchar.

 ¿Qué significa ‘conviértanse’?

Es una invitación a crear dentro de nosotros mismos al hombre nuevo y en nuestro entorno a una sociedad nueva. Los cristianos y cristianas somos hombres y mujeres de esperanza. Estamos preocupados por el hombre nuevo y por la sociedad nueva, lejos del consumismo y de explotar a los demás.

La conversión tiene dos aspectos: uno negativo: abandonar los caminos errados.

Pero hay también un aspecto positivo, es decir, la adhesión a la Palabra de Dios para poder ser transformados desde nuestro interior, y llegar a ser verdaderos hijos de Dios, dotados de libertad y amor auténtico.   

¿Y cuál es esa Buena Noticia de Jesús?

Esta Buena Noticia es que Dios es Amor, y que envió a su Hijo a salvar a la humanidad, y que todas las promesas del Antiguo Testamento se cumplieron en Él.

En Jesús, Dios se acerca tanto al hombre que se hace uno de nosotros. En Él ha llegado, verdaderamente, el Reino de Dios, porque Dios ha querido habitar entre nosotros (cf. Jn 1,14), y enseñarnos cómo nos debemos amar unos a otros, como hermanos e hijos de Dios.

Y esta morada de Dios en medio de su pueblo no es algo externo, porque Dios no se contenta con habitar en templos bien construidos. Él quiere habitar en el santuario de nuestro cuerpo para que nosotros seamos su casa (cf. Heb 3,6). 

Precisamente ‘Evangelio’ significa ‘Buena Noticia’ en griego.

Pero para esparcir esta Buena Noticia, Jesús necesitaba seguidores. ¿Cómo lo hizo?

Los busca para hacer con ellos un recorrido apasionante: abrir caminos al reino de Dios. Ser cristiano no es aprender doctrinas, sino seguir a Jesús en su proyecto de vida.

Un día, pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón Pedro y a su hermano Andrés, que eran pescadores. A ellos ya los conocía, pues Andrés había estado en su casa y le había presentado a su hermano Simón Pedro. Estaban echando la red en el lago, y les dijo:

- “Vengan conmigo y les haré pescadores de hombres”.

<Lo más decisivo es escuchar desde dentro su llamada: «Vengan detrás de mí»… Escuchar esta llamada significa poner la confianza en Jesús, reavivar nuestra adhesión personal a él, tener fe en su proyecto, identificarnos con su programa, reproducir en nosotros sus actitudes… y, de esta manera, ganar más personas para su proyecto…

Debemos… recordar a Jesús cada domingo como el líder que va por delante de nosotros. (Debemos) centrarlo todo en seguir más de cerca a Jesucristo.> (Pagola).

¿Cómo es el llamado que hace Jesús a Simón y a Andrés?

1.El llamado de Jesús es personal. Es para tener una relación personal con Él. Es una invitación para “ir en pos de Él”. No es para unirse a un partido político, a una causa o para aceptar una filosofía o para entrar a estudiar en una escuela. Les dice simplemente: “Vengan conmigo, y les haré pescadores de hombres”.

2.Y la iniciativa aquí es de Jesús, que escoge a sus discípulos. Él también fue buscado por los discípulos de Juan. Pero aquí se enfatiza la elección por parte de Jesús.

3.Nos pide abrir la puerta de nuestro corazón y quitar todo lo que impide que Él pueda entrar: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo” (Ap 3, 20). Jesús, desde el principio de su ministerio público, llama a cada hombre a tomar una actitud de apertura y de colaboración con la obra de salvación: “Conviértanse y crean en la Buena Noticia” (Mc 1, 15).

¿Es fácil seguir a Jesús?

        Jesús no nos deja solos. Él se hace, realmente, compañero de camino (cf. Lc 24,15). Siguiendo a Jesús, no camino en las tinieblas, porque Él me da la luz de la vida en abundancia (cf. Jn 8,12). No importa que requiera de mí la negación de mí mismo y la necesidad de tomar la cruz cotidiana (cf. Mc 8,34). Sólo permaneciendo en Él, mi vida dará mucho fruto (cf. Jn 15,5).

En medio de tantas posibilidades que se abren ante mí, la única que resulta verdaderamente segura y justa es la propuesta por Jesús: el camino del bien y el servicio a los demás. Cada día Él me invita a caminar sobre este único camino, según el designio del Padre. Cada nuevo día, cada nueva situación, cada persona, son espacios en los que Jesús me llama a seguirle.

            Los pescadores de hombres son formadores de otros hombres nuevos. Es enseñar a volar de forma nueva.  Estos dos relatos te lo pueden ilustrar:

  “Los brazos y pies de Jesús” (historia de la II Guerra Mundial)

<Durante la segunda guerra mundial un pueblecito de Baviera (Alemania) fue destruido por las bombas. La iglesia también quedó reducida a escombros. Entre las ruinas, los vecinos encontraron una imagen de Jesús sin brazos ni piernas.

Terminada la guerra, decidieron dejar la imagen tal como la encontraron; y le pusieron esta inscripción: "Ahora no tengo manos ni pies. A partir de hoy, ustedes serán mis brazos y mis pies para ayudar y curar este mundo roto."> (Félix Jiménez, escolapio).

Seguir a Jesús es ayudar y curar este mundo roto.

En la 1ª Lectura de hoy Dios llamó a Jonás para que predicara en Nínive, y él trató de escaparse. (Jonás 3, 1-5. 10). Tuvo que predicar, pero no le gustó que Dios perdonara a Nínive. Nuestro itinerario se parece al de Jonás: prometemos fidelidad a Dios, pero después hacemos lo que nos parece, desobedeciéndolo.

            Esta historia de Jonás nos hace ver que Dios nos gana en bondad y en perdonar. 

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José Martínez de Toda, S.J. (martodaj@gmail.com)

 

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