Con alegría voy a contarles lo que “he visto y de lo que he sido testigo” a lo largo de 26 años, desde la fundación de la Pastoral da Criança.

Aquello que era una semilla, que empezó en el pueblo de Florestópolis, estado de Paraná, en Brasil, se ha convertido en Organismo de Acción Social de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, presente en 42.000 comunidades pobres y en 7.000 parroquias de todas las Diócesis de Brasil.

Por la fuerza de la solidaridad fraterna, una red de 260 mil voluntarios, de los cuales el 92% son mujeres, participa permanentemente en la construcción de un mundo mejor, más justo y más fraterno, al servicio de la Vida y la Esperanza.

Cada voluntario dedica una media de 24 horas al mes a esta Misión transformadora de educar a las madres y familias pobres, compartir el pan de la fraternidad y generar conocimientos para la transformación social.

El objetivo de la Pastoral da Criança es reducir las causas de la desnutrición y la mortalidad infantil, promover el desarrollo integral de los niños, desde su concepción hasta los seis años de edad. La primera infancia es una etapa decisiva para la salud, la educación, la consolidación de valores culturales, el cultivo de la fe y la ciudadanía, con profundas repercusiones a lo largo de la vida.

Un poco de historia:

Soy la décimotercera de 14 hermanos, cinco de ellos son religiosos. Tres Hermanas religiosas y dos sacerdotes franciscanos. Uno de ellos es D. Paulo Evaristo, el Cardenal Arns, Arzobispo emérito de Sao Paulo, conocido por su lucha a favor de los Derechos Humanos, principalmente durante los veinte años de la dictadura militar de Brasil.

En mayo de 1982, al volver de una reunión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en Ginebra, D. Paulo me llamó por teléfono por la noche. En aquella reunión, James Grant, entonces Director Ejecutivo de UNICEF, le habló con insistencia sobre el SUERO ORAL. Considerado como el mayor adelanto de la medicina del siglo pasado, ese suero era capaz de salvar de la muerte a millones de niños que podrían morir por deshidratación debida a la diarrea, una de las principales causas de mortalidad infantil en Brasil y en el mundo. James Grant logró convencer a D. Paulo para que motivara a la Iglesia Católica a enseñar a las madres a preparar y administrar el suero oral. Esto podría salvar millares de vidas.

Viuda desde hacía cinco años, yo estaba, aquella noche histórica, reunida con mis cinco hijos, de entre nueve y diecinueve años, cuando recibí la llamada telefónica de mi hermano D. Paulo. Me contó lo que había pasado y me pidió que reflexionara sobre ello. ¿Cómo hacer realidad la propuesta de la Iglesia a ayudar a reducir la muerte de los niños? Yo me sentía feliz ante este nuevo desafío. ¡Era lo que más deseaba: educar a las madres y familias para que supieran cuidar mejor de sus hijos!

Creo que Dios, en cierto modo, me había preparado para esta misión. Basada en mi experiencia como médica pediatra y especialista en Salud Pública y en los muchos años de dirección de los servicios públicos de salud materno-infantil, comprendí que, además de mejorar la calidad de los servicios públicos y facilitarles a las madres el acceso a ellos, lo que más falta les hacía a las madres pobres era el conocimiento y la solidaridad fraterna, para que pudieran poner en práctica algunas medidas básicas sencillas y capaces de salvar a sus hijos de la desnutrición y la muerte, como por ejemplo la educación alimentaria y nutricional para las embarazadas y sus niños, la lactancia materna, las vacunas, el suero casero, el control nutricional, además de conocimientos sobre señales y síntomas de algunas enfermedades respiratorias y cómo prevenirlas.

Me vino a la mente entonces la metodología que utilizó Jesús para saciar el hambre de 5.000 hombres, sin contar a las mujeres y los niños. Era de noche y tenían hambre. Los discípulos le dijeron a Jesús que lo mejor era que se fueran a sus casas, pero Jesús les ordenó: “Denles de comer ustedes mismos”. El apóstol Felipe le dice a Jesús que no tenían dinero para comprar comida para tanta gente. Andrés, hermano de Simón, señaló a un niño que tenía dos peces y cinco panes. Y Jesús mandó que se sentaran en grupos de cincuenta a cien personas (en pequeñas comunidades). Entonces pensé: ¿Por qué mueren millones de niños mueren por motivos que se pueden fácilmente prevenir? O ¿cuál es la causa de que se vuelvan violentos y criminales en la adolescencia?

Recordé el inicio de mi carrera, cuando me desafié a mí misma a querer disminuir la mortalidad infantil y la desnutrición. Venían a mi memoria miles de madres que cambiaban la leche materna por un biberón diluido en agua sucia. Otras madres que no vacunaban a sus hijos, cuando todavía no había cesta básica en el Centro de Salud. Otras madres que limpiaban la nariz a todos sus hijos con el mismo trapo, o pegaban a sus hijos y los humillaban cuando hacían pipí en la cama. Y todavía más triste, cuando el padre llegaba a la casa borracho. Al oír el llanto de hambre y de cariño de sus hijos, les pegaba incluso cuando eran muy pequeños. Se sabe, según los resultados de investigaciones de la OMS, cuya publicación acompañé en 1994, que los niños maltratados antes de un año de edad tienen una tendencia significativa a la violencia, y con frecuencia se hacen criminales antes de los 25 años.

¿La Iglesia, que somos todos nosotros, qué deberíamos hacer? Tuve la seguridad de seguir la metodología de Jesús: organizar al pueblo en pequeñas comunidades; identificar líderes, familias con embarazadas y niños menores de seis años. Los líderes que se dispusieran a trabajar voluntariamente en esta misión de salvar vidas, serían capacitados, en el espíritu de fe y vida, y preparados técnica y científicamente, en acciones básicas de salud, nutrición, educación y ciudadanía. Serían acompañados en su trabajo para que no se desanimaran. Tendrían la misión de compartir con las familias la solidaridad fraterna, el AMOR, los conocimientos sobre los cuidados con las embarazadas y los niños, para que éstos estén sanos y felices. Así como Jesús ordenó que mirasen si todos estaban saciados, tendríamos que implantar un sistema de informaciones, con algunos indicadores de fácil comprensión, incluso por líderes analfabetos o de baja escolaridad. Y ya veía ante mí muchos cestos de sabiduría y amor aprendidos con el pueblo.

Sentí que ahí estaba la metodología comunitaria, pues podría desarrollarse a gran escala por las diócesis, parroquias y comunidades. No solamente para salvar vidas de niños, sino también para construir un mundo más justo y fraterno. Sería la misión del “Buen Pastor”, que está atento a todas las ovejas, pero da prioridad a aquéllas que más lo necesitan. Los pobres y los excluidos.

En aquella maravillosa noche, diseñé en el papel, una comunidad pobre, donde identifiqué familias con embarazadas y niños menores de seis años y líderes comunitarios, tanto católicos como de otras confesiones y culturas, para llevar adelante acciones de una manera ecuménica, pues Jesús vino para que “todos tengan Vida y Vida en abundancia” (Juan 10,10).

Desde la primera experiencia, la Pastoral da Criança cultivó la metodología de Jesús, que El aplicaba a gran escala. En Brasil, en más de 40.000 comunidades, de 7.000 parroquias de todas las 272 Diócesis y Prelaturas. Se está extendiendo, gradualmente, a otros diecinueve países, donde necesita de Ustedes, comunicadores de la Buena Noticia de Jesús.

Para organizar mejor el compartir las informaciones y la solidaridad fraterna entre las madres y familias vecinas, las acciones se basan en tres estrategias de educación y comunicación: individual, grupal y de masas. La Pastoral da Criança utiliza simultáneamente las tres formas de comunicación para reforzar el mensaje, motivar y promover cambios de conducta.

La educación y la comunicación individual se hacen a través de la Visita Domiciliaria Mensual a las familias con embarazadas y niños. Los líderes acompañan a las familias vecinas en las comunidades más pobres, en áreas urbanas y rurales, en aldeas indígenas y en quilombos, en las áreas de la ribera del Amazonas. Atraviesan ríos y mares, suben y bajan montes de gran pendiente, caminan leguas, para oír los clamores de las madres y familias, educarlas y fortalecer la Paz, la Fe y los conocimientos. Intercambian ideas sobre salud y educación de los niños y de las embarazadas; enseñan y aprenden. Con mucha confianza y ternura, fortalecen el tejido social de las comunidades, lo que lleva a la inclusión social.

Motivados por la Campaña Mundial patrocinada por la Organización de las
Naciones Unidas (ONU), en 1999, con el tema “Una vida sin violencia es un derecho nuestro”, la Pastoral da Criança incorporó una acción permanente de prevención de la violencia con el lema “La Paz comienza en casa”. Utilizó como una de las estrategias de comunicación, la distribución de seis millones de folletos con los “10 Mandamientos para lograr la paz en la familia”, debatidos en las comunidades y en las escuelas, de norte a sur del país.

Las visitas, entre tantas otras acciones, sirven para promover la Lactancia
Materna, una escuela de diálogo y compartir, principalmente cuando se da como alimento exclusivo hasta los seis meses y se continúa dando como alimento preferente hasta más de un año, incluso hasta más de dos años, complementado con otros alimentos saludables. La succión adapta los músculos y huesos para una buena dicción, una mejor respiración y una arcada dental más saludable. El cariño de la madre acariciando la cabeza del bebé mejora la conexión de las neuronas. La psicomotricidad del niño que mama del pecho es más avanzada. Tanto es así que se sienta, anda, y habla más pronto, aprende mejor en la escuela. Es el factor esencial para el desarrollo afectivo y protección de la salud de los bebés, para toda la vida. La solidaridad despunta, promovida por las horas de contacto directo con la madre. Durante la visita domiciliaria, la educación de las mujeres y de sus familias eleva la autoestima, estimula los cuidados personales y los cuidados con los niños. Con esta educación de las familias se promueve la inclusión social.

La educación y la comunicación grupal tienen lugar cada mes en miles de comunidades. Es el Día de la Celebración de la Vida. Momento dedicado al fortalecimiento de la fe y de la amistad entre las familias. Además del control nutricional, están los juguetes y juegos con los niños y la orientación sobre ciudadanía. En este día las madres comparten prácticas de aprovechamiento adecuado de alimentos de la región de bajo coste y alto valor nutritivo. Las frutas, hojas verdes, semillas y tallos, que muchas veces no son valorados por las familias.

Otra oportunidad de formación grupal es la Reunión Mensual de Reflexión y Evaluación de los líderes en la comunidad. El objetivo principal de esta reunión es discutir y establecer soluciones para los problemas encontrados.

Estas acciones integran el sistema de información de la Pastoral da Criança para poder acompañar los esfuerzos realizados y sus resultados a través de Indicadores. La desnutrición fue controlada. De un 50% de desnutridos en el comienzo, hoy está en el 3,1%. La mortalidad infantil fue drásticamente reducida y hoy está en 13 por mil nacidos vivos en las comunidades con Pastoral da Criança.

Ha servido de base para conquistar entidades, como el Ministerio de Salud, UNICEF, Banco HSBC y otras Empresas. Ellas, nos apoyan en las capacitaciones y en todas las actividades básicas de salud, nutrición, educación y ciudadanía. EL COSTE NIÑO/ MES es de menos de UN DÓLAR.

En relación a la educación y a la comunicación de masas presentaré tres experiencias concretas de cómo la comunicación es un instrumento de defensa de los derechos de la infancia. (Materiales en vídeo y audio)

a. Materiales Impresos (Presentación en vídeo)

b. Programas de Radio (Descripción del objetivo y cobertura)

c. Campañas (vídeo de campañas)

En diciembre de este año cumplo 50 años de médica y, antes de 2002, confieso que nunca había oído hablar en ningún programa de UNICEF, o de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ni de otro organismo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que estimulase la espiritualidad como componente de desarrollo de la persona. Como una de las integrantes de la comitiva de Brasil en la Asamblea de la ONU de 2002, que reunió a 186 países, a favor de la infancia, tuve la satisfacción de oír la definición final sobre el desarrollo integral del niño que contempla su “desarrollo físico, social, mental, espiritual y cognitivo”. Esto fue un gran avance, y viene al encuentro del proceso de formación y comunicación que hacemos en la Pastoral da Criança. En este proceso se ve a la persona de manera completa e integrada en su relación personal, con el prójimo, con el ambiente y con Dios.

Estoy convencida de que la solución de la mayoría de los problemas sociales está relacionada con la reducción urgente de las desigualdades sociales, con la eliminación de la corrupción, con la promoción de la justicia social, con el acceso a la salud y la educación de calidad, la ayuda mutua financiera y técnica entre las naciones, para la preservación y recuperación del medio ambiente. Como señala el reciente documento del Papa Benedicto XVI, Caritas in Veritate (Caridad en la verdad), “la naturaleza es un don de Dios, y precisa ser usada con responsabilidad”. El mundo está despertando por las señales del calentamiento global, que se manifiesta en los desastres naturales, más intensos y frecuentes.

La gran crisis económica demostró la interrelación entre los países. Para no sucumbir, se exige solidaridad entre las naciones. Es la solidaridad y la fraternidad lo que más necesita el mundo para sobrevivir y encontrar el camino de la Paz. Final.

Desde su fundación, la Pastoral da Criança invierte en la formación de los voluntarios y en el acompañamiento de niños y embarazadas, en la familia y en la comunidad. Actualmente son 1.985.347 niños (= un millón novecientos ochenta y cinco mil trescientos cuarenta y siete niños), 108.342 embarazadas (= ciento ocho mil trescientas cuarenta y dos embarazadas) de 1.553.717 familias (= un millón quinientas cincuenta y tres mil setecientas diecisiete familias). Su metodología comunitaria y sus resultados, así como su participación en la promoción de políticas públicas con la presencia en Consejos de Salud, Derechos del Niño y del Adolescente y en otros Consejos han llevado a cambios profundos en el país, mejorando los indicadores sociales y económicos. Los resultados del trabajo voluntario, con la mística del amor a Dios y al prójimo, en sintonía con nuestra madre tierra, que a todos debe alimentar, nuestros hermanos, los frutos y las flores, nuestros ríos, lagos, mares, bosques y animales. Todo esto nos muestra cómo la sociedad organizada puede ser protagonista de su transformación. En este espíritu, al fortalecer los lazos que unen a la comunidad, podemos encontrar las soluciones para los graves problemas sociales, que afectan a las familias pobres.

Debemos cuidar a nuestros niños como un bien sagrado, promover el respeto a sus derechos, y protegerlos. Como los pájaros que cuidan de sus crías al hacer el nido en lo alto de los árboles y las montañas, lejos de los depredadores, de las amenazas y peligros, y más cerca de Dios.

¡Muchas gracias! ¡Qué Dios acompañe a todos!

Dra. Zilda Arns Neumann
Médica pediatra y especialista en Salud Pública
Fundadora y Coordinadora da Pastoral da Criança Internacional
Coordinadora Nacional de la Pastoral da Pessoa Idosa
Consejera del CDES de la Presidencia de la República de Brasil

* Fragmento de la conferencia presentada en el Congreso Mundial de SIGNIS, Tailandia, Octubre 2009.

Para leer toda la conferencia

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