Padre Giorgio PeroniComentario al Evangelio que se proclama el 4° Domingo de Adviento, ciclo B, correspondiente al domingo 24 de diciembre de 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Lucas 1,26-38.4° Domingo de Adviento. Lc. 1,26-38

El ángel Gabriel fue enviado por Dios.

Es siempre necesario un "puente" entre el cielo y la tierra. El ángel, el enviado, hace referencia a quien envía y a quien ha sido enviado: la historia manifiesta esta relación continua entre cielo y tierra.

A una ciudad de Galilea, llamada Nazaret.

Es el lugar que hace concreta la intervención divina; la acción divina se enmarca en una realidad histórica hecha de lugares y de personas. La tierra, el lugar, marcan la decisión divina, su opción y desde donde se coloca Dios. Galilea, Nazaret, son lejanos del centro, de Jerusalén.

A una virgen.

El tema es como el comienzo de una nueva realidad en la que la virginidad manifiesta la disponibilidad total al nuevo proyecto de Dios.

Entró el ángel a donde ella estaba.

Dios y el ángel, el que envía y el enviado, toman la iniciativa. No se pide a María de salir, sino de dejar entrar: "Estoy a la puerta y golpeo. Si alguien me abre, entraré" (Apocalipsis).

Y le dijo: "Alégrate".

Dios es siempre portador de alegría, porque es portador de liberación. Por fin alguien que no le tiene miedo a Dios. Desde la experiencia del Edén, el hombre siempre le tuvo miedo a Dios; pero, ahora, por fin, alguien le abre con gusto el corazón.

"El Señor está contigo".

Siempre hemos pensado que tenemos que asumir el proyecto de Dios, pero que Dios asumiera, hiciera propio, el proyecto de los hombres,... ¿Cuándo? El Dios que está es el Dios que asume: ya empezó la encarnación. Al mismo tiempo María empieza a asumir el proyecto divino, haciéndolo parte del propio hasta llegar al final cuando "estará a los pies de la cruz".

Ella se preocupó mucho y se preguntaba que querría decir semejante saludo.

No siempre ni todo es claro en lo de Dios; hay siempre algo que va más allá y nos pide fiarnos, confiar, ponernos en sus manos.

El ángel le dijo: "No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús".

La promesa se hace realidad para la humanidad. Dios enlaza su proyecto con la disponibilidad de María. La alianza se hace nueva y eterna: es comunión de vida, de esperanza y de salvación. La respuesta de María será el sello de esta nueva creación, de esta nueva historia.

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