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DECLARACIÓN FINAL DEL SEMINARIO SOBRE CRISIS FINANCIERA INTERNACIONAL, CAMBIO CLIMÁTICO Y SU IMPACTO EN LOS POBRES

Departamento de Justicia y Solidaridad, CELAM, Lima, 3 – 7 de mayo 2009.

PREÁMBULO

De manera reiterada los Obispos latinoamericanos han manifestado su preocupación ante la crisis actual, compleja por sus múltiples dimensiones, y han insistido en la responsabilidad de todos para promover el bien común y la humanización de las estructuras políticas y económicas. Como agentes de Pastoral Social-Cáritas, de la Iglesia Católica de varios países latinoamericanos y del Caribe, reunidos en Lima en el Seminario sobre “Crisis Financiera Internacional, Cambio Climático y su impacto en los pobres”, acogemos esta llamada convencidos de que al enfrentar la crisis actual que afecta a nuestras sociedades, no estamos ante un mero problema técnico financiero. Se trata de un problema humano y ecológico, en sus causas y en sus consecuencias, que como tal no resulta en absoluto ajeno a la misión y vida de la Iglesia, sino que, por el contrario, es parte constitutiva de la tarea evangelizadora, pues “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias, de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo los de los pobres y de cuantos sufren son a la vez los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. La Iglesia se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia” (GS 1).

Hacemos nuestro, por tanto, el llamado de los Obispos y reunidos en este Seminario queremos compartir la visión que tenemos sobre estos problemas y profundizar nuestro análisis de esta situación, para orientar nuestro compromiso cristiano hacia una acción solidaria con todos aquellos y aquellas que sufren el impacto de la crisis y quienes ya están realizando esfuerzos para enfrentar las consecuencias de este problema tan grave, inicialmente financiero y económico.

VER

En el Seminario hemos escuchado las voces de hermanos y hermanas que son portadores de las angustias que viven los más afectados.

Se percibe ya el efecto de la crisis económico financiera y el cambio climático en la vida de los pueblos, especialmente de los más pobres y excluidos de la región. Esta situación si bien es diversa en cuanto a los países, tiene muchos elementos en común.

Constatamos que vivimos una crisis, que impacta en la reducción del crecimiento económico, el aumento del desempleo, la reducción del comercio e inversiones externas e internas, la disminución de la liquidez así como de los recursos para el gasto social, el incremento de los precios de los alimentos y los medicamentos con sus secuelas de profundización de la pobreza y desigualdad. A esta situación nos ha llevado principalmente el actual modelo económico centrado en el consumismo, en un sistema financiero especulativo y el afán incesante de obtener cada vez mayor lucro.

En el contexto actual del cambio climático y la depredación de los bienes naturales, nos preocupa la velocidad de los cambios producidos en el medio ambiente y la ecología y la lentitud de las respuestas sociales frente a ellos. Es de resaltar la dependencia de las fuentes de energía fósiles, por sus consecuencias en el calentamiento global y los cambios climáticos.

Los pobres y excluidos viven una mayor vulnerabilidad ante estas situaciones; son ellos los más expuestos al estancamiento de la economía y pérdida de empleos, a los riesgos que trae el cambio climático en cuanto a la escasez de agua, sequías, inundaciones, desastres naturales. Esto se hace mucho más evidente en las áreas rurales. También se manifiesta en los crecientes conflictos socio ambientales en toda la región, especialmente en zonas tales como Centroamérica, Bolivariana, motivadas por las industrias extractivas, como la minería y el impacto sobre los bienes naturales tales como el agua y la biodiversidad. También se constata un especial deterioro del nivel de vida en los sectores medios de las sociedades.

Lamentamos que las medidas anti-crisis que se vienen tomando en la región, principalmente políticas fiscales y monetarias, busquen únicamente el funcionamiento de las economías en el corto plazo, no tengan verdadera proyección de largo alcance, no cuestionen a fondo las bases del modelo económico y estilo de desarrollo que es el “caldo de cultivo” de esta crisis, no incorporan las urgentes respuestas frente al cambio climático ni las necesidades regionales de integración.

Más injusto todavía es que los pobres no tengan voz ni representación en las discusiones y toma de decisiones. En la práctica los Gobiernos siguen siendo defensores de los intereses de los grupos más poderosos. En las propuestas oficiales anti crisis hay una enorme desproporción entre los recursos que se destinan al fortalecimiento de instituciones financieras y grandes empresas, con respecto a lo que se dedica a políticas sociales, especialmente en apoyo a los más pobres. En este sentido es clamoroso que hoy se estén discutiendo diversas medidas de rescate de grandes empresas financieras e industriales sin discutir a fondo el impacto en los empobrecidos y excluidos, en las razas y culturas de nuestro tiempo así como en las generaciones futuras.

Si bien AL y EC vienen aportando a la humanidad todavía con importantes servicios ambientales, éstos no son reconocidos en su real magnitud y por otro lado la seguridad y soberanía alimentaria son amenazadas en el contexto actual. “América Latina es el Continente que posee una de las mayores biodiversidades del Planeta y una rica socio diversidad representada por sus pueblos y culturas” (DA 83).

En suma podemos decir que la crisis afecta todas las dimensiones del desarrollo de nuestros pueblos: su cultura, su participación ciudadana, sus condiciones sociales de vida, comprometiendo su futuro.

Hay que resaltar la creatividad con que las poblaciones vienen respondiendo a la crisis a través del trabajo solidario, tal y como se pone en evidencia en las redes de organizaciones comunitarias y de economía solidaria. La crisis abre oportunidad para el surgimiento de formas solidarias y sustentables de hacer economía.

JUZGAR

El contexto actual nos exige interpelarnos crítica y autocráticamente desde el Evangelio, la Doctrina Social de la Iglesia y la lectura de los signos de los tiempos: ¿qué nos plantean los tiempos actuales? ¿qué estamos haciendo y qué respuestas nos exigen? También nos desafía a responder desde el Evangelio y buscar definitivamente un nuevo proceso de desarrollo verdaderamente humano, integral, solidario.

La problemática global interpela también a toda la Iglesia, no solo a los agentes de Pastoral Social. Ni los Obispos, ni los sacerdotes, ni los miembros de la vida consagrada, ni los laicos, podemos eximirnos de un profundo examen de conciencia sobre nuestra responsabilidad —por omisión y comisión— en esta crisis.

Necesitamos vivir nuestra vocación profética cuestionando el estilo de vida consumista y depredador que quiebra la solidaridad de la familia humana y que nos impide ver el planeta como casa común. “La creación , en efecto fue sometida a la vanidad, no espontáneamente sino por aquél que la sometió, en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre de dolores de parto” (Rom 8, 20-22).

La familia humana esta formada por diversidad de razas, etnias, culturas, edades, condiciones. “La familia necesita una casa a su medida, un ambiente donde vivir sus propias relaciones. Para la familia humana, esta casa es la tierra, el ambiente que Dios Creador nos ha dado para que lo habitemos con creatividad y responsabilidad. Hemos de cuidar el medio ambiente: éste ha sido confiado al hombre para que lo cuide y lo cultive con libertad responsable, teniendo siempre como criterio orientador el bien de todos. (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 2008.)

Debemos tener en cuenta que “las generaciones futuras tienen también el derecho a obtener beneficio de la creación, ejerciendo en ella la misma libertad responsable que reivindicamos para nosotros”. (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 2008.) Deben ser de cuidado preferencial los pobres, excluídos del destino universal de los bienes de la creación.

Por eso es imperioso recuperar una mirada del Planeta como casa y no como mera fuente de recursos a extraer y explotar.

El hombre es centro de la creación y parte de la misma. Hoy corre el riesgo de degradarse y pervertir la casa común cuando “en vez de desempeñar su papel de colaborador de Dios en la obra de la Creación, el hombre suplanta a Dios y con ello provoca la rebelión de la naturaleza, más bien tiranizada que gobernada por él” (C.A. 37)

Desde esta perspectiva es necesario caminar hacia un estilo de vida solidario, austero, que incluya a empobrecidos y excluidos y se plantee con firmeza el cuidado de la creación. Hay que vivir este período de celebración del bicentenario de la independencia de los países de AL y EC como un Kairos para promover, según el desafío de Aparecida, nuevas formas de convivencia humana que tengan como base una verdadera economía social y solidaria y la integridad de la Creación.

ACTUAR

La visión con que cuenta la Iglesia del ser humano, de los horizontes de desarrollo pleno a los que está llamado nos permiten proponer un horizonte más completo para analizar los problemas que enfrentamos y para diseñar una estrategia de acción integral que abarque todos los aspectos de la crisis.

Urge llevar a cabo capacitaciones y actividades formativas que profundicen el análisis y prevean nuevas situaciones que puedan darse, a fin de visualizar las mejores soluciones, transformarlas en propuestas e incidir en políticas públicas. Se requiere para este propósito de toda una educación para el desarrollo. Esta tarea debemos realizarla en conjunto con otros credos y confesiones religiosas y diversas organizaciones de la sociedad civil comprometidas con el bien común.

Los tiempos actuales nos exigen hacer un serio análisis de estas situaciones con la gente, desde las parroquias hasta los niveles subnacionales y nacionales. Es necesario analizar con ellos y ellas la crisis económico financiera y el cambio climático, sus conexiones, causas y consecuencias y los responsables de las mismas. Más aún, “Hay que buscar que los delitos ecológicos sean punibles de sanción penal en los tribunales de derechos humanos. No debe haber impunidad para quienes provocan depredación, contaminaciòn irreversible y muerte de comunidades humanas”.

Es importante exigir a los países industrializados la adhesión y cumplimiento de los protocolos internacionales suscritos para disminuir los gases de efecto invernadero y el calentamiento global.

Los mayores esfuerzos para salir de la crisis deben realizarlos quienes se enriquecieron más, acumulando riquezas. Por ello mismo las medidas anti-crisis no deben ser “más de lo mismo”; las correcciones deben involucrar principalmente a los causantes de ella, por lo que se hacen necesarias políticas regulatorias principalmente del sector financiero y del mercado de valores. Es necesario para ello que el FMI y el Banco Mundial reorienten sus objetivos en el marco de una reforma fundamental, convirtiéndose en verdaderas instancias de apoyo al desarrollo humano integral.

Debemos afinar nuestra sensibilidad, para sentir los problemas como propios y tomar conciencia de lo necesario que es contar con un sentido de pertenencia a una única familia nacional e internacional y construir la integración regional. Es necesario movilizar a la ciudadanía hacia el uso intensivo de energías limpias alternativas tales como la solar y eólica. En esta misma línea hay que desarrollar la agricultura orgánica y el turismo sostenible mitigando los efectos del cambio climático.

Corresponde a la Iglesia, dados sus niveles de credibilidad y legitimidad, un rol clave en la promoción de espacios de diálogo equitativos, bien informados en que participen todos los sectores y actores involucrados con una actitud de escucha. Este diálogo requiere plantearse en las organizaciones de Iglesia, en alianza con las organizaciones de base y de la sociedad civil colocar en la agenda la necesidad de garantizar el empleo digno.

Debemos urgir a los cristianos y cristianas que tienen liderazgo en lo económico, político y ambiental, a que contribuyan activamente a la humanización de las estructuras y por el bien común desde los niveles locales, subnacionales hasta los nacionales y continentales.

Es necesario exigir que se adopten políticas públicas activas para proteger y promover el trabajo y el empleo con los consiguientes ingresos dignos; así mismo aumentar la urgente inversión social especialmente a favor de las poblaciones empobrecidas y excluidas.

Tenemos que caminar definitivamente hacia sociedades austeras, solidarias en lo económico y sustentables. Para ello debemos trabajar por políticas públicas con visión de desarrollo alternativo y largo plazo, con una nueva arquitectura financiera basada en la justicia económica y que incorpore la dimensión ambiental. Es preciso tomar conciencia de que todo esto implica un cambio cultural profundo y por eso mismo es necesario que las poblaciones participen protagónicamente en esta transformación.

En este camino es fundamental recuperar los conocimientos y valores ancestrales de nuestros pueblos originarios, en su relación con la naturaleza y el medio ambiente.

Como Iglesia nos sentimos interpelados a actuar acompañando, involucrándonos en acciones más palpables de denuncia, movilización, elaboración de propuestas, renovando nuestra opción por los pobres.

Es tarea de las Pastorales Sociales – Cáritas implementar las conclusiones de Aparecida en clave de Misión Continental en la perspectiva que nos plantea DA 474-c, “buscar un modelo de desarrollo alternativo, integral y solidario, basado en una ética que incluya la responsabilidad por una auténtica ecología natural y humana, que se fundamenta en el evangelio de la justicia, la solidaridad y el destino universal de los bienes, y que supere la lógica utilitarista e individualista que no somete a criterios éticos los poderes económicos y tecnológicos.”

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