Padre José Martínez de TodaComentario dialogado al Evangelio que sed proclama el 24° Domingo del Teimpo Ordinario, Ciclo A, correspondiente al domingo 17 de septiembre de 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Mateo 18, 21-35

"¿Cuántas veces tengo que perdonar? Setenta veces siete"

¿Te cuesta perdonar? ¿Cuántas veces tienes que perdonar?
Esa era la pregunta que Pedro le hizo a Jesús al ver cómo Jesús insistía tanto en el perdón.
¿Hasta siete veces?, preguntó Pedro casi tímidamente ofreciendo un número generoso a Jesús. El siete es un número santo para el pueblo judío que simboliza perfección, totalidad, abundancia, descanso, y completamiento".

Y cuál será la sorpresa de Pedro frente a la respuesta de Jesús, muchísimo más generosa y amplia, y que destroza la cuidadosa construcción de Pedro. "No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete". Jesús no nos está dando una lección de matemáticas, sino una lección de amor y de corazón grande.

Es como si el perdón fuera el oxígeno que respiramos en nuestra atmósfera diaria. Debe haber suficiente oxígeno para irrigar nuestros pulmones, e igual cantidad de perdón para vitalizar y tonificar nuestra vida.

Pedro siente que Jesús quiere que sus discípulos sean generosos al perdonar.

Y Jesús se lo explicó además con una parábola.

¿Cómo es esa parábola?

Es la historia de dos deudores.
El primero le debía al rey 10.000 talentos, algo así como 10.000 salarios anuales de un obrero, o sea una barbaridad de deuda. No tiene con qué pagar, y debe ir a la cárcel o ser vendido como esclavo con toda su familia.
El funcionario le suplica: "Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo".
El esclavo trata de ganar tiempo. ¿Quién sabe? El rey podría cambiar de opinión, podría morir, o podría ocurrirle algo inesperado.

Movido a misericordia, el señor de aquel siervo le perdonó la deuda.

Por supuesto, el rey es Dios Padre, que nos perdona todo.

Hasta ahora Jesús nos dice lo que debemos hacer imitando al Padre: perdonar.

Pero ahora Jesús nos dice lo que debemos hacer con el hermano necesitado de perdón, amor y misericordia.
Para ello la parábola continúa: El mismo deudor perdonado, al salir de la oficina del rey, se encuentra con un compañero de trabajo, que le debía a él solamente cien denarios, es decir, cien salarios de un día.

El primero le urge a este compañero que le pague todo. Y éste, de rodillas, le repetía la misma frase que el primero le decía al rey: "Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo".

Pero el primer siervo lo metió en la cárcel para que pagara todo.

El deudor a quien se le había perdonado 10.000 salarios anuales no fue capaz de perdonar 100 salarios diarios.
El punto central es el dramático contraste entre la deuda grande y la pequeña, y entre la compasión del rey y la falta de compasión del primer esclavo. El rey, aunque es un hombre que enfrenta grandes asuntos, fue capaz de identificarse con la situación desesperada del primer esclavo y estuvo dispuesto a hacer concesiones para remediarlo. Ese esclavo, irónicamente, solamente fue capaz de ver la pequeña deuda que se le debía y no estuvo dispuesto a hacer ninguna concesión.

Hace con su compañero todo lo contrario de cuanto el amor misericordioso de Dios ha hecho con él. Cuando Dios es compasivo y bondadoso con nosotros, nosotros somos mezquinos con nuestros hermanos.

Frente a esta desproporción los consiervos le cuentan al Rey lo sucedido.

El rey confronta al siervo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?"

Por eso en el Padre Nuestro Jesús hace que digamos: "Perdónanos como nosotros perdonamos".

El rey revocó su perdón al primer siervo. Esto significa que Dios nos perdona, si nosotros perdonamos.

¿Cuál es el mensaje central de este evangelio?

La palabra "perdonar" sale cuatro veces. Éste es el evangelio del perdón. Perdonar siempre y sin límites. Perdonar todo y para siempre.

El asunto central no es la justicia, sino la reconciliación. Un esclavo tiene una deuda tan enorme que solamente un acto majestuoso de perdón podría borrar.

Jesús nos enseña que el bienestar del hermano es el nuestro, y que en la medida que recibimos, debemos dar.
El corazón es la sede de los sentimientos y las emociones. Nada desgasta y agota más que un sentimiento de odio y de deseo de venganza en nuestro corazón.

Lo que tengo que perdonar es poco comparado con lo que a mí Jesús me perdona cada día.

¿Es fácil perdonar?

El perdón es difícil, tanto recibirlo como darlo. A veces perdonamos, pero no olvidamos. Pero para los seguidores de Jesús el perdonar es una realidad vital, es el corazón del evangelio, es un estilo de vida. Recibir y dar perdón es central en nuestra fe.

Jesús vivió, murió y resucitó para ofrecernos el perdón de Dios. Todo lo que hizo Jesús fue reconciliar el mundo y los hombres con Dios.

Primero, nosotros recibimos el perdón de Dios; y solamente podemos pasar a los demás aquello que hemos recibido. Habiendo experimentado el perdón a manos de Dios y del pueblo de Dios, entonces somos llamados para hacer posible que otros también lo experimenten. Así el círculo del amor de Cristo se extiende cada vez más para abarcar a otra oveja perdida, y a otra y a otra.

¿Qué se requiere para perdonar?

Para perdonar hace falta amor, mucha humildad, oración y disponibilidad.

El evangelio de Jesús es el evangelio del amor y sólo el amor sin límites y sin condiciones puede perdonar.

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José Martínez de Toda, S.J. (martodaj@gmail.com)

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