Padre Giorgio PeroniComentario al Evangelio que se proclama el 3° Domingo de Cuaresma, ciclo A, correspondiente al domingo 19 de marzo de 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Juan 4, 5-42

Llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar.

El tema de la misión es connatural al Hijo, él es el enviado por el Padre para buscar a la oveja perdida, a la esposa infiel, al hijo pródigo. Samaria es la imagen del pueblo que se había alejado. El paso por Samaria se vuelve la expresión de un Dios que no se conforma con que el hijo haya abandonado la casa.

Ahí estaba el pozo de Jacob.

El tema del pozo es cargado de mucha riqueza en la historia y en la espiritualidad del pueblo hebraico; alrededor del pozo pasan las vías, se construyen las casas, se encuentran las personas: es que el agua que sale del pozo es fuente de vida y una vida que se hace, que crece en relación y en comunión. Para los hebreos el pozo, fuente de agua, es signo del don de Dios, de la ley, fuente de vida porque don de Dios que une en un pueblo que estrecha alianza con su Dios. Lo mismo que el pensar en Jacob, es pensar en el padre de las doce tribus, en una realidad que marca la unidad entre los judíos y los samaritanos, más allá de las divisiones posteriores.

Jesús, que venía cansado por el camino.

La imagen es tremendamente humana. El Hijo de Dios experimenta el cansancio, la fatiga de la búsqueda, de la misión. Es el preparar la entrega que se hará definitiva en la pascua. Los hermanos que no quieren saber de él, que lo entregan, son la razón de su cansancio, de su búsqueda, de su entrega.

Se sentó sin más en el brocal del pozo.

La imagen de Moisés que huye de Egipto viene espontánea a la memoria. Liberación, viaje en el desierto, cansancio, pozo, encuentro, se unen para revelar lo que está por ocurrir.

Era cerca del mediodía.

Es la hora sexta, la hora de la condena. Nos damos cuenta como el Evangelio tiene su centro en la pascua.

Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua.

Los encuentros con el Maestro son a toda hora, en el corazón de la noche con Nicodemo y en el corazón del día con la samaritana. El encuentro sabe a fuente de vida y a don; el agua del pozo y el agua del "don de Dios" se mezclan y el uno se vuelve camino para llegar a entender el otro.

Jesús le dijo: "Dame de beber".

Ahora como en el altar de la cruz, Jesús pide agua. "Dame de beber" y "Tengo sed", manifiestan lo profundo del corazón: si eres capaz de acogida es que serás capaz de saciar la sed de un Dios que lo único que pide es ser amado, para transformarse en fuente de agua viva.

"¿Cómo es que tu, siendo judío, me pides de beber a mi, que soy samaritana?"

Hay una tradición que proibe dialogar entre samaritanos y judíos y, peor, entre varones y mujeres. Para Dios no hay leyes que impidan la salvación, el amor es la raíz de toda opción. Él se presenta como quien necesita y, alrededor de la necesidad se va abriendo el camino de encuentro y de don.

Si conocieras el don de Dios y quien es el que te pide de beber, tú le pedirías a él y él te daría agua viva.

La felicidad va más allá de las cosas, del agua, de la riqueza, de los maridos, hay que hacer un salto de calidad, hay que "conocer", o sea pasar a otro nivel para descubrir que el "don" es el camino de la felicidad porque es el camino del amor. Y eso no se compra ni con el cumplimiento de la ley, sino sintiéndose hijo amado por el Padre y descubriendo que en el Hijo está la plenitud del amor del Padre. Descubrir para sentir sed y para pedir esta agua que es vida porque es el espíritu que da vida.

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