padre Giorgio PeroniComentario al Evangelio que se proclama el 2° Domingo del Tiempo ordinario, ciclo B, correspondiente al domingo 14 de enero de 2018.  La lectura es tomada del Evangelio según San Juan 1, 35-42

Juan el Bautista estaba con dos de sus discípulos, y fijando los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: "Éste es el Cordero de Dios".

Después de haberlo reconocido al bautizarlo, Juan lo presenta: profeta y apóstol, indica y encamina hacia el Maestro. La voz hace uno con la Palabra para contar lo que ha visto y oído. El que es reconocido es el "Cordero", o sea la razón de la espera y de la esperanza.

Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús.

Sin los sentidos no hay encuentro: la actitud de escucha es indispensable para encontrar, reconocer y responder. La fe es un caminar, es un echar a andar, pero, no sin rumbo, sino tras del Maestro.

Él se volvió hacia ellos.

Jesús se vuelve hacia quien le sigue: cuando hay disponibilidad a la escucha, la Palabra se hace encuentra y se hace encontrar, se revela y revela el rostro del Padre. Misterio de gracia: vino entre los suyos (que son pecadores), los busca, los encuentra, les habla, los ama y los invita a ser parte de su proyecto de vida y de gracia.

Y viendo que lo seguían, les preguntó: "¿Qué buscan?"

Es la primera palabra de la Palabra, la que sintetiza la vida humana, un permanente buscar la razón del propio ser y del actuar diario: "¿Qué quieres?" "¿Qué esperas de ti mismo, de tu trabajo, de tu amor,...?".

Ellos le contestaron: "¿Dónde vives, Rabí?".

La Palabra hace casa. Donde está, donde vive la Palabra, allí el hombre encuentra casa. Empieza el camino de retorno a la casa para encontrar al Padre Bueno.

Él les dijo: "Vengan y vean".

La fe no es una idea, una doctrina, un discurso, es una persona que invita, que se deja ver, que encuentra, que hace familia. Ser cristiano es seguir al Maestro, es asumir su vida, es hacer propia su vida, es experiencia comprometida y compartida.

Fueron, pues, vieron donde vivía y se quedaron con él ese día.

Lo que buscaban encontraron e hicieron propio. La pregunta encuentra respuesta en la vida. En Dios el hombre encuentra su propia razón.

El primero a quien encontró Andrés, fue a su hermano Simón.

La Palabra encontrada, la casa que hace familia, no deja tranquilo, envía. La misión es congénita a la Iglesia. El Hijo enviado revela al Padre e invita. El profeta anuncia e indica. El discípulo busca y encuentra. El apóstol va y cuenta lo que ha visto y oído. Así se construye la Iglesia entre palabra anunciada, entre experiencias vividas, entre llamadas y respuestas.

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Padre Giorgio Peroni, Radio Latacunga, Ecuador.

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