Fiesta de Cristo ReyComentario dialogado sobre el Evangelio que se proclama el 34° Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A, solemnidad de Cristo Rey del universo, correspondiente al domingo 26 noviembre de 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Mateo 25, 31-46.

“Tomen posesión del Reino preparado para Vds. desde la creación del mundo” 

¿Cómo es el examen del Juicio Final: fácil o difícil?

Alguno pensará: <“Fantástico, ese test lo paso yo. Es fácil. No me preguntará: cuántos adulterios he cometido, cuánto he robado, cuántas veces he faltado a misa, si me he emborrachado, si he abusado del sexo, si me he alejado de la familia, si no me he preocupado de los hijos... Porque éstas son las preguntas que me preocupan y me dan miedo”.>

Si has vivido así, quiere decir que sólo te has preocupado de ti, que no te has preocupado por tu prójimo, por tu esposa, por tus hijos; no te has preocupado por el pobre, y ahí está Jesús; en el prójimo, en el necesitado, en el pobre. Ése es el punto importante.

Dios no nos está pidiendo que hagamos nada «religioso». Lo que nos pide sencilla y llanamente es que nos preocupemos del prójimo y lo ayudemos en todo lo que podamos.

  Entonces, en el Juicio final, ¿cuál es el criterio último que juzgará nuestras vidas?

“Al atardecer de la vida nos examinarán del amor”, dice S. Juan de la Cruz.

Hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: o nos compadecemos y les ayudamos, o nos desentendemos y los abandonamos. Jesús presenta la compasión como el criterio último y decisivo que juzgará nuestras vidas. Jesús vive volcado hacia aquellos que necesitan ayuda. Es incapaz de pasar de largo. Ningún sufrimiento le es ajeno. Se identifica con los más pequeños y desvalidos, y hace por ellos todo lo que puede. Él nos mostrará si nos identificamos con Él o no.

¿Cómo se identifica?

Para Jesús la compasión es lo primero. Es el único modo de parecernos a Dios: «Sean compasivos como su Padre celestial es compasivo».

Aquí Jesús el Juez está identificado con todos los pobres y necesitados: «Cada vez que ayuden a uno de estos mis pequeños hermanos, lo hicieron conmigo».

Quienes se han acercado a ayudar a un necesitado, se han acercado a Jesús. Por eso han de estar junto a Él en el Reino: «Vengan, benditos de mi Padre».

            El evangelio de hoy nos dice que Dios sigue físicamente presente entre nosotros.

Está físicamente presente en "sus hermanos más pequeños"..

            Carlos de Foucauld, poco antes de morir en 1916 decía: “Creo que no hay una frase en el evangelio que me haya causado más profunda impresión y haya transformado más mi vida que ésta: “Cuanto hagan a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron”.

Y cuando venga el Rey en su gloria le podremos decir: “Yo te he visto en algún sitio. Más aún, te he visto muchas veces a lo largo de mi vida”.

            Hace poco el 31 de octubre celebrábamos la fiesta de San Alonso Rodríguez. Este Hermano había sido comerciante, y al enviudar, entró jesuita. Estuvo 46 años en la portería del Colegio de Montesión, en Palma de Mallorca (España) entre 1571 y 1617. En su "Diario" (que escribió por orden de sus superiores), cuenta que cuando tocaban a la puerta, se alegraba y pensaba que era Dios quien estaba allí, y en el camino iba diciéndole: 'Ya voy, Señor'.

¿Cuántas son las obras de misericordia mencionadas en la parábola del Juicio Final?

Son seis. Se refieren a la comida, bebida, bienvenida, ropa, cuidado y visita.

Son seis situaciones de necesidad vital, pero podrían añadirse otras. Por ejemplo:

-          Una palabra amable o un oído atento pueden redimir a una persona desesperada.

-          Un litro de gasolina o ayuda con una llanta desinflada pueden redimir el día de una persona varada en la carretera.

-          Estaba viejo, enfermo y solo en casa, y me visitaron y me hicieron la compra.

-          Me dieron una paliza y me llevaron al hospital.

-          Era inmigrante y me aceptaron muy bien.

Las posibilidades de la misericordia son también ilimitadas, al igual que la necesidad, que no tiene límites. “Más grande que la esperanza de los pobres”, dice el refrán.

<“Esto me pasó en Las Américas (S. Félix, Venezuela), el sábado antes de la Semana Santa de 2007. Había llovido. La carretera tenía huecos con agua. Iba despacio por si acaso. Pero uno de esos huecos era el de una alcantarilla llena de agua sucia de barro y lluvia, pero no se notaba: parecía un simple bache. Y mi rueda izquierda cayó en ese hueco. Inútil darle al acelerador. La rueda giraría en el agua sin subir. ¿Cómo llamar a una grúa? El tráfico pasaba a mi lado.

De pronto un camión se detiene. Bajan de allí dos jóvenes de unos 30 años que empiezan a hacer señas a los carros para que se detuvieran, explicándoles para qué. Allí se reunieron unos diez hombres, que se acercaron a mi pequeño carro, y entre todos lo levantaron a pulso (conmigo dentro al volante), sacando la rueda del hueco de alcantarilla. Es inmensa la bondad del venezolano>. (José Martínez de Toda).

  ¿Y qué dice el Juez a los que no tienen compasión?

Les dice: «Cada vez que Vds. no ayudaron a uno de estos pequeños, lo dejaron de hacer conmigo».

Quienes se han apartado de los que sufren, se han apartado de Jesús. Por eso ahora les dice: «Apártense de mí». Sigan su camino…

Nuestra vida se está jugando ahora mismo.

Nos podemos preguntar: ¿Qué hemos hecho con tantos a quienes hemos visto sufrir?

Ahora mismo nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida.

A todos nos gusta mandar y figurar. ¿Jesús quiso alguna vez ser Rey?

  Oportunidades tuvo muchas. Por ejemplo, después de la multiplicación de los panes, quisieron aclamarle Rey. Pero Él se escondió y se fue al monte.

            El habla de ‘Reino’, pero se refiere al ‘Reino de los cielos’, que se resume en esta canción: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia. Tu Reino es Paz. Tu Reino es Gracia. Tu Reino es amor, ¡venga a nosotros tu Reino, Señor!».

Pero su Reino y su modo de reinar no son de este mundo (cf. Jn 18,33).

            Éste es un rey muy distinto de los reyes antiguos: come con pecadores, está cerca de los pobres, anda por los caminos, no tiene dónde reclinar la cabeza, cura, ama, disfruta de sus amigos, defiende al débil, hasta se salta la ley en sábado para hacer el bien… Y sobre todo, anuncia que ese modo de actuar es hacer presente el Reino de Dios, anuncia que así es Dios mismo.

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José Martínez de Toda, S.J. (martodaj@gmail.com)

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