padre herreraComentario al Evangelio que se proclama el 26 Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A, correspondiente al domingo 1 de octubre de 2017. La lectura es tomada del Evangelio según San Mateo 21,28-32. 

¿Cuál de los dos obedeció?

Mt. 21,28-32 nos plantea la pregunta que Jesús hace a sus oyentes ¿Cuál de los dos hijos hizo la voluntad de su Padre? (v. 31).

La parábola, se refiere a dos grupos: los "justos" y los pecadores. Los sumos sacerdotes y dirigentes judíos despreciaban a los demás.

Un hombre tenía dos hijos: "hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña. El hijo respondió; no quiero; pero luego se arrepintió y fue" (vv.28-29). El segundo le dijo: "Ya voy Señor, pero no fue" (v.31). Según las normas sociales, el primero había obedecido a su padre, en cambio el otro había desobedecido, esto significaba una falta de respeto.

Los dos hijos representan a los judíos piadosos hablan, pero no cumplen. Esto reprocha Jesús a los fariseos y letrados (Mt 23,3); los publicanos y prostitutas, por su fe en Jesús estaban más cerca del Reino de Dios (Mt 21,31). Los judíos, honran a Dios con los labios, pero sus corazones están lejos de él (Mt 15, 8), son suplantados por un pueblo que produce fruto a su debido tiempo (Mt. 21,41).

La parábola nos llama a la conversión, mirar nuestro interior y no quedarnos en las apariencias y normas externas. Hay un paralelismo entre la predicación de Juan y la de Jesús: los piadosos no le creyeron, en cambio los que eran considerados pecadores y prostitutas cambiaron sus vidas y acogieron el reino de Dios (v. 31). Juan predicó el camino de la justicia, los piadosos no le creyeron, en cambio los recaudadores de impuestos y prostitutas cambiaron sus vidas (v.32).

Acoger el reino de Dios es practicar la voluntad de Dios nuestro Padre, cambiando en nuestras vidas: "Cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida" (Ez 18,27).

Jesús, rechaza el legalismo y las apariencias externas. Él nos compromete como discípulos en la construcción del reino de Dios: la defensa de la vida y la dignidad de toda persona, la práctica de la justicia y el derecho de los más pobres, ser comunidades cristianas solidarias y proféticas en defensa del medioambiente y protección de los recursos naturales, coherentes, no hagamos nada por "ambición o vanagloria, obremos como Jesús, quien "se hizo obediente hasta la muerte de cruz" (Filp 2, 8).

"La Iglesia necesita una fuerte conmoción que le impida instalarse en la comodidad, el estancamiento y en la tibieza, al margen del sufrimiento de los pobres del continente. Necesitamos que cada comunidad cristiana se convierta en un poderoso centro de irradiación de la vida de Cristo" (DA. No.362).
Un cristiano coherente es fiel seguidor de Jesús, edifica y construye la comunidad cristiana misionera y evangelizadora (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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